La banda del cangrejo

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La banda del cangrejo vivía en un pequeño pueblo costero de un lejano país: La india.

Eran 9 cangrejos y cangrejas: Yule, Irune, Maider,Mikel,. Ander, Irati, Maialen, Sua y Aritz.

Y vivían cada uno en sus casas de piedra y mar con todos sus parientes de padres, madres, abuelos, tíos, primos, hermanas.

A la banda del cangrejo les gustaba la música y bailar. Todos los lunes se juntaban en la playa y con la cangreja mayor convertían la música en una fiesta.

Construían túneles y toboganes y castillos y laberintos en la arena. La cangrejo mayor, a veces los dirigía con una batuta en sus pinzas, otras utilizaba su cuerpo de tambor; a veces balanceaba su cabeza y sonaba como una campana. Con sus 6 patas bailaba zapateando y con sus pinzas chasqueaba los dedos.

Si la cangreja mayor, hacía todas esas cosas y más… imaginaos lo que hacían los 10 cangrejos a la vez. Música para el mundo. ¡Claro!.

Un día llegó a Soraie, (el pueblo de los cangrejos), un circo. Qué alegría. No se lo podían creer. Estaban los trapecistas, los malabaristas, los acróbatas, los payasos y para su sorpresa, había dos tigres. Elegantes y feroces. Con  101 rayas en su piel.

Los tigres se movían en silencio, muy despacio y cuando alguien se acercaba, le miraban fijamente y le enseñaban sus afilados dientes. Si alguien se acercaba mucho, lanzaban sus garras al aire y rugían ferozmente. Daban mucho miedo.

Desde la playa se veía la jaula de los tigres en el borde del acantilado,

La banda del cangrejo no entendía porque los tigres estaban en el circo. Los tigres pertenecían a la selva y por eso decidieron ir a verlos de cerca.

Cuando la banda del cangrejo llegó, los tigres rugieron. Los cangrejos empezaron a castañear sus pinzas  por el miedo, pero como eran grandes músicos, de sus pinzas salieron los ritmos de una canción que a los tigres les dejo primero mudos y luego sonrientes. Comenzaron a bailar como bailan los tigres cuando están contentos y cuando la música paró, pidieron más.

Así se hicieron amigos los cangrejos y los tigres y así supieron que habían sido enjaulados y obligados a trabajar en el circo.

Aprovechando la noche, los cangrejos antes de que cantara el gallo, habían abierto la cerradura.

Los tigres eran ya libres, solo tenían que saltar, pero cuando los tigres se asomaron a la puerta, vieron que tenían que saltar al mar y todo el mundo excepto los cangrejos sabía que a los tigres les da miedo el mar.

Porque en la selva no hay mar y cuando vieron tanta agua que rugía y golpeaba con sus olas las rocas, los tigres que eran los más valientes de la selva, tuvieron miedo a lo desconocido.

Los cangrejos que no se daban por vencidos, se cogieron todos de la mano y los que estaban en las esquinas pellizcaron y se agarraron a las orejas de los dos tigres. Les explicaron que el mar era blando y que para nadar en el, solo tenían que relajarse y hacer música con su cuerpo y con su boca. Ellos les ayudarían a nadar.

Y todos a una saltaron y nadaron, al ritmo de aaaaa…fuuuú, aaaaaa…fuuuú, aaaaa..fuuuú… Inspirando y expirando mientras flotaban relajados y movían sus patas hasta llegar a la orilla.

Los tigres que no sabían como dar las gracias infinitas, muy suavemente con sus afiladas uñas hicieron 101 rayas en los caparazones de los cangrejos y por eso hoy en día, todo el mundo conoce a la gran banda de música de los cangrejos tigre.

 

 

 

 

 

 

 

 

EKAITZA

 

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Sucedió una vez, en una casa que se encontraba bajo la montaña.

 

Había una niña a la que su madre le puso el nombre de Ekaitza, que significa tormenta. Ella no entendía porque le habían puesto ese nombre, ya que las tormentas le daban mucho miedo.

