Ciudad Escultura

IMG_3510En “Ciudad Escultura”  siempre se vivía deprisa como si el tiempo se acabará.  Algo sin sentido para la propia ciudad que se había ido esculpiendo durante miles de años. “Ciudad Escultura” era la montaña más alta del planeta Performado. Hacia miles de años que nadie había llegado hasta lo más alto. Solo en las historias míticas se contaba sobre los que habitaban en lo más alto.

Se decía que en sus orígenes, los más grandes escultores  iban a la montaña a realizar su obra final, la que les diera paso a otra vida. Eran esculturas que apenas resaltaban en el entorno, ya que más que esculpir lo que hacían era descubrir las propias formas que la montaña ofrecía.

Los había, quien con un pequeño toque de imaginación convertían un bosque en un pueblo. Los llamaban Basoerria. Los maestros jardineros que lograban estas maravillas tenían la capacidad de hablar con las plantas y no necesitaban ni cortar, ni clavar. Por desgracia ya no había maestros jardineros en ciudad escultura. Sus aprendices, los maestros carpinteros habían sustituido a los míticos “basajaun” y “basandere”, los señores del bosque.

En los tiempos míticos existían mujeres que vivían en los ríos, que ellas mismas eran ríos y eran escultoras de meandros y cuevas. Escultoras de palacios, en las cuevas de vetas de oro y plata. Escultoras sin prisas, que acariciaban la montaña hasta esculpir laberintos, calles, casas y jardines de piedra.

Los gigantes de piedra eran arquitectos de murallas y torres que construían con rocas y árboles caídos, verdaderos malabaristas del equilibrio. Estos fueron los que enseñaron a los hombres a usar el cincel y el martillo.

Y estos hombres aprendices, fueron quienes rompieron el vínculo cuando decidieron fundar una ciudad, en aquella legendaria montaña sagrada. Montaña, a donde los más grandes maestros de la escultura habían ido durante miles de años a abandonar sus cuerpos, para habitar en las nubes y vientos de lo alto de la montaña.

Los hombres perdieron la comprensión de que todo ser, tiene un espíritu y comenzaron a perforar y construir sus casas, sus comercios, sus escuelas y todo tipo de infraestructuras que conformaban la “Ciudad Escultura” del presente. A los ojos de los hombres la más grandiosa y maravillosa ciudad del planeta. A los ojos de los no hombres el vestigio decadente de sus orígenes.

Y ahí estaba ella, en medio de aquella vorágine. Montaña de Jade era una gigante de piedra. Descendiente de un linaje antiquísimo de arquitectos. Era la hija mayor y el ojo derecho de su padre Arbotante maestre que soñaba con que su hija liderase la construcción de la gran catedral de “Ciudad Escultura”.

A Montaña de Jade le gustaba pasear por Ciudad Escultura. A sus escasos 120 años apenas había podido descubrir todas las maravillas  que la ciudad tenía.

Esa era una gran diferencia entre los hombres y los gigantes. Los hombres con suerte vivían 120 años. Para ellos era imposible conocer toda la historia y con ello la verdadera esencia de aquella montaña.

Montaña de jade, siempre que podía se adentraba en el laberinto de columnas de la gran cueva catedral, que según decían podía llevarte a la puerta de acceso a la cima de la montaña. Sus paredes brillaban y alumbraban con destellos multicolores las estalactitas, estalagmitas y columnas de la cueva. Vetas de piritas, cuarzos, ópalos, calcedonias y todo tipo de minerales hacían de la catedral una joya que nada tenía que envidiar a las vidrieras de la gran catedral con sus representaciones de la historia de la ciudad cuando brillaban al sol.

En su interior, el silencio era tal que a veces Montaña de Jade dejaba de respirar intentando amortiguar el sonido del latido de su corazón. Sin conseguirlo, claro.  Y cuando cogía aire de un golpe porque no aguantaba más, creía sentir un hormigueo de colores en su barriga.  Le gustaba mucho esa sensación de paz.

También le gustaba el bosque esculpido que rodeaba formando un anillo toda la montaña. En realidad el bosque no estaba esculpido. Estaba vivo y era la puerta de acceso externa hacia la cima de la montaña. Nadie en los últimos miles de años había podido atravesarlo. Una vez unos hombres intentaron quemarlo pero por suerte los maestros carpinteros lo impidieron y a partir de entonces se construyeron el acueducto y el puente de madera más grande de toda la historia escrita.

Los gigantes de piedra construyeron el acueducto y la familia de Montaña de Jade fue la principal artífice.

Los maestros carpinteros construyeron un muro que se convertía en un puente circular y radial. Para atravesarlo por encima del acueducto, había que activar una melodía a modo de teclas de piano, formando pasos levadizos hasta el inicio del bosque.

Y aunque los maestros carpinteros no sabían hablar con las plantas, tenían muy buena relación con los pájaros carpinteros y solo a ellos transmitieron la primera melodía que luego los mismos pájaros fueron cambiando y transformando, hasta establecer un código secreto, solo conocido por ellos.

