Ciudad Plantel

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CIUDAD PLANTEL

Cuando  en Invierno, a “Ciudad Plantel” se la observaba desde las cimas de la sierra Saurius, aparecía como una extensa estepa verde, salpicada de pequeños bosques, y pirámides escalonadas, como colinas en su centro. Atravesada por reflejos de oro y plata que eran sus ríos y lagos, alimentándose de sol y luna.

Estaba rodeada de un anillo verde de musgos que tenían millones de años. Estos atraían un densa nube de nieblas y brumas que protegían, ocultaban y hacían de la ciudad un lugar invisible.

Además la historia y la ignorancia habían hecho que Ciudad Plantel se considerará un mito inexistente, ya que muchos viajeros daban testimonio de que la ciudad aparecía y desaparecía de los lugares en los que se la veía. Esto era debido a que Ciudad Plantel estaba viva y se desplazaba lentamente por la tierra. En previsión de los ciclos glaciares del planeta. Era una ciudad transhumante. La única que había sobrevivido desde el principio de los tiempos y a través de las eras glaciales.

El señor Abedul  Siberia, había sido uno de los primeros repobladores de las tierras del norte cuando termino la última era glacial.

Volvía de un largo viaje de tierras del sur, y aunque siempre le resultaba agradable volver a su ciudad natal en el ecuador, añoraba sus tierras norteñas de inviernos fríos y blancos.

A fin de cuentas, en ciudad plantel solo había nacido. Fue el retoño más joven de la repoblación. Tuvo mucha suerte de sobrevivir a los primeros años cuando la glaciación se resistía a retirarse. A las glaciaciones siempre les daba miedo comenzar una nueva etapa, siempre querían seguir meditando, estudiando. Congeladas. Les daba miedo crecer y por eso se resistían  al sol y su sabiduría. Los primeros años de luz eran difíciles para los habitantes que habían sobrevivido al frío.

La vida de Ciudad Plantel era precisamente la de hacer de puente entre las eras glaciales y las secas.

En Ciudad Plantel se conservaban todas las semillas del mundo y en Ciudad Plantel vivían todos aquellos que amaban la vida por encima de todo interés propio.

Los más ancianos y los primeros, eran los 8 árboles millonarios: “CHEN, SUN, LI, KUN,TUI, C’HIEN, K’AN, KEN”

Le resultaba difícil creer que un señor del Fuego en el Sur, estuviera dispuesto a llevar a la oscuridad al planeta.

Pero lo había visto con sus propios ojos. El rey Tizón de fuego estaba eliminando todos los colores del planeta Cromado para igualar todo con el negro de su linaje.

Tenía que avisar a los 8 árboles.

Cuando entró en Ciudad Plantel todo seguía igual. Primero cruzó por el tapiz cálido, húmedo y esponjoso del anillo de musgos y líquenes donde trabajaban sin parar todos los minúsculos hombrecillos verdes. A sus habitantes no les gustaba nada que les llamaran hombrecillos, ya que consideraban que no tenían nada que ver con esa especie de barbaros ignorantes. Siempre aludían a sus antenas para diferenciarse de los hombres. Los geométricos que así se llamaban en realidad, se parecían mucho más a los insectos y con sus antenas eran capaces de sintonizar con el sol, las estrellas y la luna. Gracias a las formas y geometría de sus cuerpos hacían de antenas receptoras y podían llevar  su calor y su energía a lo más profundo de la tierra. Había que andar con mucho cuidado para no pisarlos. Por suerte eran bastante elásticos y si en un descuido se pisaba alguno, solo recibías una pequeña descarga eléctrica que te sacudía como los rayos de caramelo que caían en otoño.

Al terminar de atravesar el anillo de musgo, te recibían los bosques coloreados. Estos podían percibir tus emociones y cambiaban de color indicando a los guardianes si llegabas con buenas o malas intenciones.

