MIRA, Y VERÁS

A una hora de camino del orfanato de Selonsville, Michel buscaba a su próxima víctima entre los abetos. Se fijó en un hombre, de unos 70 años, que paseaba parsimonioso bosque adentro. Al situarse frente a él y observar cómo un pájaro se posaba sobre su sombrero de paja, quedó convencido de que había dado con la persona adecuada.

Al fijarse en el rostro de aquel hombre, Michel lo reconoció de haberlo visto en alguna publicación, y lo abordó directamente, preguntándole: “¿Eres famoso?”

Sorprendido, el hombre se presentó: “Me llamo Hermann Hesse: soy escritor, y tal vez te resulte conocido por eso”.

Michel decidió revelarle lo que buscaba de él, contándole sus motivaciones: “Necesito un retal de tu camisa, como ejemplo del amor a la naturaleza que creo que eres, para confeccionar un remedio para curar a mi amiga Eri, que está enferma del corazón por la falta de amor sufrida desde que fue abandonada”.

Él mismo accedió a cortar un trozo de su camisa, pero le advirtió que el amor no existe para hacernos felices, sino para mostrarnos cuánto podemos resistir. Antes de ofrecerle el retal, quiso que Michel conociera la carta que le había mandado un joven monje de Indochina, porque le haría entender lo que significa el amor a la naturaleza.

El escritor sacó un sobre cuidadosamente doblado del interior de su abrigo, del que extrajo una hoja de papel con una docena de líneas escritas con plumilla. Aquel hombre le dio la hoja a Michel, para que él mismo la leyera:

Si eres poeta, verás con claridad que hay una nube flotando en esta hoja de papel. Sin una nube, no hay lluvia; sin lluvia, los árboles no pueden crecer, y sin árboles no se puede hacer papel.

Si miramos aún más profundamente esta hoja de papel, podemos ver en ella el brillo del sol. Si la luz del sol no está ahí, el bosque no puede crecer. En realidad nada puede crecer. Ni siquiera nosotros podríamos crecer sin el sol.

Y si seguimos mirando, podemos ver al leñador que cortó el árbol y lo llevó al molino para ser transformado en papel. Y vemos el trigo. Sabemos que el leñador no puede existir sin su pan de todos los días y, por tanto, el trigo que se convirtió en su pan también está en esta hoja de papel. Y la madre y el padre del leñador también están ahí.

Dando un paso más, podemos ver que también nosotros estamos en ella. Esto no es tan difícil porque, cuando miramos la hoja de papel, ella es parte de nuestra percepción. Tu mente está en ella. Y la mía también. No hay nada que no puedas incluir: el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales del suelo, el sol, la nube, el río, el calor. Todo coexiste en esta hoja de papel: no estamos aislados. Esta hoja de papel es porque todo lo demás es. Este papel, tan finito, contiene en sí todo el universo.

Tic Nhat Hanh

(Rovira, A. Miralles, F.”Un corazón lleno de estrellas. Madrid, Aguilar, 2010)

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