Ciudad Acuarela

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Xun el herbolario, todos los días , al salir el sol, salía de su casa y recorría el jardín saludando a las plantas una a una.

Para cuando llegaba a la balconada que daba al valle, su sonrisa competía con la luz del sol, irradiando alegría.

Este ritual, era siempre igual, incluso cuando llovía o nevaba, hiciese viento o tronara. No importaba.

Xun hablaba con las plantas y para poder escucharlas había aprendido a observarlas minuciosamente.

Por el sobrenombre de herbolario la mayoría de la gente pensaba que era un curandero y en cierto modo lo era. Solo que muy pocos sabían que era un curandero de los más antiguos del planeta. De los que curaban con colores.

Xun era descendiente de “Acuarela coloreada”. Una antigua familia que habitó en el lejano “planeta Cromado” del universo coloreado.

Un inquieto descendiente de “Acuarela coloreada” viajando por los múltiples universos, se encontró con este otro planeta singular de Cosmopalabra y concretamente con aquel valle que tenía 6 lagos.

6 lagos de colores cambiantes y espectacularmente bellos.

En medio de los 6 lagos había una ciudad llamada: “Acuarela”. Una coincidencia que influyó mucho para que el ancestro de Xun se quedara allí a vivir.

En ciudad Acuarela aprovechaban el color de las aguas para dibujar y pintar con diferentes colores, pero el color era tan transparente que en poco tiempo todos los dibujos perdían el color.

Fue la familia de Xun, quien con su conocimiento de los pigmentos de las plantas, dio cuerpo a los colores y con esta nueva textura los libros y las letras comenzaron a convertirse en obras de arte que recorrían todo el planeta.

“Ciudad Acuarela” se hizo famosa y hoy en día era la ciudad más grande del planeta.

Para el viajero no acostumbrado, le era muy difícil moverse o encontrar aquello que había venido a buscar.

En cuanto los viajeros ponían un pie en sus calles, los libros se le acercaban, vendiéndose como guías o como profesores o como cuadernos de notas o sencillamente como acompañantes.

De todos es sabido que a los libros les gusta gustar y en ciudad Acuarela había todo tipo de libros: de historia, de matemáticas, de arte… a los que por cierto, les gustaba vestirse siempre a la última moda. Los había que se ponían faldas, guantes de terciopelo para pasar las páginas, gafas para los miopes. Los había con tapa dura , con tapa blanda, grabados o pintados. Últimamente triunfaba el complemento mocasín, para recibir a los pies fatigados de los viajeros.

A los que no se veía por las calles, era a los más viejos libros de piedra, de madera o a los más pesados de tapa de metal. Para ver a estos ancianos había que llegar hasta la biblioteca, lo cual, con la marea de plumas, bolígrafos, maquinas de escribir, papeles, lienzos, letras, palabras, sílabas y todo tipo seres que ocupaban las calles, era realmente difícil.

La ciudad era un hervidero de hoteles para libros, vulgarmente llamados librerías. En cada esquina había imprentas donde las letras y las palabras bailaban, bebían y comían sin parar. Incluso en las imprentas más antiguas donde solo se servía café, era raro, no ver letras bailarinas o canciones tradicionales de la época oral de los cuentacuentos, bardos y poetas.

Los periódicos siempre inventándose noticias y vendiéndose a gritos por las calles.

Los bolígrafos y plumas, siempre coqueteando con los cuadernos y libretas en cuanto salían de las escuelas.

Que las había de todo tipo. Escuelas de idiomas, de dialéctica, de poesía y de escritura creativa.

Imaginad una escuela y en ciudad Acuarela seguro que la encontráis y si el viajero no la encontraba, acto seguido la inventaba, pues esa era el espíritu de la ciudad. La creación de todo tipo de palabras,  imágenes y colores.

Aunque a decir verdad, el único capaz de inventar colores era el herbolario. Los demás solo mezclaban los pigmentos que el herbolario fabricaba en su granja.

El silencio era prácticamente invisible en “Ciudad Acuarela”.  Solo al salir el sol había un mágico momento de silencio cuando Onomatopeya tañidera hacia sonar las 6 campanas que daban comienzo a la ceremonia de color. Justo cuando Xun terminaba de hablar con las plantas y se asomaba a la balconada desde donde se veían los 6 lagos.

El sol iluminaba los 6 lagos y abandonando el negro de la noche, el color volvía a su superficie. Nadie sabía porque cada uno reflejaba un color diferente y ese misterio que inspiraba a todos, se había convertido en un momento de contemplación, donde el silencio se imponía al parloteo incesante de la ciudad.

Al principio de los tiempos, este silencio duraba casi una hora, pero poco a poco la cotidianeidad y la prisa había reducido la contemplación, al escaso minuto en que el sol tardaba en mostrar toda su esfera por encima del horizonte.

Xun se preguntaba triste, si algún día llegaría a desaparecer, incluso ese escaso minuto de silencio.

Por ello,para él, que vivía a las afueras, en aquel pequeño valle de una pequeña montaña, al oeste de la ciudad, era tan importante asomarse todos los días, y en silencio, observar los 6 lagos.

Ese día, contemplando los lagos tuvo una visión. Vio en su mente los 6 lagos de un mismo color. El azul calmado y sosegado transformándose en la alegría serena de un blanco transformador, que pasaría a verse como un  ocre dorado capaz de pacificar las almas de los que lo contemplaran. Luego de la calma llegaba un verde que inspiraba el amor inocente de la infancia, que por arte de magia se convertía en el rojo de la alegría para comenzar el día con el espíritu de la palabra apropiada.

Una visión donde comenzaba el día con la palabra muda que pasaba a ser hablada y que hacia visible y posible todas las imágenes y conversaciones de todos los colores. Algo muy propio de una ciudad como aquella.

Al día siguiente, Xun puso en marcha su visión. Desde la balconada por donde caía la cascada del rio que atravesaba su valle, vertió primero el pigmento azul de la lavanda, luego el blanco de las calas, seguidamente el ocre dorado de las margaritas, el verde de la menta, el rojo del azafrán y finalmente el lila de las violetas que aunque no estaba en su visión del día anterior era el color del sexto lago.

Los ciudadanos al principio no se percataron del milagro. Solo aquellos pocos que se quedaron más de un minuto contemplando los lagos se dieron cuenta que algo había cambiado. Que el primer minuto cada lago resplandecía cada uno con un color, pero luego todos iban cambiando de color a la vez y durante unos minutos todos los lagos tenían el  mismo color que iba transformándose.

Cada día los 6 primeros colores eran distintos durante el primer minuto y cada día, esos 6 colores se turnaban para colorear los 6 lagos.

Todo el proceso duraba casi una hora y con el pasar de los días el rumor se convirtió en curiosidad y después de un mes; “Ciudad Acuarela” había recuperado ese espacio de silencio. Ese momento de contemplación que inspiraba a los artistas y a los no artistas para todo el día.

Xun continuó con su ritual y su sonrisa todas las mañanas era todavía más grande, si es que so fuera posible. Hay quien dice que sonreía con todo el cuerpo.

Un pensamiento en “Ciudad Acuarela

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