Ciudad Celeste

IMG_5145A “Acuarela Coloreada” no le gustaba salir de su casa de hielo. En Ciudad Celeste el hielo era tan transparente que el azul  del mar reflejando el azul del cielo, ocupaba toda la gama de colores. En ciudad Celeste todos eran de sangre azul, Descendientes de los grandes sabios y reyes de la antigüedad. Aquellos que vivían bajo el mar. Ellos vivían en el norte, sobre el mar, sobre los hielos perpetuos.

Eran los hombres y mujeres de hielo. Llamados Gentiles.

Durante algunos meses también vivían en Ciudad Celeste algunos hombres y mujeres de arcilla, pero solo cuando el sol más calentaba.

Nunca, ningún niño de arcilla había visitado ciudad Celeste por el frío tan intenso que hacia.

Los hombres de arcilla vivían en el límite entre los hielos perpetuos y la tierra firme. Siempre habían tenido trato con los Gentiles, ya que los hombres y mujeres de hielo daban a luz en el mar de Plancton, a orillas de Ciudad Terracota, la ciudad de los hombres de arcilla, y sus hijos convivían con los hombres de arcilla hasta que se hacían adultos y no podían vivir sin derretirse. Solo el color de su piel les distinguía en los primeros años.

Los Gentiles poco a poco con la edad, iban perdiendo toda la tierra que les hacía parecer hombres de carne y hueso a semejanza de los hombres arcilla y se iban haciendo cada vez más transparentes, como el agua pura.

Los Gentiles más ancianos cuando ya eran agua pura, se convertían en  grandes sabios porque en sus moléculas de agua estaba la información de toda la historia del planeta y algunos misterios más.

“Acuarela Coloreada”  era un bicho raro.  Su piel no era de color azul y su sangre se acercaba más al rojo que al azul porque era hija de una mujer de hielo y un hombre  de arcilla.

Normalmente cuando nacía un mestizo, siempre se quedaba a vivir entre los hombres de arcilla, porque no eran capaces de aguantar el invierno de Ciudad Celeste, pero como hemos dicho “Acuarela Coloreada” era diferente.

Y aunque a ella no le gustara ser diferente, lo cierto es que tenía cualidades únicas que la hacían muy especial y por las cuales, los  gentiles más ancianos la habían reclamado, aunque no sabían exactamente para que. Su intuición les advirtió de lo importante que era ser diferente y lo importante de instruirla como a una maestra del agua, que con el tiempo comprendiera los dos mundos de agua y tierra.

Por eso, se había convertido en la única niña en la historia de los hombres y mujeres de hielo  que vivía en ciudad celeste.

Cuando llegó, la ciudad le pareció maravillosa, con sus cuevas talladas en hielo. Las mesas, los armarios, las camas, las habitaciones, todo era de hielo. En su primera ducha se divirtió mucho cuando al ablandarse tanto su cuerpo viajo por las tuberías de desagüe como si viajara por un tobogán gigante. Cuando se recuperó y pudo dejar de reír por lo divertido del viaje, le advirtieron de lo peligroso que había sido. Ningún mestizo nunca había podido deshidratarse hasta convertirse en líquido como lo hacían los grandes maestros del agua, los gentiles más ancianos. Nadie sabía que podía ocurrirle si lo volviera hacer.

Paseando por la ciudad se maravilló de las formas tan esbeltas y bellas que el hielo iba creando según iba pasando el día y el calor aumentaba o disminuía. No pudo reprimirse y cuando llego a una especie de catedral sin techo pero con grandes vidrieras sacó sus pinceles de pelo de morsa y comenzó a colorear aquí y allá dejando que su imaginación volara.

En el suelo  le pareció ver figuras más o menos con forma humana y las vistió con grandes ropajes de colores, con bigotes, con barbas, con pendientes, adornos, tatuajes y todo lo que le pareció bello y divertido. Pero al igual que con la ducha, la diversión se terminó pronto. No debería haber entrado en la catedral, era el recinto sagrado que los grandes sabios utilizaban para viajar por el mundo, le dijeron en cuanto la vieron.

