Renacido

Un ovillo de lana negro escuchó un susurro en el aire que parecía una caricia. Asomó la punta más superficial para afinar el oído. Se alzó todo lo que pudo y justo entonces el peso de la vida lo tumbó y todo volvió a ser negro y recogido en un ovillo.

Volvió a asomarse. Esta vez con un poco de cautela, dejando que el viento peinara su gracioso flequillo.

entonces un pájaro lo atrapó y quiso llevárselo volando. Fue un instante, un vuelo hacía el cielo, hasta que el ovillo se trabó y el peso de la vida hizo que el pájaro lo soltara.

El ovillo, ya no era solo un ovillo. (El aventurero flequillo en el…) El recorrido de su viaje se movía por el suelo, de un lado a otro, hasta que notaba el tirón de su aterrado núcleo ovilloso sin destrabalazar apegado a su forma y lugar.

Por suerte, pasó por allí la madre vida y tanto le gustó aquel cabo escurridizo, ondulante y  pidiendo libertad, que se puso a tejer y y tejer. Hermanó y entremezcló a otros ovillos y cuando el ovillo negro recorrió como un río, todo lo largo de su vida, pensó que había llegado su final. Ya no reconocía su forma de ser, su ovillo.

El dolor comenzó ha hacerle sentirse culpable, por haber asomado su flequillo, hasta que la madre vida se puso frente al espejo y vio como el ovillo que ya no era ovillo, había renacido.

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Sentado bajo el viejo roble de la colina he pasado la noche conversando con él. Calentando mi cuerpo con el calor acumulado en sus raíces durante el día y que durante la noche ascienden hacia el basto cielo. Hemos hablado de la oscuridad y de la luz. Ha pasado ya la noche y siento la tibieza de los primeros rayos de luz.

Incontables días has vivido viejo roble tras incontables noches. Incontables primaveras has vivido también tras los duros inviernos de hielo, viento y penumbra.

¿Como se vive una vida de oscuridad y de luz y se llega a tu edad? le he preguntado.

Si he vivido una vida larga es porque cada día he renacido con el sol. Cada primavera he renacido con la estación. Porque para un roble no existe el pasado que es una carga, no existe el futuro que es un misterio. Por eso, cada primavera renazco, cada día renazco, cada respiración renazco.

Cada momento es un regalo de la vida y por eso los grandes sabios le llamaron presente.

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En el silencio, adormecida y acunada por el mecer de un mar que me cobija, escucho, al viento de mi respiración, expandir mis pulmones. Expandir mi vientre. Expandir mi piel como un globo que quiere salir a la superficie desde el oscuro abismo hacia la luz del sol.

La dulce caricia de los primeros rayos en el horizonte calientan mi recién renacido cuerpo pez que comienza a caminar hacia la orilla volviendo a renacer en un cuerpo caminado.

He subido a la montaña y extiendo mis brazos como alas de pájaro en mi renacido cuerpo danzado que desafía a la gravedad, con la levedad de mis pasos, saltos y ondulantes manifestaciones de la vida que muere y renace con cada inspiración y exhalación.

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