 

Un día mientras caminaba por el bosque escuchó a unos árboles que no sabían hablar en el idioma de los hombres pero que susurraban al viento. Sssssssiii….. Sssssssuu Ssssssaa Ssssssee…Estaban hablando allí arriba donde las hojas tocaban el sol con sus hojas más altas, ya que el viento tenía prohibida la entrada en el bosque bajo.

 

Y decían que habían oído al eco:  eco,eco,eco,cccccccooo, que venía una tormenta. Ekaitza corrió rápidamente a las afueras del bosque donde podría oír al eco frente a la montaña.

 

Al Eco que le gustaba mucho jugar, le enseño el juego de los nombres. Un sistema infalible para saber cuando llega una tormenta.

 

- Es muy sencillo, verás: solo tienes que meter la mano en el bolsillo y apretar con fuerza. Ahora sácala muy rápido y ábrela más rápido.

 

Y zásss, Zissss, Zassss… salió un rayo de su mano.

 

- Ahora corre a buscar refugio y párate cuando oigas al trueno: ratapum, ratapum, ratapum…

 

Muy bien. Ahora vuelve a soltar un rayo y mientras corres repite tu nombre como si fueras tú el Eco.

 

 

 

- Zass, Zisss, Zasss…..  Ekaitza, Ekaitza, Ekaitza, tza, tzaaa…

 

 

 

- Bien, otra vez: Preparada…! Lista… Ya…!

 

Ekaitza soltó el rayo que se escondía en su bolsillo y contó hasta 8 veces su nombre antes de oir al trueno. El Eco le explicó que eso quería decir que la tormenta estaba lejos.

 

Solo, si en el tiempo que pasaba entre ver el rayo y oir al trueno, podía decir una sola vez su nombre, quería decir que la tormenta estaba muy cerca y era peligroso.

 

Ekaitza se fue muy contenta a su casa porque ahora sabía cuando tenía que buscar refugio en una tormenta y cuanto tiempo tenía, aunque todavía le preocupaba que en su bolsillo se escondieran tantos rayos y tormentas.

 

 

 

Menos mal que su madre le explicó después, que  los rayos no siempre se esconden en los bolsillos y salen por las manos.  Muchas veces, cuando las gotas de la lluvia tin, tintin, tintinean canciones, las nubes se ponen tan contentas que sonríen y se les escapan los rayos escondidos y luego los truenos tienen que ir a buscar a sus hermanos para que vuelvan al cielo. Por eso sabemos que después de un rayo siempre viene un trueno a buscarle. Si vemos caer un rayo podemos correr en dirección contraria y podremos encontrarnos con un trueno  que redobla en la tierra saliendo a buscar a su hermano.

 

CHAMAN

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Cuando escucho los latidos de mi corazón retorna el ritmo de los tambores y cascabeles  de los músicos danzando antes de partir a este encuentro. Mi caminar por el bosque se vuelve ligero y dibuja las runas de mi piel volando y danzando por el aire, pisando entre la tierra dulce, alfombrada de musgos en esta sombría cara norte de la montaña y saltando entre los troncos de estos gigantes,  testigos de un tiempo, madre y semilla de otros tiempos.

Llego a lo alto y el sol en el horizonte de otras montañas, abuelas de ese otro tiempo de los árboles, me muestra la densidad etérea de sus cuerpos fundiéndose en el espacio.

Miro más cerca y los árboles recortados contra el cielo también me muestran el esplendor de su espíritu. Una bruma que dibuja sus contornos, casi estática, hasta que comienza el diálogo de los destellos sutiles acompasados por el viento. Me doy cuenta de ello cuando veo a los pájaros envueltos en sus pequeños soles que irradian destellos de unos a otros. Los árboles como uno solo apenas se esfuerzan en comunicarse en la distancia; prefieren el claro vibrar de la tierra en sus raíces.