A los guardianes era mejor saludarlos de lejos. Eran los árboles más rápidos y espinosos de la ciudad. Como los árboles nunca han sido rápidos por naturaleza, estos se dejaban caer y con un efecto dominó antes de un suspiro te habían rodeado en una cárcel de espinos que te agujereaban dejándote solo el espacio justo para respirar.

Una vez dentro, el señor Abedul Siberia se tomo su tiempo antes de ir a ver a los 8 ancianos.

Saludo a los Ciervojardineros de agricultura y movimiento, a los pájarorecolectores de sanidad y prevención de riesgos, a las abejassembradoras de festejos y cultura, a los topoconstructores de tuneles y caminos, en definitiva saludo a todo el mundo y ofreció su ayuda a todo el que la necesitó. Finalmente para recobrar las fuerzas paró en colinareposo y allí pudo darse una ducha de polen dorado que le hizo estornudar de alegría, bebió un coctel de savia que el viejo Olivo Aceituna, el más anciano de los alquimistas, le preparó. Necesitó un buen masaje de las hormigaspintadoras, ya que en su viaje al sur, el hollín y negro de los tizones, habían oscurecido mucho sus hojas y no podía entrar al recinto sagrado de los 8 árboles, sucio. Ni de mente, ni de cuerpo. Debía entrar en paz si quería comunicarse con ellos, transmitirles su mensaje y recibir su consejo.

Cuando entró en el círculo de luz verde, necesitó respirar profundamente unos minutos para poder ver a los ancianos que ya eran la mínima expresión de la materia y sus contornos arbóreos, apenas eran perceptibles en el fondo verde de luz.

El Espino ”Chen”, el Sauco ”Sun”, el roble “Li”, el Baobab “Kun”, el Ginko “Tui”, el Cedro ”C’hien”, el Tejo “k’an”, el Alerce “Ken”, le dieron la bienvenida escucharon sus noticias  y comenzaron a difundir un  mensaje de advertencia.

A través de sus raíces, el mensaje llegó a todos los rincones del planeta Cromado, pero ya era tarde, el fuego había corrido más ligero y rápido que los pies cansados de Abedul Siberia. El verde había desaparecido del planeta, sólo quedaba el castillo de lápices de colores, luchando su última batalla.

A ciudad Plantel le había salvado el secreto de su emplazamiento, pero pronto el rey Tizón de fuego podría ver la luz verde de ciudad Plantel resaltando en el negro.

En ciudad Plantel debían prepararse para la lucha y estaban solos.

Abedul Siberia salió del círculo preocupado. Liberar a Caña de Bambú era una medida muy peligrosa. Un bosque de abedules alrededor del anillo era una gran defensa. Gracias al plantel de semillas con más de siete años madurando, podían formar una muralla de crecimiento rápido tan verde, que ni el mayor de los incendios podría atravesar sin ahogarse.

Pero de todos era conocido que el bambú libre, extiende sus raíces invadiéndolo todo. Dependiendo de la intensidad del fuego en el exterior el bambú podría extenderse hacia el interior y exterminar Ciudad plantel. Los guardianes nada podrían hacer ya que el bambú avanza bajo tierra hasta que siete años después emerge en 7 días para alcanzar la altura de un árbol maduro.

Abedul Siberia recordaba esos negros pensamientos siete años después. Los incendios no habían cesado y sus temores se habían cumplido. Ya solo le quedaba confiar en la sabiduría de los 8 árboles quienes le recordaron que las plantas no luchan como lo hacen los hombres. Las plantas son compasivas,  son observadoras y  servidoras de la vida. Si para vivir había que morir, no sería la primera vez – dijeron. La tierra siempre sería su aliada. El fuego necesita combustible. Tarde o temprano si lo quema todo, acaba apagándose y de las cenizas un nuevo planeta verde saldría a la luz.

