“Ciudad 7 Llamas

IMG_3098“Ciudad 7 llamas no siempre se había llamado así. Su antiguo nombre era “Ciudad Oración” y eso era debido a que cuando se construyó, se imaginó y diseño como un monasterio. Fue concebida por 7 magos que tenían el don de poner nombre a lo invisible para que los habitantes de Cosmopalabra pudieran construir universos, galaxias, planetas, ciudades…

Gracias a ellos, todo lo que tiene nombre, existe.

Si alguien descubría un duende en su jardín que solo él podía ver, enseguida los que no lo veían le llamaban mentiroso o sencillamente no le creían, pero si quien lo veía encontraba su nombre, el duende pasaba a existir en la mente de aquellos que lo nombraban y dejaba de ser invisible.

Se decía que los antiguos magos tenían dos dones: el don de ver y el don de la palabra.

La capacidad de verlo todo y la sabiduría de nombrarlo todo.

Los antiguos magos conocían todos los idiomas y todos los lenguajes del universo.

 

Fonetika Do vivía en 7 Llamas desde que se construyó la ciudad y conoció a los antiguos magos y tenía una misión:  liberar  a las “Palabras” de la cárcel.  Los magos modernos  además de cambiar el nombre y el espíritu a la ciudad, habían encarcelado a las “Palabras de Luz y Oscuridad”

 

“Fonetika Do” venía de otro planeta en Cosmomúsica.  A ella le gustaba escuchar hacia dentro, en silencio. Buscaba un lugar. Una atalaya desde donde poder contemplar lo que sucedía fuera y entonces después de un rato en silencio, oía su propia voz que era distinta, que parecía venir de fuera y a la vez le llegaba de dentro. Veía mundos, imágenes, muchas veces incomprensibles para ella y por eso llamaba a esa voz, “El creador de mundos”. Un día estando en silencio tuvo una visión. Algo parecido a un mensaje.  El creador de mundos le tendía un puente que le conectó con uno de los 7 magos que se llamaba Diapasón Trueno silencioso porque cuando le tocabas, tu cuerpo vibraba como el eco sordo de un trueno lejano y  el  murmulló de un corazón. En lugar de una varita de mago tenía un diapasón mágico que utilizaba para cantar y dar nombre a sus creaciones, entre otras magias.

En su visión ,Fonetika Do, se encontró con el mago y le dio la mano para saludar. El cuerpo de Fonétika Do comenzó a vibrar como si estuviera dentro de un gong gigante y su cuerpo se desintegró y viajo por el espacio. Viajaba a la velocidad de la luz y a la vez todo discurría en cámara lenta ante sus ojos. Vio galaxias, estrellas, planetas, meteoritos y una ciudad en construcción. Era maravillosa. Parecía estar todavía sin habitar pero la música y los cantos que salían de ella, cautivaron a Fonétika Do y cuando Diapasón Trueno Silencioso la invitó a vivir en Ciudad Oración, no pudo resistirse.

“Fonetika Do” tenía oído absoluto. Lo oía todo. Era una herencia familiar. Los fonemas eran los sonidos más básicos y primitivos de su planeta y ayudar a construir esa ciudad de palabras y cantos primitivos le pareció lo más parecido a comunicarse con sus ancestros.

En su primer día en la ciudad, no pudo cantar ni una nota, ya que las maravillas que encontró  en la ciudad, no le dejaron espacio para crear, tan ocupada como estaba aprendiendo nuevos idiomas, nuevos lenguajes, nuevos mundos.

Conoció a las “Palabras Mudas” que como fantasmas de viento se introducían en la mente y no paraban de jugar. Si te atrapaban no podías parar de pensar.