Adelanto mi mano para acariciar la fragancia de las hojas más cercanas y veo con claridad el contorno que también acompaña a mi mano y soy consciente de que la visión ha comenzado. Puedo sentir el tono vibrante de mi cuerpo y puedo percibir la tristeza del final del día. La perdida del sol y su calor en el horizonte. Puedo sentir la ansiedad por despertar un nuevo día. La oscuridad y el temor se aferran a mi. Cierro los ojos y puedo ver todavía la luz en los árboles, en las plantas, en los animales del bosque. El ulular de un búho me hace abrir los ojos y la luz blanca y tenue de los espíritus que me rodean siguen ahí. Todo en este bosque luce a la luz de la luna y las estrellas aun sin ser noche cerrada todavía. Todos los seres resplandecen desde su interior como esqueletos etéreos de urdimbres entretejidas entre sí, charlando y compartiendo su luz como sentados al borde de una hoguera, donde los Cuentacuentos hablan del tiempo que les ha tocado vivir.

De mis manos salen radiantes haces de luz pálida que semejan plumas que acarician mi piel. Golpeo suavemente este otro cuerpo que me envuelve, queriendo sentir estas plumas y este retumba más allá de mis oídos. Tamborileo por todo mi cuerpo y la danza vuelve a mi. La luz de mi cuerpo más allá de mi cuerpo que antes era opaca y que albergaba tristezas, iras, ansiedades y preocupaciones comienza a brillar al sentir la alegría, la serenidad, la calma y la claridad que siento en los seres que alberga el bosque.

La oscuridad se transforma en la luz que sana mi cuerpo, mi mente, mi espíritu.

Desde la cima de esta montaña me giro otra vez para ver más allá del bosque y miro hacia las montañas. El sol está saliendo y el tiempo de la visión se ha acabado. Llega el tiempo de bajar al valle con la certeza de la luz, del tiempo y el espacio.

EL TIEMPO

Corre el tiempo indeciso. No sabe bien por que. Algo le ronda sobre una búsqueda, mas la palabra en sí, no tiene mucho sentido para el espíritu del tiempo. También en su día con Lao Tze, la palabra sentido coqueteo con el tiempo, sin embargo buda insistió en esa otra que se pronuncia como rendición.

Pero el tiempo también conoce a la aceptación y al cambio y al infinito y al vacío y a tantas otras que al final decide quedarse con su amiga respeto. Sabe que va acompañada de respeto a los demás, incluso en íntima unión con el  universo, sin embargo  como maestro del tiempo, ha aprendido que todo empieza con el respeto a uno mismo, por lo que en coherencia, decide tomarse su tiempo para charlar con su amiga respeto, quizás sobre otras palabras hace tiempo olvidadas y ahora esclavizadas por la omnipresente YO y solamente YO.

El tiempo habla con Respeto y no le queda otra que hablar con Tu, que cuando se dirige a Ellos, se encuentra con Vosotros y al incluirse a si mismo, con Nosotros y en un momento de comunión, esta reunión va camino hacia el infinito que somos todos; liberando así la palabra más esclava, prostituida  y olvidada en su verdadero sentido que es AMOR cuando era hermano del Altruismo y la Compasión.

Aire de invierno

 

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Respiramos el aire. Intangible. Nos envuelve en su manto que llena el infinito invisible cuando permanece inmóvil y silencioso en su totalidad.

Nos zarandea el aire, cuando en movimiento se convierte en viento y limpia las superficies, penetra en todos los espacios y transporta las semillas, convirtiéndose en aliento de vida cuando respiramos.

Nos alimenta el aire, cuando en movimiento, se convierte en el leve susurro de la respiración.

Inspiramos y damos gracias a ese nuevo aliento de vida que me acompaña en un nuevo paso, en una nueva expresión de mi cuerpo.

Expiramos  y soltamos al viejo aliento usado que se funde con el infinito, para abrirnos a una nueva inspiración a un nuevo paso, a una nueva expresión.

Ciclo tras ciclo, en la conciencia del movimiento, ya como un susurro, ya como el brinco de un estornudo, dejo que mi cuerpo y mi mente se hagan permeables al absoluto.