Una mañana, Abedul Siberia se despertó extrañado, pues la luz llegaba distinta. Entre las nubes un arcoíris comenzó a formarse y cabalgando llegaron el señor Caballete tres Patas y la señora Pincel Bigotes de Marta. Los enviaba la anciana Iris. Tizón de fuego retiraba sus maquinas y tropas de guerra y desde castillo lápices de colores estaban enviando emisarios por todo el planeta para recuperar el color.

Abedul Siberia se alegro por el fin de la guerra de colores pero se entristeció porque era tarde para ciudad Plantel. Los brotes de Caña de bambú comenzaban a invadirlo todo. En 7 días todo estaría perdido.

¿No es ésta una ciudad transhumante? Dijeron el señor y señora  Tres Patas y Bigotes de Marta, que eran un matrimonio muy bien avenido. Matriculados los dos en arquitectura de colores, con excelentes obras de arte.

En dos días construiremos un puente de color esperanza sobre el bosque de Bambú. Vayan preparando las maletas.

Y desde entonces, los caminantes confunden Ciudad Plantel con el bosque de bambú alrededor del cual se mueve para contenerlo, ya que Caña de Bambú a pesar de tener un espíritu luminoso, tiene poca memoria pues es muy joven y por ser demasiado servicial, si no se le pone freno, acabaría invadiéndolo todo de verde y cometería el mismo error del rey Tizón de fuego.

Pero la historia de la guerra de colores y del rey Tizón de fuego son otras historias que tendrán que ser contadas otro día, a luz de otra hoguera.

El castillo de lapices de colores

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En el castillo lápices de colores vivía la más anciana del universo  Coloreado. Se llamaba Pigmenta arcoíris, aunque todo el mundo la llamaba Iris por sus ojos multicolor iridiscentes.

Ella era la creadora de las más bellas obras de arte del planeta Cromado. Obras como los 5 continentes; el puente arcoíris ambulante; los 2 soles de día y noche;  los 3 océanos: amarillo, azul y rojo, el bosque de las 4 estaciones y el propio castillo de lápices de colores que con el tiempo se convirtió en la universidad blanca. Donde jóvenes de todo el planeta, estudiaban para crear y colorear pequeños mundos en la imaginación de los que caían enfermos, enredados en las sombras oscuras del blanco y negro, que el rey Tizón de fuego trataba de imponer a todo el planeta.

La anciana Iris vivía en lo más alto de la torre en el castillo lápices de colores y hacia cientos de años que no salía de allí.

Ella tenía el don de la teletransportación y desde que descubrió que había otros universos, pasaba poco tiempo en el planeta que la vio nacer.

Hacia mucho tiempo tuvo la suerte de encontrarse con el creador de mundos, cuando estaba creando un pigmento universal que contuviera todos los colores en uno y desde entonces procuraba pasar el mayor tiempo posible siguiendo la pista del creador de mundos. Para conocerlo mejor viajaba constantemente de un mundo a otro: de musicosmos, a danzacosmos, a cosmopalabra, a cosmoforma y sin poder parar maravillada con la creación.

En el planeta cromado corrían tiempos difíciles. El rey Tizón era cada vez más fuerte y sus máquinas humeantes iban oscureciendo el planeta envolviéndolo en una nube gris, que amenazaba con eliminar el color.

En la universidad, trabajaban sin descanso para crear paisajes de colores, pueblos de colores, personas de colores, animales de colores, pero nadie había capaz de crear algo nuevo que pudiera combatir al blanco y negro del rey Tizón de fuego. Todo lo convertía en cenizas o lo envolvía con una gruesa capa de hollín, carbón y humo, que apagaba cualquier color que quisiera destacar.

Esa era la excusa del rey Tizón. En su opinión todos debían ser iguales y como él, era negro como el carbón consideraba a los colores presumidos y presuntuosos siempre queriendo ser mejor que los demás.

Cuando el rey envió a su hijo carboncillo a la universidad todos se rieron de su pequeño vástago y le ignoraron por aburrido. Nadie creyó que carboncillo pudiera crear nada bello solamente con el  color negro característico de su familia.

