Miedo

Un joven monje taoísta después de 15 años de trabajo marcial, Qi Qong y meditación retirado en un monasterio, vuelve a casa de sus padres.
Ha cogido el tren en la solitaria estación de las montañas de Wu Dan donde una frase escrita en la pared ha llamado su atención.. “Sólo cuando tu espíritu sea fuerte podrás disponer de una vida libre de las ataduras del miedo”. No sabe muy bien como interpretarla. Ha viajado con él y sigue sin definir una interpretación.
Ahora baja en la febril y abarrotada ciudad que le vio nacer.
Sale de la estación y cruza un puente.

En el puente sentada en el suelo, con una pequeña mochila y el cartel que dice: “Duermo en la calle”
Es una chica joven. Normal, como una más de las que pasan por delante suya.
¿Cómo has llegado a tal situación? ¿No tienes familia o amigos? ¿Por qué no trabajas? No tengo dinero y mi casa queda muy lejos, pero ¿Debería ayudarte? ¿Cómo, sin alejarte de tu destino?
Durante un buen rato no ha podido dejar de hacerse esas preguntas. De imaginar sus respuestas y posibles consecuencias.
Ha pasado de largo. Sigue adelante.

Una pareja discute en la calle. Una bofetada, una patada que responde. Un beso que no deja respirar, ni hablar, ni gritar.
La mirada impotente de la chica se ha cruzado con la mía. Condeno la acción, Me escaqueo de la acción. En caso de enfrentamiento podría con el chico pero y ¿Los próximos días? Tendría que vigilar siempre mis espaldas. No quiero alimentar la violencia. No es mi lucha. Quien no quiere aprender no aprende. Que buena excusa, elegir el camino del medio.
El le engancha del cuello y siguen caminando.
El monje sigue su camino. Su mente, un hervidero de pensamientos

Ha llegado a casa y después de la alegría del reencuentro con su familia, por la noche, se retira a meditar.
Imposible meditar. Dos sucesos, dos llamadas. El miedo.
¿Miedo a qué?
Desde un lugar que no sabe de donde procede le llega la voz de su maestro.
Miedo. Repite una y otra vez. El camino del medio no es el miedo.
¿Miedo a qué?
La voz ahora es más clara.
Miedo a perder tu libertad y miedo a perder la vida. En ambos casos miedo a la muerte.
La muerte como renuncia de todo lo que has conseguido. Cómo si la vida y sus frutos fueran algo que te perteneciera.
“Sólo cuando tu espíritu sea…”

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