En la quietud observo el movimiento, en el movimiento observo la quietud.

El aire que me rodea, el aire que me penetra.

El aire que lo envuelve todo, el aire que lo llena todo.

Mi cuerpo al otro lado de la materia, mi cuerpo de tierra jugando por el filo entre lo etéreo y lo denso.

Mi cuerpo bailando en el aire, por el aire y con el aire.

 

 

 

 

DIARIO DE UNA SENDA

Sin título

DIA 1º

EL SILENCIO

Bajo el agua puede que suceda. No es lo mismo.

Retrocede 10.000 años, mejor 100.000. No hay ciudades. La cultura está plagada de dioses, de luces, de oscuridades. Una cultura de cuentos abrigados por el fuego.

Elimina el ruido de los coches. Elimina el ruido de la ciudad. Elimina el ruido de las casas. Incluso las de piedra y madera.

Elimina el sonido de los pájaros. De los grillos. De las abejas. Y ya tan solo te queda el sonido del viento.

Elimínalo y añádele el algodón de la niebla que todo lo amortigua. Hasta el crecer de la hierba.

¡Ahí! Quizás, estés tocando el silencio.

 

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DIA 2º

LA LINEA DE LA NIEBLA

La línea de la niebla reclama los dos mundos. Los pasos parecen flotar transitando por el cordal. Asomándose a la luz, sumergiéndose en el mar de las tinieblas. Mar de nubes que oculta los valles, jugando con el filo de las montañas.

Montañas que al norte desde sus picos, saborean sus sueños de castillos flotantes.

Al sur reclaman la majestuosidad de sus catedrales que en la luz guardan el conocimiento de los tiempos ancestrales.

 

es secreto

DIA 3º

ES SECRETO

Un objetivo, que no una obligación. Como el relámpago de la tormenta de ayer tarde nos llega la lucidez que nos invita a guardar un secreto. Todos los caminos, todos los pasos se acumulan en nuestra memoria.

Amenaza la lluvia, amenaza el cansancio, amenazan las costumbres y sistemas de creencias.

Nos trae al pairo. Saboreamos el viento, saboreamos las nubes, sentimos nuestras piernas y nuestras mentes que no creen en el sufrimiento que viene dado por la vida tantas veces.

Tomamos otra ruta y recortamos el asfalto, ya  que no nos agrada su servilismo cuando tratamos de recuperar a nuestros ancestros de pies descalzos sobre la tierra cálida. Aunque sea por un tiempo, aunque sea como balón de oxigeno, como refugio que nos permita reponer fuerzas para vislumbrar el camino.

Y sí, este un texto oscuro porque guarda un secreto que deja de serlo cuando llegamos al final, igual que los demás, al objetivo que nos habíamos trazado.

Cada cual con su sueño , cada quien con su destino, tratando de vivir desde el corazón.

Paso a paso.

 

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DIA 4º

EL LIRIO

La mirada sigue las huellas del camino. A ratos un ligero vistazo abre la ventana de los próximos 100 pasos. Cien pasos son suficientes para elevarte al reino e los lirios. Cien pasos son suficientes para salir de su reinado.

Su color es un mar de azules flotando al viento en la tierra de los altos pastos. Como un cielo de estrellas oceánicas, de mariposas reunidas, reclaman la unión entre el cielo de los azules y la tierra de los verdes. Y para certificar esta unión entre lo creativo y lo receptivo surge la reina de todos los colores. Única entre todos los pobladores de este universo de lirios azules. Una sola reina flor. Un solo rey lirio a lo largo de los 104 kilómetros que ha durado la marcha.

Un solo Lirio blanco.