El rey se enfadó mucho y mandó llamar a su hijo dispuesto a quemar la universidad, pero su hijo no quiso volver a casa. Se había enamorado del castillo, de sus murales, sus grafitis, sus laberínticas escaleras nómadas, que nunca sabias a donde te llevaban, sus burbujas  ascensores que te atrapaban al mínimo descuido,  sus ventanas de pasajes de cine,  sus puertas a salones, salas, dormitorios, cocinas y baños siempre transformados y habitados por todo un universo de artistas, que reían y creaban sin parar.

Al principio, cuando todos le ignoraban, él  paseaba y observaba maravillándose a cada paso y no le importaban los cuchicheos. Había tantas cosas para aprender.

Después de la amenaza del rey, algunos pasaron a odiarlo y otros a temerlo, pero como sabían que mientras el estuviese en el castillo, el rey no haría nada malo, nadie se reía de él, pero tampoco, nadie hablaba con él.

A carboncillo eso no le preocupaba, así podía andar por el castillo a sus anchas. Observando las obras de arte que le rodeaban aprendió a dibujar sus sentimientos, sus emociones, sus pensamientos, que a diferencia del trazado de sus dibujos, eran en colores.

Todos los días el archivero mayor subía a lo más alto de la torre para ver si la anciana iris había vuelto de sus viajes, pero la puerta de su estudio siempre  estaba  cerrada. Hacia años que la anciana no salía y todos comenzaban a pensar que quizás había muerto. Nunca antes había estado tanto tiempo fuera, con la puerta cerrada.

La verdad es que ella solo volvía de sus viajes cuando un nuevo artista se graduaba con la culminación de su primera obra artística, pero atareados como estaban dando color a lo que el rey Tizón oscurecía, nadie tenía tiempo para crear obras de arte.

Por eso aquel día de la primavera esmeralda del año 42.720 de la era Pigmenta, el archivero decidió gastar sus últimas fuerzas en un concurso de arte colorado.

Todos los pinceles, ceras, acuarelas, rotuladores, tintes, y enfín, todo aquel que soñara en color debía presentarse al concurso. El tema a desarrollar era la anciana madre de aquella universidad: Pigmenta Arcoiris.

El archivero tenía la esperanza de que un concurso así, traspasara las fronteras del universo colorado y llegase a los oídos de Iris.

No contaba con los oscuros pensamientos del rey Tizón, que puso toda su maquinaria de guerra en acción. Envolvió el planeta cromado en una oscura nube que impedía salir cualquier mensaje de color.

Llegó el día del concurso. El castillo de lápices de colores era el único lugar en el planeta Cromado que tenía color. El rey Tizón esperaba el veredicto para terminar su conquista. Esperaba que la obra de su hijo fuera la ganadora y si tenían la osadía de dárselo a otro, lo quemaría todo y por fin, todo el planeta sería negro con sombras grises, ya que en la guerra de tantos años, la luz del sol ya no podía traspasar las oscuras  nubes y el blanco había desaparecido también.

Los jóvenes artistas estaban expectantes, tenían la esperanza de que su obra trajera de vuelta a la anciana iris. La única capaz de vencer al rey Tizón.

El primero en presentar su obra fue un pincel de pelo de marta finísimo que había utilizado 10.356 líneas de colores para tratar de imitar los ojos arcoíris de la anciana. Le siguió un joven tinte amante de la abstracción, que había chapoteado bailando entre pigmentos diluidos en escamas de peces arcoíris. Simbolizando la mirada iridiscente de la anciana.

Luego un moderno grafitero, presentó el tren arcoíris de la vida que contaba la historia de las maravillas logradas por la anciana.

La lista de las obras fue tan larga como el día y si bien todas fueron maravillosas, ninguna poseía la vida de las grandes obras de los maestros colorados, cuya última representante era  Pigmenta Arcoiris.