En Ciudad Escultura había rascacielos de cristal, catedrales de granito, museos de hierro corten y flores, casas de adobe, de paja, teatros de velas y mástiles, escuelas de tierra, cuerdas y árboles. Todo tipo de edificios y todo tipo de materiales.

Y todos ellos, adornados de las más bellas imágenes en tres dimensiones que los escultores de la ciudad no paraban de imaginar y soñar

La obra más grande y magnifica era la gran catedral  diseñada y soñada por el sacerdote supremo de la orden de los hijos de los gigantes.

Nadie sabe el nombre de este soñador, ni como en su nombre, los hombres consiguieron aliarse con los gigantes y comenzaron a construir la catedral hace 2.112 años. Desde entonces la ciudad no había parado de crecer y de correr contra el reloj. Faltaban 7 días para la fecha clave cuando la catedral debía poner su primera piedra al otro lado del acueducto, por encima del puente de los maestros carpinteros. Camino hacia la cima de la montaña.

Montaña de jade estaba muy preocupada, ella era la responsable de terminar la gran obra y sin embargo eso no le producía ninguna satisfacción. Cuando le encomendaron el trabajo no le dijeron nada de atravesar al otro lado.  Algo en su interior le decía que no era una buena idea.

7 días antes de la fecha de la culminación, justo antes de que saliera el sol se fue a la cueva catedral, a su lugar preferido para meditar y justo en el silencio, cuando inspiró las hormigas de colores, atravesó una puerta en su imaginación y se encontró en un cruce de caminos con una anciana muy peculiar.

–“Me llamo pigmenta Arcoiris pero puedes llamarme Iris, todo el mundo lo hace”- le dijo la anciana y ante el desconcierto de Montaña de Jade, le explicó que se habían encontrado viajando en el universo de las ideas. Ella viajaba allí a menudo, siguiendo el ejemplo del creador de mundos. Allí siempre encontraba inspiración y respuestas, viajando de universo en universo y de planeta en planeta, maravillándose por la creación tan fantástica del creador de mundos.

Montaña de Jade quiso saber más sobre el creador de mundos, le gustaría conocerlo le dijo a la anciana; sin embargo la anciana le sencillamente le explicó que al creador de mundos no se le podía conocer, ya que era infinito. Solo era posible conocerlo a través de su obra, que era también infinita. Por eso, a ella le gustaba transitar y saborear el camino y seguir sus huellas. A veces, incluso se sentía capaz de crear mundos, aunque fueran muy pequeños y limitados.

A Montaña de Jade también le gustaría poder crear mundos pero solo tenía siete días para terminar una catedral que llevaba 2.112 años construyéndose y no  se veía capaz. Menos aún,  para construir un mundo.

-“Te sorprenderá lo que se puede hacer desde aquí, en el mundo de las ideas” le dijo Iris. Los días son infinitos, el mayor obstáculo son sus noches.

La anciana le propuso colaborar en ese cruce caminos para construir un mundo capaz de terminar la catedral en 7 Días.

El primer día Iris y Jade lo dedicaron a materializar el proyecto. Lo que Iris dibujaba en la mente de Jade, está lo construía. Al principio no era fácil seguir las abstractas ideas en blanco y negro, en dos dimensiones, de la anciana y Jade  tenía que esforzarse mucho para convertir esas imágenes en tres dimensiones.  Sin embargo al final del día cuando descubrió el color de las imágenes, todo resultó mucho más fácil.

Cuando volvió a la noche y salió de la cueva en la que había estado meditando percibió su mundo diferente. Había una luz envolvente sobre la catedral, alrededor de las personas, de las plantas, de los gigantes, de las cosas. Entonces se encontró con su padre y este le recriminó estar perdiendo el tiempo en la cueva. El tiempo se agotaba y faltaba mucho por hacer. Justo en ese mismo instante, la luz envolvente desapareció.

Jade comprendió entonces, porque la anciana había llamado la noche a su mundo y día, al cruce de caminos en el universo de las ideas.

Con una cierta ansiedad, el segundo día madrugó más para poder ir al cruce de caminos. La anciana estaba ya, allí. Jade se disculpó por llegar tarde y la anciana sonrió. Le recordó que allí el tiempo era diferente. Mientras no hubiese distancia no existía el tiempo. Podían estar todo el tiempo que quisieran.

El segundo día, se llevó a jade de paseo por otros universos, otros planetas y al principio Jade se puso nerviosa pues le parecía estar perdiendo el tiempo. Sin embargo al final del día comprendió que la distancia recorrida entre un universo y otro, era tan diminuta como el recorrido de una imagen a la otra y la anciana era tan rápida dibujando colores e imágenes en la mente, que antes de darse cuenta, jade estaba sobre los andamios de la catedral, con el boceto de un nuevo mundo en su mente.