A las palabras mudas les gustaba construir laberintos secretos y por eso iban por ahí caminado con capas grandes que cambiaban de color. Estas capas las hacían casi invisibles y  muchas veces cuando estabas pensando en cualquier cosa sin mirar siquiera donde pisabas al caminar, era porque una palabra muda se había pegado a tu zapato  o a tu chaqueta y estaba construyendo laberintos de ideas entre tu mente y la de los que se cruzaban en tu camino. Las palabras mudas muchas veces se confundían con manchas en tu ropa o incluso en tu cuerpo. Cuando las descubrías sonreían pícaras y seguían su camino buscando nuevas mentes con las que jugar. Ya que par ellas los pensamientos no eran muy importantes solo eran un juego. Nunca obligaban a nadie a pensar, solo sacaban al exterior pensamientos escondidos y hacían batidos y ensaladas de ideas.

 

Por suerte había más maravillas que te sacaban de esos laberintos de pensamientos.

Estaban las familias Mantras que cuando te acercabas a ellas, sus oraciones te hacían cosquillas en el corazón y todo tu cuerpo vibraba feliz e incluso a veces  bailaba.

Había Mantras ligeros y Mantras pesados. Pero ninguno de ellos tenía cuerpo solido y denso. Eran como nubes de sonido que flotaban en el aire. Los más ligeros eran casi invisibles. Flotaban entre las hojas de los árboles o entre las gotas de lluvia o entre el calor y el frío del día y la noche. Para escuchar y ver a los mantras ligeros había que ser un maestro Fuego o lo que es lo mismo que un mago antiguo. Las personas normales solo escuchaban su vibración y podían imaginárselos gracias a que en una ocasión una anciana llamada “Pigmenta Arcoiris” que vivía en el planeta cromado del universo colorado escuchando la descripción de los magos hizo unos retratos que según los propios magos tenían un cierto parecido o más bien habían captado su esencia. A esa obra se la conocía como los 7 Májikos pues cada uno de los magos describió a su mantra ligero favorito. Sin embargo como decían los magos no existen las palabras para describir a los mantras por lo que todo aquel que quisiera verlos debería viajar a la ciudad.

Los mantras pesados eran otra cosa. Si ellos querían, podías saludarlos porque tomaban la apariencia de una persona y caminaban por la calle sonriendo y recitando sus mantras.

Pero a veces, los mantras pesados necesitaban viajar  y conectarse con el creador de mundos y te podía pasar que al doblar una esquina te chocarás con uno de ellos y se te metiera en el cuerpo y ese día te lo pasabas cantando y bailando, sin saber muy bien lo que te pasaba, pero feliz y contento.

Estaban las “Palabras Dadas”. Eran muy responsables y juiciosas. No era fácil estar con ellas, ya que si te daban una palabra, caía en ti la responsabilidad de cómo utilizarla y que hacer con ella.

Los señores “Dialéctica Dale la Vuelta” eran muy habilidosos jugando con las palabras, por eso eran buenos amigos de las “Palabras Dadas”, sin embargo a Fonétika Do le parecía algo muy difícil, sobre todo al principio, porque solo sabía  el lenguaje del cantó.

A las palabras Dadas les gustaban los filólogos y los inventores y casi siempre se las veía reunidas en las cafeterías,  en las universidades y en los hospitales en tertulias y debatiendo sobre como usar tal palabra o que palabra darle a tal invento o a tal bebe.

También conoció a las “Palabras Oscuras”. Cuando estabas con ellas las dudas y los miedos te impedían ver y hablar con claridad, sin embrago, si  no les dabas conversación y te mantenías en silencio, veías su minúscula sonrisa indicándote donde había luz, y si seguías esa luz, cuando salías de su influencia, todo era mucho más claro que antes de la confusión.

Así fue como descubrió a las palabras de luz que eran la espalda de las palabras oscuras y grandes amigas del mago Diapasón Trueno Silencioso.

Las palabras de luz y oscuridad se veían como sombras o fosforescencias que acompañaban a los objetos animales o personas y  según fuera mayor o menor su armonía y belleza interior brillaban o oscurecían a su acompañante.