Acuarela de colores no entendió hasta el día siguiente lo que había hecho, cuando vio a los grandes ancianos vestidos y disfrazados como ella los había pintado. No la regañaron pero la miraban con severidad para que no volviera hacerlo.

Los grandes sabios para viajar por el mundo y recoger información iban a la catedral y se calentaban al sol y se derretían hasta formar un charco de agua que tenía que esperar hasta el frio de la noche para recuperar su forma original humanoide. Durante el día las partículas de su cuerpo que se habían evaporado viajaban por el cielo recogiendo información y a veces en el mismo día o a veces, meses después volvían  por mar o por la  misma lluvia, con la información recogida por el mundo entero. Los ancianos hasta que su otro cuerpo evaporado volviera, no podían arriesgarse a derretirse al sol, pues corrían el riesgo de derretirse del todo y perderse en el mundo de las nubes o en el mundo de los océanos sin nombre y algunos tuvieron que pasar muchos días con los colores o dibujos que Acuarela les había pintado.

En ciudad Celeste había grandes maravillas esculpidas en agua y hielo pero nada para que una niña jugara y además como casi todo allí, era azul y blanco, no le dejaban colorear ni pintar nada, por miedo a que no sabían lo que podría pasar.

Los gentiles además de sabios eran muy estudiosos y una de las cosas que más les gustaba estudiar era la geometría aplicada a la arquitectura. Primero dibujaban en dos dimensiones formas básicas como círculos, cuadrados y triángulos… Los convertían en esferas, cubos y pirámides de hielo de tres dimensiones y las combinaban para construir edificios, puentes, caminos, árboles, montañas, cuevas y todo lo que se les ocurriera que tuviera que ver con el equilibrio, sus formas y sus apoyos o estructuras.

Por eso caminar por ciudad celeste no era fácil. La ciudad era un laberinto de casas cueva donde habitaban los gentiles y una mezcla de proyectos estructurales y arquitectónicos; algunos en construcción y otros en destrucción.

Para una niña mestiza era imposible distinguir entre un puente de hielo en construcción y otro que ya estaba abandonado.  Los dos eran peligrosos para ella. Uno porque se podía caer y el otro porque ella pesaba más que los hombres y mujeres de hielo por lo que los cálculos de un puente en construcción no estaban hechos para que ella pasara por encima y los arquitectos que estaban construyéndolo se enfadaban con ella.

Port todo esto, a “Acuarela Coloreada” no le gustaba salir de casa.  Pasaba el tiempo coloreando y dibujando sobre las paredes de hielo de su casa. Lo que más le gustaba de colorear el hielo, era que podía cambiar sus formas solo con su voz. Mezclaba los colores, pincelaba aquí y allá según le parecía y después cantaba una canción. Una canción cantada desde el corazón y enseguida por el tono de su voz se daba cuenta si se encontraba triste o alegre o enfadada. Cualquier  emoción que ella expresara, el agua la captaba y las formas del hielo cambiaban combinando los colores  y creando paisajes y formas que al final, siempre se traducían en una sonrisa en sus labios, por el agradecimiento que sentía por los mensajes que el agua le devolvía.

“Agua Coloreada” solo salía de casa cuando venían a visitarlos los hombres de arcilla. De ellos conseguía los pigmentos verdes del mar de plancton y los amarillos y ocres de las tierras de Ciudad de Terracota.

Los gentiles eran famosos debido a que gracias a toda la información que almacenaba su cuerpo, podían predecir muchas cosas posibles del futuro. Igual que todo el mundo sabía en el planeta Cromado, que después de la noche llega el día, los gentiles como conocían toda la historia del planeta, podían predecir todo lo que no viniera de otra galaxia. Cosas como el clima, la enfermedad, las catástrofes naturales, la agricultura, la minería, la metalurgia… eran bien conocidas por ellos.