 

ciervo blanco

DIA 5º

EL CIERVO BLANCO

Después del largo día, del deleite de un paso tras otro, ahora me siento en postura de meditación. Sobre una roca que para el ecosistema de hormigas , lagartijas, saltamontes, flores y arbustos bien podría ser una montaña. Sin embargo ante la presencia de los valles y crestas que me rodean su nombre alcanza, no más, hasta el honorable título de Roca. Roca que me cobija y alimenta, devolviéndome todo el calor acumulado durante el día que asciende hacia el cielo, que ante la retirada del sol se enfría paulatinamente con el ocaso.
Trato de meditar con los ojos entre abiertos y al principio, como una mancha, después con claridad, veo surgir desde un collado lejano un río blanco de lava que se extiende por una pradera en pendiente. Me llega como un eco el balar de este sequito y me doy cuenta de que es un rebaño que avanza con inusitada velocidad y cubriendo rápidamente los verdes de blancos.
Un poco más abajo en una zona de bosques y claros salta vigoroso un ciervo. ¡Un ciervo blanco! Desaparece en el bosque y vuelve a brincar en un claro. Desaparece y abajo del todo vuelve a salir. Saltando, brincando. Rápido. Ladea un poco y comienza a subir veloz rodeando el rebaño a una cierta distancia.
Nunca antes había conocido la existencia de un ciervo blanco. Un regalo a la contemplación.
Surge detrás del rebaño una figura oscura. Es el pastor. Se para. También el ciervo blanco. Antes de respirar dos veces el ciervo: danzando, saltando y custodiando, me muestra su verdadera naturaleza y se acerca al pastor sentándose a su vera y observando tranquilamente a la marea blanca que pasta ajena a los delirios de mi cansancio y mi fantasía.
El mastín pirenaico. Señor de los pirineos. Veloz como un ciervo. Parsimonioso como un oso. Sin ser un ser mitológico, no deja de ser un regalo. Su presencia y su porte.
Sonrío con mi delirio. El último rayo del sol me guiña un hasta mañana con un destello.

 

6º dia

AL BORDE DEL HIBUPROFENO

Con las primeras luces comenzó a caminar. Ya su cuerpo se le había insinuado, aunque según sus cálculos aún faltaba. Una parada para una foto. Una sospecha. Un punto rojo hizo que le saltaran todas las alarmas. No. Aún faltaban días para la luna llena. Kilómetros acumulados en las piernas. Desniveles adheridos a su fatiga. El agua helada de los ríos alivia los doloridos pies.

Al ir a dormir una mezcla de malestares se diluyen en los recuerdos de los sabores del día:  una niebla tempranera que se deshace en jirones de sol que entre nubes y claros viste de luces y sombras el bosque. Los  rastros de los sarrios, de las marmotas, de los zorros… El vuelo de los buitres, alimoches, halcones… el regalo de las vistas de las cumbres que pueblan el sonido de la naturaleza, sin dramas, ni prisas hasta que estalla la tormenta por la tarde.

Han pasado ya cinco días y el malestar que le acurruca en la cama, que le hace presa de un día gris aunque luzca el sol, se ha diluido en el cansancio de sus piernas que gritan todos los días al llegar al refugio; pidiendo descanso, estiramientos, masaje, una buena cena y a dormir hasta que salga el sol.

Sin embargo la última noche no perdona y la luna sale llena en todo su esplendor, marcando los perfiles de las montañas pirenaicas. Al igual que el rojo del amanecer que lo mancha todo.

Por la mañana, todo indicaba que iba a claudicar. El dolor. La rendición llamaba a sus puertas, sin embargo la naturaleza en su sabiduría no le dio ningún descanso. El día salió malo. Niebla con intervalos de lluvia aderezados de viento que te dicen que no pares, que sigas caminando una hora, dos horas, por fin 8 horas.

La llegada al refugio es tan placentera que el momento de la rendición ha pasado. El esfuerzo de 6 días, de 104 kilómetros acumulados en las piernas dan paso a la plenitud y la fuerza que pide más. Más naturaleza, más camino, más armonía, más conexión. En definitiva: conciencia. Conciencia de la buena, de esa que alimenta el alma y equilibra el sufrimiento.

Los pirineos y sus sendas.