El mago se consideraba un escultor de cantos. Muchas veces le llamaban de los teatros y de las tabernas para hacer de trovador, más que de mago, cuando lo normal era que en las fiestas, a los magos, además de para consultarles sobre las cosas invisibles del mundo, se les llamara para inundar el cielo nocturno de fuegos artificiales.

Los trovadores profesionales le tenían en muy alta estima, no solo por su gran memoria para contar viejas historias, sino también por su capacidad de improvisar estrofas y cuentos llenos de humor, alegría y sabiduría.

El mago captaba la vibración de las imágenes que creaba en su mundo imaginario y para comunicarse combinaba  palabras mudas y fonemas. Mediante las palabras mudas se metía en la mente de la persona que estuviera escuchando en silencio y al juntar dos fonemas creaba una sílaba y a golpes de voz, creaba canciones que alimentaban a las palabras de luz, que enseguida se ponían a escribir, para que las letras obreras y las letras arquitecto pudieran construir la imagen que el mago tenía en su mente, y desde ahí transmitirla a quien quisiera aprender y abrir la puerta de la sabiduría.

La construcción de la ciudad requería del nacimiento y nombramiento de muchas “Palabras Dadas” y por ello el mago necesitaba la ayuda de Fonetika Do. Para que ayudará en la comunicación entre las letras obreras que eran consonantes y las letras arquitecto que eran vocales.

Por suerte el mago le presentó a las “Palabras Mudas” y aprendió a introducirse en la mente de las letras y como para ella, el lenguaje musical del mago era pan comido, se sintió muy cómoda en su nuevo trabajo de coordinadora de los diferentes gremios de trabajadores. Una tarea que el mago no tenía tiempo de hacer.

Porque en aquella ciudad había todo tipo de letras, pictogramas e ideogramas: chinescas, arabescas, célticas, sumerias, Grecas… y para construir torres telescopio, escuelas bosque, catedrales de historia, teatros populares, parques jubilados y jubilosos, jardines de armonías, balnearios descansados, castillos de juegos y todo lo necesario para  una ciudad,  los magos  que pasaban la mayor parte del tiempo en silencio necesitaban toda la ayuda posible de aquellos que supieran escuchar.

Los magos podían traducir cualquier cosa y poner nombre a lo invisible para hacerlo visible, pero su gran problema era que muy pocos sabían escucharles.

Durante décadas estuvieron construyendo la ciudad. La ciudad era una fiesta. Además de las palabras con las que Fonetika Do tenía muy buena relación, fueron llegando a la ciudad todo tipo personajes y seres desconocidos para ella, que venía de un planeta de cosmomúsica.

Cuando construyeron la biblioteca de la ciudad llego la señora Enciclopedia Parlante que efectivamente no paraba de hablar. Era tan aburrida como un payaso triste. Por suerte estaba su hijo Malabarista Traductor que no paraba de inventar juegos de palabras. El padre de Malabarista Traductor era el director de un circo y allí donde iba comenzaba el espectáculo.

Malabarista traductor siempre andaba corriendo de la biblioteca de su madre al castillo de juegos de su padre. Su corazón era tan grande que Fonétika Do le puso el mote de Ommmmm y cuando corría por las calles la gente repetía su nombre y las flores crecían a su paso. Un día iba vestido de rojo y crecían tulipanes, otro día vestía de azul y crecían agapantos, otro día vestía de amarillo y crecían lirios. A Fonétika Do le encantaba verlo corretear.

Desde que cambiaron el nombre de la ciudad, Ommmmm ya no correteaba por sus calles, por prohibición expresa de los magos modernos y hacia una semana que le había llegado la noticia de que Ommmm a quien habían encarcelado junto a las palabras se había marchitado hasta morir.

Esto hizo reaccionar a Fonétika Do. Ella no era un Mago  para los que no existía el bien o el mal. Para los que todo es lo que es y hay que respetarlo como es.

