K’AN (Lo abismal. El agua)

El I ching dice:
Lo abismal repetido. Si eres veraz, tendrás logro en tu corazón y lo que hicieras tendrá éxito.
El agua fluye ininterrumpidamente y llega a la meta. Así el noble observa una conducta de constante virtud y ejerce el negocio de la enseñanza.

La llamaban la maestra del agua y su escuela era la más famosa del país.
Tras algunos meses de búsqueda comenzaba a pensar que después de todo la maestra era sólo la invención de un mito que a los radiestesistas les gustaba alimentar proclamándose sus discípulos directos.
Es cierto que desde el principio ya había oído que la escuela no tenía un lugar fijo. Que la escuela era ella misma, pero sencillamente cuando inicié mi búsqueda nunca pensé que fuera tan difícil, pues también se decía que ella no se negaba nunca a enseñar. De ahí la denominación de escuela. Había una gran cantidad de radiestesistas de sobrada fama en el país, que decían pertenecer a su linaje.
Sin embargo hasta el momento al preguntar por ella, aunque nunca había sido negada, sus respuestas me tenían desconcertado; o bien con una sonrisa benévola me decían: “pude adaptarme” o “no supe adaptarme” y seguían su camino o al contrario, con una mueca de terror me decían: “es un abismo peligroso, no vayas” y se escapaban como alma que le persigue el diablo.
Nadie me dio una descripción o una dirección o una mínima indicación que me ayudara a encontrar la escuela o la maestra.
Sólo un viejo radiestesista me dijo una vez: “-si amas el agua ya la encontrarás”
Por eso había decidido adentrarme en aquel barranco y esperar, después de haberlo cacareado por todas partes y a todo aquel que pude encontrar en la comarca donde se suponía, la leyenda decía que vivía la maestra.
Acampé en un pequeño meandro que formaba una playa pedregosa y que por pocos metros no recibía el sol, aunque al atardecer se le veía brillar en las musgosas y húmedas paredes. Ahí arriba.
Lo cierto es que agua no faltaba y aunque durante 10 días traté de observarla, estudiarla y reflexionar sobre su esencia y poder, no fue hasta que me llegó al cuello, ya demasiado tarde, cuando me di cuenta de mi fatal error.
Arriba en la meseta había caído una tormenta que yo no oí y el agua subió de un golpe dejándome atrapado entre cuatro paredes lisas como el mármol. Luche con todas mis fuerzas hasta la extenuación y entonces creo que empezó el delirio. La cabeza de una anciana asomo en la superficie y me susurró: – “No luches. Adáptate. Escucha el agua” – Luego desapareció. Me sumergí tratando de verla, seguirla. Una fuerte corriente arrastró mi mano y mi brazo. Casi quedo atrapado. Era un agujero demasiado estrecho para mi cuerpo atraído por la fuerza de la corriente. Me ahogaba. Miraba arriba. La luz. La oscuridad. La desesperación. La primera bocanada fue como un golpe. Cuando dejé de gritar y jadear volví a tomar conciencia de la situación. Nada había cambiado. Ahora estaba más cansado. Traté de alcanzar una rama que estaba un poco más arriba. Tiré de ella. Se rompió. Volvía a cansarme. Comencé a sentir calambres. Me quedaba poco tiempo.
Y de repente otra vez la anciana y un susurro: – “ el abismo tiene peligro, sólo debe aspirarse a cosas pequeñas”- . Cierto me estaba cansando en vano. Me agarré a la rama rota y traté de flotar para recuperarme un poco. Mis oídos bajo el agua me dieron otra visión. En silencio el rumor del agua. Como si una bañera se estuviera llenando. Inmerso en el aturdimiento o en el delirio esta vez la aparición de la anciana no me sorprendió: – “el abismo no se llena hasta rebasar. Sólo hasta el borde” -
Entonces fue cuando comprendí que el pozo se estaba llenando poco apoco y que era cuestión de paciencia que llegara al borde desde donde podría salir de aquella cárcel. Deje de luchar y esperé flotando para poder seguir el camino hacia la salida del barranco.
Y allí en la orilla del río bañada por el sol me esperaba la maestra del agua. – “ Curiosa tu elección del abismo. Veo que has aprendido la 1ª lección. Quizás quieras seguir al agua que fluye interrumpidamente y llega a la meta. Ese es mi camino. Aunque también sabes que tendrás que aprender a detenerte a buscar la veracidad para no caer en los hoyos que aparecen en el abismo. Un abismo que podrás reconocer y mantener alejado con la observación de una constante virtud. Sólo así tus varillas podrán encontrar las aguas más profundas”.

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