Renacimiento

Sucedió un día o sucederá. Quién sabe en que espacio, en qué tiempo. En un monasterio taoísta de tradición bibliotecaria. Donde durante años se habían acumulado estudios e información sobre los orígenes y evolución de la humanidad. Sobre sus quehaceres y sus historias.

Hacia más de 100 años que el monasterio había quedado aislado debido a un derrumbe, en el único camino que a través de un desfiladero daba  acceso a la biblioteca excavada en la roca y que como una gran catedral se extendía en balconadas, por las paredes de una gran falla.

En la sala de reuniones, en otros tiempos tan habitada y dinamizada por la asiduidad de peregrinos estudiosos y mensajeros de todos los reinos, se reunieron el monje más anciano del monasterio, Chen Fu y su mujer, Lian Shi. Dos ancianos de un largo caminar juntos a lo largo y ancho del mundo, hasta que asentaron su cotidianeidad en aquel monasterio.

La anciana volvía de hacer un riguroso inventario y análisis de la situación.

Después del duro invierno y la larga sequía tenía sus dudas de que con las escasas reservas pudieran sobrevivir al próximo invierno.

Se sentaron durante largo tiempo a meditar.

Al terminar,  habían percibido perfectamente el final del camino y después de reflexionar un rato, el anciano expreso a su compañera lo que parecía evidente que había que hacer:

abandonar el monasterio.

Ya solo quedaban 5 monjes contando con ellos dos.

La pequeña Liu, el tenaz Goang y el viejo y sonriente Rein, eran los sobrevivientes de una comunidad olvidada y abandonada por el mundo exterior.

El anciano Chen Fu reunió a todos en la sala y explicó a cada uno la difícil tarea que les esperaba.

Los tres más jóvenes tendrían que escalar el muro y volver al mundo a difundir el claro mensaje que aquella biblioteca siempre trato de seguir.

Y en caso de conseguirlo, de alguna manera encontrar un nuevo lugar, para renacer en una nueva biblioteca.

El anciano tenía un plan y  explicó a cada uno la dirección a seguir para llegar a encontrar ese lugar de renacimiento.

 

La pequeña Liu se dirigiría hacia el Este. Allí donde nacen los seres. Donde nace el sol y con su fuerza: la primavera. Buscaría una comunidad para transmitirles el conocimiento de la tierra, sus ciclos y su capacidad de renacer continuamente. Les instruiría en la calma que te lleva a aceptar el cambio continuo. Los más instruídos serían carpinteros, hacedores de puertas. Ellos serían la puerta hacia el nuevo camino que les llevaría a la nueva biblioteca.

Con la conciencia de abrir permanentemente puertas a la creatividad, una vez establecida la comunidad, los más inquietos peregrinarían hacia el Oeste hasta encontrarse con la comunidad fundada en el Oeste, por los dos ancianos mayores.

Surgieron preguntas pero el anciano les invitó a la calma y a escuchar el plan en su totalidad.

 

Goang el tenaz, se dirigiría hacia el sur. Su comunidad sería la de la fraternidad. Su lema, la constancia del trabajo de hombro con hombro que mediante la experiencia compartida crece, como referencia de madurez para este nuevo mundo.

Goang les instruiría en la fuerza de la unión que permite hacer el camino más ligero y claro. Su comunidad sería una comunidad de nómadas que ocuparían toda la extensión del sur.

Los más instruidos serían mensajeros, jinetes de caballos salvajes.

Con la fuerza de la madurez y desde la alegría de la hermandad, su peregrinaje se encaminaría hacia el norte después de haber explorado todo el inmenso sur.

 

El viejo y sonriente Rein, una vez superado el muro buscaría un lugar de recogida en el norte, aunque no tan al norte donde habita el invierno y sus eternos hielos. Un lugar que pudiera adaptarse a la primera biblioteca, aunque no la definitiva.

Donde cultivar el recogimiento previó a la muerte, que enseña a relativizar. Y desde la sabiduría, fortaleciera la humanidad para ser capaz de aceptar sin miedo, la muerte, como el transito al cambio.

