Reina Arratos

LA REINA ARRATOS (Ciudad Fábrica de Palabras)

La reina Arratos no siempre sabía lo que había que hacer. De ahí su nombre, y cuando no reinaba se convertía en viento.

En su reino situado justo en medio de cosmopalabra siempre se decía:  “las palabras se las lleva el viento”  porque todo aquel que mentía se convertía en viento. Se quedaba sin palabras y durante todo un día y una noche volaba por el planeta convertido en viento.

Algunas personas mentían a propósito para poder volar, aunque existía el peligro de que si  se mentía mucho, te quedarás convertido en viento para siempre.

La reina Arratos, tenía sangre muy antigua, de los tiempos en que no existía la mentira. Por ello, ella, que  nunca mentía podía convertirse en viento a voluntad. Sin embargo, su forma de reinar era tan respetuosa y sincera que cuando no sabía lo que había que hacer para que el reino mantuviera la armonía, aunque no lo necesitara, se inventaba una mentira y se convertía en viento a los ojos de los demás. Se convertía en viento, delegaba su mandato y dejaba que otros gobernaran hasta solucionar el problema. Cuando volvía todos le pedían que volviera a reinar ya que nunca en cosmopalabra, en el planeta hablado había habido una reina más justa, respetuosa y sincera que ella.

El palacio de la reina se encontraba, arriba, en la colina, al final de la avenida puntos suspensivos, justo en el borde del acantilado que daba hacia el mar de las sirenas en la “Ciudad Fabrica de palabras”.

Como podéis imaginar por el nombre de la ciudad, el palacio no se parecía para nada a un castillo, era más bien una fábrica y sus habitantes unos parlanchines.

En la ciudad abundaban las cafeterías donde siempre se podía mantener una interesante tertulia con los afiladores, cocineros, sastres, pintores, músicos, bailarines y demás profesionales creadores de palabras nuevas.

A un cocinero no se le podía pedir que preparase un buen plato de alubias pero si se le daba un buen diccionario lo vaciaba en su cacerola, lo removía todo con su cucharón y preparaba una exquisita sopa de sinónimos.

Los sastres no eran capaces de confeccionar un traje de lino, pero si les dabas un idioma, con sus tijeras lo recortaban todo hasta conseguir un traje de papel escrito con las  letras de un nuevo país.

Los músicos no sabían tocar instrumento ninguno pero si les dabas un libro con su especial lenguaje musical eran capaces de crear mundos de fantasía en el aire para habitar otros planetas.

Las torres más altas eran las bibliotecas con interminables escaleras de caracol en su interior siguiendo la disposición de los libros repartidos también como una escalera de caracol,

La imprentas con sus máquinas de todos los tamaños y formas se situaban a los lados de la avenida dispuestas a imprimir las palabras nuevas de los artesanos.

Los laboratorios que inventaban las máquinas de escribir palabras, se apilaban y entretejían entre ellos como una red por toda la ciudad. En los laboratorios había todo tipo de máquinas: imprentas de cuñas, impresoras digitales, proyectores holográficos, impulsores telepáticos…

En ciudad Fábrica de palabras se habían inventado tantas palabras que algunas no tenían todavía mundos, ni planetas a los que ir y esperaban tranquilas en los almacenes enciclopédicos de las palabras, jugueteando entre ellas. Esperando a que el creador de mundos les visitara y les diera noticias de la formación de un nuevo mundo a donde ir.

 

En la “Ciudad Fabrica de Palabras” todo comenzaba en la puerta de entrada a la que se llegaba desde el valle. En el valle se cultivaban todo tipo de letras, sílabas y fonemas. Los agricultores se ganaban la vida vendiendo sus cultivos a la ciudad. La ciudad todos los años compraba todo lo cosechado y recogido y lo enviaba por la avenida de puntos suspensivos hacia el palacio. Empezando en la puerta de entrada, donde las  sílabas o fonemas o letras hacían un recorrido por todos los artesanos que trabajaban a lo largo de la avenida para encontrarles una definición o sentido. Cuando llegaban al palacio, recibían el aprobado de la reina si la palabra formada no era una simple palabra y tenía una definición que le daba el sentido exacto de su vida.

Una vez llegada la palabra a palacio,  la reina la ponía a prueba para saber si se la llevaría el viento hacia el mar de las sirenas por mentirosa, o surcaría el universo hacia la boca del creador de mundos que la sembraría en un nuevo planeta, un nuevo hogar.

La cosecha de ese año había sido buena. Fukoaka había pasado 9 años trabajando la tierra, alimentándola, observando donde debía limpiar y donde debía esperar a que la tierra misma se aliara con los animales y con las plantas.