Por eso cuando cayeron los meteoritos venidos de otra galaxia, los ancianos que habían tratado de transmitir a “Acuarela” la sabiduría del agua, sabían que había llegado el momento de que ella se ocupara de dar consejo a los hombres de arcilla.

En poco tiempo el planeta Cromado se oscurecería y los hombres y mujeres de hielo desaparecerían. Para vivir necesitaban el ciclo de evaporarse por el calor del sol y volver a solidificarse por el frio de la tierra. Ahora que el sol desparecería oculto por una espesa nube de cenizas que estaba cubriendo el cielo, durante un tiempo ellos también desaparecerían.

Los hombres de arcilla preocupados preguntaron cuanto tiempo  duraría la oscuridad y los gentiles que no sabían la respuesta mandaron a “Acuarela Colorada”.

“Acuarela” pintó muchas veces sobre el hielo pero el agua siempre le daba la misma respuesta: nada parecía cambiar en el ciclo de los días y las noches.  El agua no tenía la información de los nuevos meteoritos y no podía predecir ese futuro.

Sin embargo, los ancianos de hielo cada día iban perdiendo su cuerpo con cada viaje ya que sus cuerpo evaporado se sumergía en la nube gris de ceniza que decían estaba envolviendo el planeta.

“Acuarela Colorada” sentía que en la gama de colores le faltaba el rojo del fuego. Nunca había podido reproducirlo en sus acuarelas y nunca lo había echado en falta, pero cuando vio los meteoritos cruzar el cielo cayendo hacia la tierra, el rojo vivo de sus llamas se le grabaron en los ojos.

Por eso, decidió hacer como los ancianos de hielo y desintegró su cuerpo para poder viajar por el aire como el vapor y cuando llegó hasta uno de los meteoritos cogió una brasa que quedaba bastante alejada de él, pero con la información del rojo vivo que necesita incluir en sus acuarelas.

Cuando estaba pensando en como transportarlo, conoció a Jim Metal, un fotógrafo de la Ciudad minera Pigmenta Blanca.

Estaba recogiendo información porque en su ciudad también estaban preocupados. Acuarela se presentó, le miró a los ojos y a pesar de lo grave de la situación y la prisa que llevaba por volver, sintió un espacio vacío donde despareció todo alrededor, haciéndola sonrojar por un sentimiento de amor desconocido hasta entonces por ella.

Cuando salió del vacío le explicó su teoría y le pidió ayuda.

Así pues, ella volvió por aire para no perder la parte de su cuerpo dejada en ciudad Terracota y él, nacido en un pueblo minero, construyó una caja de metal para transportar el pequeño trozo de meteorito. Corrió durante tres días y llegó hasta donde estaba aquella mujer fascinante de agua y tierra que le había cautivado.

Cuando Acuarela combinó todos los colores, con la información llegada de más allá del planeta. Gracias al pequeño trozo de meteorito, el agua y el hielo respondieron a su canción con la imagen de una Aurora Boreal.

Nadie sabía lo que era eso, pero pronto lo sabrían. Había que avisar a los pueblos. Debían esconderse bajo tierra con comida y bebida para dos años y cuando en el cielo se vieran el rojo, el verde y el amarillo viajando por el cielo significaría que la vida comenzaba de nuevo en el planeta Cromado.

Esa señal sería la Aurora Boreal. El comienzo de una nueva era en el planeta Cromado. Y con ese nombre se le conoció a partir de entonces a “Acuarela Colorada” que se unió a Jim Metal, el alquimista fotógrafo. El hombre que con su ayuda hizo posible que Acuarela avisara a toda la población del planeta para que se pusieran a salvo.

Pocos conocen la historia de Jim Metal, pero eso es otra historia, aunque si podemos decir que fue el padre de la gran artista Pigmenta Arcoiris que muchos años después fundaría el castillo de lápices de colores.

 

 

 

 

 

 

 

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