En este monasterio se cultivaría el silencio interior, Sería a la vez, una nueva biblioteca donde almacenar la sabiduría de las experiencias de nuestros ancestros y escuela de creaciones y consejos para todos aquellos dispuestos a recoger los legados de los más ancianos. Los más instruidos serían chamanes, maestros de susurros invisibles.

 

Y por fin quedaba el Oeste. Allí se dirigirían la pareja de ancianos. ¿Cómo? Era la pregunta en la mente de todos.

Entonces el anciano les explicó que ellos dos, con la partida de los demás, se sentarían a una última meditación, la del sendero infinito que el último anciano le transmitió antes de abandonar su cuerpo.

Ellos dos irían hacia el oeste al abandonar sus cuerpos mediante su última meditación.

El Oeste, el final de la etapa del cuerpo, allí donde los infinitos pensamientos emulan, al todo, al infinito.

Allí en algún lugar, buscarían alguien receptivo. Capaz de comunicarse con sus ancestros. Dispuesto a comprender que todos somos uno. Todos unidos por intrincados hilos invisibles al ojo no educado.

Un lugar donde se entienda lo absurdo de dañar al otro que soy yo mismo. Un lugar donde está comprensión hiciera más fuerte el mensaje de está segunda biblioteca que no la definitiva. La biblioteca de la memoria de los ancestros, de los espíritus.

 

El plan se fue perfilando y se fueron resolviendo las dudas.

Cuando los peregrinos del Este, aquellos abridores de puertas, se encontraran con la comunidad del Oeste, aquellos médiums de lenguajes infinitos, fundarían un primer monasterio dedicado a cultivar una nueva visión, más allá del cuerpo, más allá de la mente. La puerta y el camino, como símiles de cuerpo y mente unidos en conexión y abiertos a las infinitas posibilidades de la percepción que brinda el mundo de la dualidad, de la luz y la oscuridad que engendra los infinitos seres.

Cuando los peregrinos del sur se encontraran con los peregrinos del norte fundarían monasterios que serían bibliotecas y escuelas a la vez que difundirían la sabiduría a través de los nómadas errantes que entraran y salieran constantemente. Alternando periodos de aprendizaje en introspección, con la constante divulgación mediante sus viajes.

 

Y cuando los peregrinos de los cuatro puntos se encuentren, allí ubicarán la biblioteca que hará renacer el conocimiento de está que abandonamos en materia pero no en espíritu.

Un solo espíritu, un solo mensaje:

“Izan zakizkit ate, maite. Izan nakizun bide”.

 

Poesía final de Joxan Artze. La traducción literal siguiente, no hace justicia a la original:  “Me seas puerta, amor.  Te sea camino”

 

DESTINO

Me habla mi cuerpo. Según dicen, parece que me siento culpable. ¿Será verdad? No me siento culpable. Por si acaso, subo a una montaña de silencio y me observo. No vaya a ser que el buque acorazado en el que a veces despierto, haya tomado el mando una vez más.

¿Qué siento?

Estoy orgulloso de quien soy. Alimento mi imagen. Creo en el placer, más que en el sufrimiento.

Por el horizonte sale un rayo luminoso que crece como el sol al amanecer. Cuando el sol inunda mi cuerpo, veo cómo efectivamente, me siento culpable por haber elegido el camino de la libre elección. La libertad de elegir los pequeños placeres terrenales, sobre la esclavitud del destino, donde uno no puede elegir.

Culpable por aferrarme a lo ilusorio de la vida. El placer de vivir, creyendo en la posibilidad de elegir, cuando entiendo y a veces incluso siento, que en la aceptación y la rendición está el encuentro. El instante presente, de todo lo que es. La unión de todos los seres.

Es en este momento cuando me perdono porque ¿Qué sentido tiene sentirse culpable, si la unicidad no te permite elección?

Acepto el regalo de la vida que me permite elegir, cómo vivir mi destino. Con alegría, con armonía, con amor, con suavidad y compasión, con la abundancia que me ha tocado vivir y con la humildad de que además de ser, mi destino me invita a hacer.