Al tercer día, jade e Iris visitaron Ciudad Conservatoria” y ver caminar por las calles a las notas, a los pentagramas, a los instrumentos, con vida y espíritus propios, dejó perpleja a Jade, hasta que comprendió a lo que la mitología de su ciudad se refería, cuando hablaba del espíritu de los árboles o de los ríos.

De vuelta en Ciudad Escultura, vio con otros ojos a los árboles y a los ríos, sin embargo cuando trató de que los escultores y artesanos miraran a sus herramientas como algo vivo, la trataron de loca excéntrica. La noche era oscura en la vida de los hombres de Ciudad Escultura.

Al cuarto día, Iris hizo algo incomprensible para Jade, estuvo cantando todo el día, repitiendo una y otra vez la misma canción. A pesar de comprender que el tiempo no pasaba mientras no viajaban, no comprendía como podían construir un mundo sin moverse en el espacio.

Y como en los días anteriores, al final comprendió que las imágenes creadas, vibraban en la misma frecuencia y comenzaban a interactuar entre ellas. Al final del día, Iris y Jade caminaban por un camino arcoiris que unía ciudades donde Martillos claquequistas bailaban por las calles, cinceles de viento agujereados sonaban a flautas, gubias parlanchinas nombraban plantas y árboles sin nombre. Todo comenzaba a coger vida al contrario que la catedral, que no avanzaba y los nervios en ciudad escultura comenzaban a reflejarse en discusiones y peleas.

El quinto día, jade tuvo una crisis de fe y hasta el mediodía no fue a la cueva. Iris la recibió con una sonrisa, sin hacer caso a la crisis de jade.

Tenían tierra, tenían color, tenían luz, tenían tiempo, tenían música, pero no tenían catedral.

-Quizás les faltaba agua insinuó Iris.

-Las catedrales no se hacen de agua respondió jade.

-El agua es la historia. Quizás en la historia encuentres respuestas.

Y Jade comprendió que un mundo nuevo necesita una historia, una mitología que explique el nacimiento  y la muerte infinitas. Una historia que explique su primer día.

Iris le contó entonces un cuento de catedrales y hombres que querían ser dioses y  olvidaron ser hombres.

Por la tarde en la catedral, juntó a los escultores y les contó el cuento. Algunos nunca habían oído sobre lo sagrado de la montaña, otros se enfadaron con la giganta y la acusaron de inventar pretextos porque no iba a terminar para la fecha señalada. La ignorancia alimentaba la noche y el miedo.

El sexto día, fue intenso. Entre Iris y Jade habían creado un mundo y ya solo les faltaba el espacio que es conciencia. Comenzaron a cantar juntas y la vibración de sus cantos transmitieron  la conciencia del espacio que ocupaban, a los martillos, los cinceles y demás habitantes del nuevo mundo. Montaña de Jade, estaba feliz por haber sido capaz de crear este mundo, donde todos los seres tenían espíritu y su capacidad de escuchar les permitía  hablar y comunicarse entre ellos.

Lastima que esa conciencia estuviera perdida en Ciudad Escultura. Cuando volvió, le costó mucho mantener la felicidad, pues el mundo paralelo que había construido, no había cambiado el hecho de que la catedral no iba a terminarse a tiempo.

En el séptimo día, Jade sabiendo que el día en la ciudad iba a ser duro, madrugo para despedirse de Iris.

-Que haremos hoy le preguntó al llegar.

-Hoy es día de descanso. Nos iremos a visitar tu mundo.

Jade se sorprendió pues creía que solo en el universo de las ideas podía encontrase con Iris. Aunque más se sorprendió cuando al salir de la meditación y volver a su cuerpo se dio cuenta de que no estaba en la cueva. Se encontraban en Ciudad Rocavientos. Jade había oído hablar de ella alguna vez. Era la segunda ciudad más grande del planeta Performado, pero lo que más le sorprendió, fue ver en sus calles y túneles de viento, martillos colaborando con hombres, y mujeres de cabellos de agua puliendo herramientas y moviendo molinos repartidores de pan.

Viajaron de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, admirando como el mundo creado durante seis días se había materializado.

Lo que Jade creía imposible había sucedido. ¿Cómo era posible?

- Siempre había estado aquí, le respondió sencillamente la anciana, solo que en Ciudad Escultura no lo veíais y la construcción de la catedral os impedía escuchar y ver. Los puentes están tendidos para quien aprende a escuchar a los pájaros. Los caminos del bosque están abiertos para quien aprende a reconocer y recoger sus frutos.

La catedral hace 2.000 años que está acabada. La pequeña capilla que esta en el centro, es donde se juntaban los ancianos a meditar y esperar el fin de sus viejos cuerpos y viajar hacia lo alto de la montaña.

Los espíritus de los seres no humanos, se retiraron cuando el ruido de los escultores, supero al silencio de la naturaleza esculpiendo montañas y valles.

Ciudad Escultura quedó aislada del restó del planeta. No necesita terminar la catedral. Con solo abrir sus puertas al exterior y dejar de construir, volverá a brillar y vibrar como en los tiempos míticos.

 

 

 

 

 

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