Después de 9 años sembró unos cánticos antiguos que su abuelo le enseño. Las espigas crecieron y los ratoncillos de campo hicieron su nido entre ellas. Las rapaces peinaron con sus alas las altas hierbas. La escarcha y el rocío se turnaron para hablar con el sol, que los elevaba hacia el cielo.

Y mientras todo esto sucedía Fukoaka observaba silencioso. Así pudo pescar en las redes de sus oídos cinco sílabas.  Fukoaka era uno de los últimos agricultores, pescadores de sílabas. De sus orejas colgaban unas finas redes casi invisibles que algunos confundían con largos pelos canosos que parecían salir de sus oídos.

Esta confusión se debía a que sus cabellos y barbas eran también blancos y largos como la cola de un caballo.

Fukoaka ese año tenía un presentimiento. Sus cinco sílabas llegarían hasta la reina, sin embargo cuando se dirigía hacia la puerta de “Ciudad Fábrica de Palabras” unos malhechores le atacaron y le robaron sus cinco sílabas para venderlas en el mercado de la ciudad porque sabían que las sílabas que llegaran hasta la reina Arratos y fueran aprobadas por ésta, tenían un premio extra en monedas de oro. Y todo el mundo sabía que Fukoaka cada cierto numero de años siempre conseguía que sus sílabas llegaran a palacio.

Las 5 sílabas llegaron  a la puerta de la ciudad magulladas y asustadas por el maltrato de los malhechores.

En la avenida los primero que las recibieron fueron los pintores pero de tan golpeadas y destartaladas que estaban no hubo manera de encontrarles un color uniforme y de tanto colorearlas quedaron oscuras y casi negras.

Los sastres cosieron y  cortaron, cortaron y cosieron pero todo lo que pudieron conseguir fue un traje desalichado hecho de jirones.

Los escultores al verlas tan  desarropadas las recibieron con escepticismo y después de probar todos los ordenes y de izquierda a derecha y viceversa decidieron que su forma era vertical, aunque palabras como  Nicolaverca o Cacolaniver o Vercolacani les hacia sospechar que podría tratarse de una nueva especie animal horizontal de cuatro patas con cola.

Los músicos nunca habían trabajado con una palabra vertical y solo pudieron darle sonido a la sílaba Ní a la que pusieron el acento de un idioma muy antiguo donde Ni significaba yo.

Todos los gremios sudaron y se esforzaron en darle un significado a las 5 sílabas pero cuando llegaron a la puerta del palacio las cinco hermanas estaban tan mareadas y confusas que no podían distinguir entre la verdad y la mentira. Todos pensaban que la reina Arratos  las mandaría deshacerse en un susurro hacia el mar de las sirenas en lugar de mandarlas hacia un nuevo mundo.

Sin embargo, cuando llegaron, la reina Arratos no estaba, debido a que había llegado a sus oídos que alguien había robado unas sílabas al maestro Fukoaka y como nunca antes había habido un robo en su reino, se convirtió en viento.

Por primera vez, en la historia no pudo delegar a nadie el trabajo de solucionar el problema de los ladrones pues nadie sabía que hacer. Por eso, la reina Arratos les pidió que esperasen su vuelta mientras ella, convertida en viento trataba de encontrar una solución.

Los consultores de la reina prepararon el tablón colgante del acantilado para facilitar a la reina cuando regresara, la tarea de lanzar a las pobres sílabas a los cuatro vientos.

Las sílabas mientras esperaban pudieron descansar, ordenarse y asearse un poco. Se relajaron y esperaron.

Cuando llegó la reina y vio la escena se hecho a reír. Menos mal que les había dicho que esperasen. Soplo sobre las sílabas y la palabra que los escultores no habían podido ver, apareció: CA VER NÍ CO LA

Y la reina dijo: CA será la cabeza, VER será los ojos, Ni será el Yo, la mente, CO será el cuerpo y la LA será la voz.

Seréis la definición de los seres oscuros e ignorantes que roban por conseguir un oro que no les sirve de nada en un planeta donde tienen todo lo necesario para vivir. He visto a Fukoaka y no quiere el premio de oro porque sus palabras hayan llegado a palacio y no sean  mentira, sino una palabra verdadera y definida. Fukoaka es feliz, plantando semillas y recogiendo  palabras verdaderas que escucha en la naturaleza. Me pidió que diese el oro a quien lo necesitara. Si los ladrones lo necesitan que sea para ellos.

Y así lo haré, pero he hablado con el creador de mundos y el me ha ofrecido un planeta donde voy a desterrar a estos ladrones ignorantes de las palabras verdaderas. Allí tendrán tiempo para aprender a hablar y si aprenden de la naturaleza también aprenderán a pensar y si piensan palabras verdaderas, aprenderán a no pensar y  podrán volver a este planeta. El nuevo planeta de estos cavernícolas se llamará: tierra.

 

 

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