 

EL CAMINO DEL MEDIO

Kien Lu Chang y Shi Leng Khio se encontraron en la entrada del templo.

Lu chang entregó las armas que a lo largo de su camino  habían llegado a ser un apéndice de su propio cuerpo y espero arrodillado y en silencio el permiso para entrar.

Leng Khio entregó el cuenco que había medido a lo largo de su camino el límite de sus necesidades y se arrodilló al lado de su amigo de la infancia.

Los dos al firmar en la entrada habían renunciado a su nombre y esperaban al maestro para recibir su nuevo nombre.

Con el primer rayo de sol habían cruzado la puerta del templo. Al poco, el maestro había pasado al fondo del pasillo. Se detuvo un momento. Les sonrió y siguió su camino. El silencio les había acompañado todo el día. El sol declinaba y el maestro a pesar de haber pasado delante de ellos a lo largo del día, sólo les había dedicado una sonrisa amable sin darles su nuevo nombre.

Pasaron la noche arrodillados sin poder evitar los recuerdos de las largas y penosas meditaciones de su infancia cuando iniciaban cada uno sus caminos.

Por la mañana, el maestro se presento y aunque sonrió, su rostro se mostró severo a la vez que con un atisbo de sonrisa compasiva cuando les dijo:

- Me habían dicho que un maestro en el camino de la guerra y otro maestro en el camino del amor querían unirse a este templo para recorrer el camino de la compasión. Ayer me acerqué a saludarlos pero cada vez que llegaba a la puerta no ví más que a dos niños esperando el permiso de su padre. Aun así esperé paciente, por si llegaban los maestros. No es un camino fácil, el de abandonar tu nombre y por ello respeté vuestro silencio, pero aún estáis aquí y entiendo que no habéis cultivado el coraje suficiente para abandonarlo.

-Maestro ayer al firmar nuestra entrada lo abandonamos y sólo esperamos con humildad a que nos deis nuestro nuevo nombre.

- ¿Cómo pretendéis que yo os de un nombre que todavía no habéis vivido?  Aquellos que recorren el camino del medio no tienen nombre porque son uno con el Tao. El Tao no tiene nombre mas que el que nosotros le ponemos.

El nombre del caminante del medio es aquel que los demás le conceden a raíz de su recorrido.  No hay pruebas a superar en el camino de en medio. No hay objetivos que cumplir en el camino de en medio. La vida sucede y la vida es.

¿Acaso tu con tus conocimientos de la guerra dejarás que alguien sin justificación ninguna te apalee por puro capricho?.

O quizás tu, con tu comprensión del amor, ¿Dejarás que alguien te obligue a empuñar un arma para su propio provecho?

Antes de que digáis nada. No hay respuesta a esas preguntas, ya que pertenecen al futuro, lejos del camino del medio.

No existen maestros en el camino del medio porque no se puede elegir el camino de en medio. El camino del medio sencillamente, es el que es. Todo el tiempo y a la vez, nunca.

Tenéis dos opciones: saborearlo , observarlo, vivirlo todo el tiempo que podáis o perderos en su búsqueda.

Pasad y comenzad la vida del templo si es lo que vuestro corazón os dicta. Llegamos tarde a la limpieza de nuestro cuerpo, nuestro templo. Así es como acostumbramos a comenzar el día antes de darle la bienvenida a la unidad. Al cambio.

 

Kien Lu Chang y Shi Leng Khio habían tenido una experiencia de unidad a lo largo de sus caminos. Llegando a la comprensión de que todos somos uno, sin embargo comprendieron que estaban lejos de mostrarse como uno con el universo y salieron otra vez al camino, siguiendo los impulsos de su corazón. Empezando un nuevo ciclo, donde les esperaba conocerse a si mismos, conocer a los demás desde este nuevo yo y conocer el universo inabarcable en su infinitud, ese que les había tocado vivir en su finitud.