Ella no vivía en el mundo del silencio de los antiguos magos, vivía en el mundo de creación. De escuchar y experimentar. Un mundo de crecimiento, en expansión.

No podía quedarse de brazos cruzados dejando que los magos impidieran crecer a las palabras teniéndolas presas en sus calabozos.

Necesitaba un plan para llevarlo hasta el final pero todavía debía reflexionar y recordar como era posible que la situación hubiera llegado tan lejos.

Durante la construcción de la ciudad cada Mago aportaba su creatividad y sabiduría y se repartieron las tareas dividiendo la ciudad en 7 partes. Nadie se imaginó en aquel entonces, que esa división sería la perdición de la ciudad. la perdición de su nombre y su espíritu.

Los magos comenzaron por construir cada uno su propia torre para poder dirigir las obras desde allí. Todas las torres eran un destello de luz pues a los magos les encantaban las “Palabras de luz” que aunque estaban hechas de luces y sombras, en ellas las sombras eran muy pequeñas y las luces muy grandes al contrario que las “Palabras Oscuras”.  Los magos fundamentalmente construían con ellas dejando las palabras oscuras para los menos sabios. Las “Palabras Oscuras” eran más densas, más pegajosas y fáciles de juntar para construir y a los menos sabios les venía muy bien para construir sus casas y sus vidas.

Las palabras Oscuras y las palabras de luz eran la misma palabra dada la vuelta. La gente normal construía casas oscuras con una pequeña luz en su interior que les permitía soñar cuando dormían, para al día siguiente vivir esos sueños.

Las casas de los Magos eran casas que resplandecían en el exterior y utilizaban las pequeñas sombras del interior para mantener el vínculo con la tierra y sus habitantes.

A veces los Magos permanecían tanto tiempo en silencio que se olvidaban de las “Palabras Oscuras” y la sombra que les hacía visibles y entonces se volvían casi transparentes. Casi invisibles para los que no sabían ver.

Todo fue bien en “Ciudad Oración” los primeros  12.000 años. A la ciudad llegaban gentes de todo el planeta para encontrar algo de claridad en sus vidas. Entraban por la puerta del Este y salían por la del Oeste. Volvían a entrar por segunda vez por la puerta del norte y salían por la del sur. Después de recorrer la ciudad hablando y escuchando las sombras y luces de las palabras, comenzaban un nuevo camino, una nueva vida.

La ciudad estaba llena de auditorios donde escuchar a los conferenciantes y trovadores, repleta de pequeños templetes ajardinados donde cultivar el silencio, repleta de cafés y mesones donde compartir lo aprendido, alrededor de una buena mesa, repleta de estadios donde entrenar el cuerpo para liberarlo de sombras que muchas veces eran de otros.

Pero después de 12.000 años los magos que cada vez se habían hecho más sabios, al utilizar cada vez menos palabras de luz, llegaron al completo silencio y una mañana dando por finalizada su tarea y desaparecieron dejando sus torres y a los aprendices a mago, a cargo de la ciudad.

Los aprendices no estaban preparados y por miedo a hacerlo mal se concentraron en tratar de comunicarse con sus maestros para que volvieran. Para ello pensaron que debían hacer brillar sus torres con la mayor claridad posible y decidieron enterrar a las palabras oscuras en lo más profundo de los sótanos de las torres.

Como los magos no volvían, comenzaron a culpar las palabras de luz porque tenían pequeñas sombras en su interior y no brillaban lo suficiente. Poco a poco fueron encarcelando a las palabras de luz también y sucedió que la gente, ya no acudía a las torres para escuchar palabras que les dieran claridad, porque los nuevos magos sustituyeron la luz de las palabras en las torres, por fachadas de oro con fuegos encendidos en sus almenas. La gente acudía a las torres por su oro. Con la esperanza de que los magos les enseñaran a convertir cualquier metal en oro.

A partir de entonces, la ciudad fue cambiando y ya nadie acudía a la ciudad a orar, sino a robar y la ciudad cambió su nombre a “7 Llamas” y no solo por los fuegos en lo alto de las 7 torres. Los magos, que eran maestros en el manejo de la pólvora, comenzaron a crear armas de fuego para defender sus torres y se aliaron con las familias más aguerridas del planeta:  “Lingoteros de Oro”, “Diamantinos de Sangre”, “Petróleros Contaminante”, “Bancusos  Mentiras”, “Monederos Falsa”, “Mercaderes  Humos”, “Consumo al Gusto”.

Cada familia custodiaba una torre y trataba de robar a la otra. Las calles se llenaron de tiroteos y fuegos. Todo ardía y la guerra se instaló en “Ciudad 7 llamas”.

Los pocos habitantes que quedaban de tiempos pasados  estaban esclavizados para trabajar, o como Fonetika Do, seguían allí, porque eran invisibles a las familias. Solo los magos podían verla, pero no querían hacerlo porque ésta les recordaba los tiempos de la luz y estos aprendiz de mago, aunque muy poderosos, habían perdido su cualidad más preciada, la que les hacia magos de verdad. La sabiduría de la palabra.

Fonetika Do, que gracias a las palabras Mudas había aprendido a comunicarse telepáticamente se sentía muy triste, porque ella si veía y se comunicaba con los Magos Antiguos que al abandonar toda oscuridad y al hacer voto de silencio no podían comunicarse con sus aprendices mediante las palabras. Para los magos no existía lo bueno y lo malo. Todo era aprendizaje y por ello aunque trataban de dar muestras del camino que conducía a la armonía, no podían intervenir directamente en los asuntos de la ciudad.

Fonetika Do veía y oía esas señales en los cantos de los pájaros. Los hombres estaban en guerra y a pesar de ello los pájaros seguían cantando todos los días. No discutían entre ellos. Si uno cantaba en Do menor el otro le respondía en Do mayor y así se iban ayudando unos a otros.

También veía esas señales en las nubes. Cuando los manantiales comenzaban a secarse, las nubes descargaban mares de aguas limpias.

Todo eran señales de luz en la escasa naturaleza que las familias de la guerra dejaban sobrevivir.

Las más abnegadas eran las plantas. Los hombres las aplastaban, las arrancaban, las quemaban y a pesar de ello volvían a salir. Donde una semana antes había estallado una bomba y destruido un parque construido por alguno de los antiguos magos, brotaba una flor, tratando de recordar a los magos actuales el camino de la luz, pero ni los magos modernos, ni los hombres se daban cuenta que si las plantas no cantaban su canto al sol, dejaban de producir oxígeno y  el aire, con el tiempo se haría irrespirable y la oscuridad ocuparía todo el camino visible.

Fonetika Do podía oír todas esos sonidos, todas esas canciones. Sentía la vibración de los Magos Antiguos haciendo crecer las plantas, llevando las nubes de aquí para allá, hablando con los pájaros… pero no se le ocurría como podía ayudar a cambiar la situación.

Había intentado comunicarse con los magos de ahora, pero estos la ignoraban o le gritaban ordenándole que saliera de sus cabezas cuando utilizaba “Palabras Mudas” .

Casi había perdido la esperanza y estaba pensando en volver a su planeta  de cosmomúsica cuando recordó en como se solucionaban los problemas en su casa natal.

Un concierto era la solución y el más apropiado para un planeta de Cosmopalabra era un concierto de silencio.

Si conseguía liberar a las palabras encarceladas era bastante probable que la luz y la armonía volvieran.

Estaba asomada a la ventana del restaurante “Sopa de Letras” cuando vio pasar a una “Palabra Muda” disfrazada de “Palabra Dada” .

Hacia dos días que los magos habían dado una orden de buscar y capturar a las “Palabras Mudas” a las que consideraban peligrosas cuando no cumplían las ordenes de los magos.

En ese instante,  se le ocurrió una idea. Con la colaboración de las “Palabras Mudas” y las “Palabras Dadas” podría liberar a las palabras de luz y oscuridad durante el concierto de silencio que se le había ocurrido.

A las familias de la guerra les gustaban mucho las “Palabras Dadas” porque hacían con ellas lo que les daba la gana, sin ningún tipo de responsabilidad o respeto . Como no eran capaces de escuchar no podían verlas, por ello, las habían vestido con una capa plateada y pintado unos bigotes en la cara para poder leer en sus labios las palabras.

Fonetika Do fue a visitar a la última familia de Mantras que quedaba en la ciudad y les explicó su plan.

Disfrazar a las “Palabras Mudas” como “Palabras Dadas”  e invitar a toda la población a un concierto de Silencio donde las “Palabras Mudas” con su capacidad de entrar en la mente de los demás, transmitirían un mantra de armonía que liberase a las palabras encarceladas y olvidadas en los corazones de los hombres y los magos modernos.

Para que toda la población asistiera, anunciaron el concierto como el último que iban a dar las “Palabras Dadas”, ya que con ese concierto los hombres que lo recibieran, podrían cumplir cualquier deseo que quisieran.

El único requisito era que no se podían llevar armas al concierto y los magos debían ir sin sus varitas.

Por supuesto, las familias de la guerra cercaron el “Auditorio Alfabeto Vibrante” para que solo ellos y los magos pudieran asistir. No podían permitir que cualquiera pudiera cumplir todos sus deseos porque entonces no podrían someter y esclavizar a la población.

Comenzó el concierto y el mantra resonó en sus mentes. Su cuerpo comenzó a vibrar y les llegaron recuerdos de su infancia, incluso recuerdos de antes de nacer. La palabra infancia se liberó, a esa le siguió la palabra sonrisa que se asomó a las caras de todos los asistentes.

Y poco a poco, fueron liberándose todas las palabras. Palabras de Luz y Palabras de Oscuridad: INOCENCIA, RESPETO, CASTIGO, RENCOR, AYUDA, FAMILIA, MIEDO, DOLOR, HUMILDAD, ABRAZO, ODIO, AMOR… centenares de palabras que al liberarlas en una misma vibración les llevó a la palabra final: COMPASIÓN.

Las palabras de luz y oscuridad se disfrazaron de “Palabras Dadas” y “Palabras Mudas”.

La confusión de los asistentes era tal que se quedaron mudos, no podían gritar como era habitual en ellos y ni siquiera pudieron gruñir para comunicarse en su lenguaje de miradas y malas caras que utilizaban para comunicarse normalmente.

Al liberar a todas las palabras, el silencio fue un verdadero concierto de silencio y los magos pudieron oír a los antiguos magos y las familias de la guerra pudieron ver y oír en su mente, un camino de luz que les llevaba al mismo lugar al que querían ir, pero menos doloroso que el actual.

Las familias de la guerra al principio solo liberaron a las “Palabras Oscuras” que les confirmaban el dolor y el odio pero cuando la imagen de destrucción de ese camino oscuro les hizo viajar hasta su propia muerte, se asustaron más de lo que ellos hubieran creído y en ese justo momento las “palabras Oscuras” que siempre tenían en su espalda algo de luz, se dieron la vuelta y les mostraron ese otro camino, menos doloroso y más largo que les hizo sonreír por primera vez en muchos años.

Los magos destruyeron todas las armas y dejaron de construir con metales y cristales preciosos para enseñar a construir con tierra y palabras que convierten lo invisible en visible.

Los magos modernos habían aprendido a comunicarse con los magos antiguos y descubrieron que tenían mucho que aprender por ellos mismos sin que los magos decidieran por ellos. Tenían que vivir, experimentar y aprender.

Devolvieron su nombre a “Ciudad Oración” y la ciudad volvió a ser ese monasterio de juegos, silencios y respeto tal y como se había diseñado en la antigüedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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