Por último, carboncillo subió al escenario y presentó su obra. Un punto negro sobre un fondo blanco.

Los presentes habían perdido la esperanza de que la anciana apareciese y esto les enfureció mucho. Ya resignados a perder la libertad  creativa, abuchearon, pitaron e insultaron a carboncillo. Si no hubiese estado la guardia personal del rey Tizón, probablemente   lo hubieran apaleado.

Los nervios estaban muy alterados y nadie sabía como podía terminar aquello cuando una fina luz plateada descendió y recorrió todo el salón de actos haciendo callar a todo el mundo. Era una estrella que se había colado por los conductos del aire y cuando se posó en el escenario, resplandeció y tras de sí, presentó a una anciana Iris de lo más jovial y contenta.

Hola a todos, perdón por llegar tarde, fueron sus primeras palabras. Y les contó que estaba en musicosmos escuchando un concierto cuando le enseñaron aquella obra maestra que parecía ser parte de un concurso en su honor.

Desde luego no se lo podía perder, pero tampoco podía salir en mitad del concierto sin faltar al respeto a sus nuevos amigos de musicosmos. El concierto duró tres días. En musicosmos el tiempo no existía cuando sonaba la música.

En cuanto terminó se teletransportó hasta casa y por lo que veía había llegado justo a tiempo para contemplar aquella obra maestra. El punto negro.

El público no entendía nada, aquello era la obra de un traidor, de un asesino del color, al servicio de su padre.  ¿Cómo podía la anciana llamar obra maestra a aquel horror?

Por favor, me encantaría ver terminada la obra, le dijo Iris a carboncillo. Este sonrió y concentró toda su voluntad en aquel punto negro que ante la mirada atónita del público prendió fuego en una minúscula llama roja que enseguida se convirtió en azul y luego verde y seguida por el amarillo, el naranja, el violeta, el ambar, el celeste y todos los colores imaginables, que al impregnar el aire, mostraron el vivo retrato del ojo derecho de la anciana.

Una imagen que a semejanza de unos fuegos artificiales quedó en la memoria de todos los presentes durante el fugaz instante en que la obra se quemó y desapareció del aire.

Nadie podía imaginar que un carboncillo negro pudiera crear todos los colores del universo y el que menos podía imaginarlo, era el rey Tizón, que recordó porque su apellido era Fuego y recordó el planeta cuando en las hogueras donde vivían los Tizones, ellos eran los que contaban las historias de colores de los tiempos antiguos. Recordó las risas y  la ley antigua del renacer:  “morir para vivir y vivir para morir”.

Volvió a su palacio de carbón y diamantes. Apagó sus maquinas de guerra y la luz y el color volvieron al planeta Cromado.

 

 

Basajaun

 

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Txomin cerró los ojos y disfrutó de la tibieza del sol en su cara. A sus pies un mar de nubes tan espeso que invitaba a

pasear sobre él. El sol hacia ya una hora que  se elevaba por encima y Txomin tuvo que recordarse que últimamente , a sus 92 años siempre perdía el reto que hacía al sol cuando dormía en el valle.  Los tiempos en que ganaba la carrera y  sentado sobre el mar de nubes, esperaba hasta ver salir los primeros rayos que iluminaban las Malloas, ya eran historia. Lo mismo que su oficio. Txomin era el último pastor del valle de Araitz. Ese valle que ahora seguramente despertaba inquieto allá abajo. Para Txomin despertar con el sol y subir por encima de las nubes era importa

nte. Esos días, el valle desparecía de la vista, y el silencio de las montañas de Aralar  que sobresalían sobre las nu

bes como castillos de piedra y bosque,  le transportaban al principio de los tiempos cuando todo lo que tiene nombre, existe.

Los jóvenes habían perdido el

don de ver y hablar con los ancianos.

A veces, algunos jóvenes escuchaban atentos las historias que Txomin contaba sobre Basajaun pero cuando les proponía ir a visitarlo, todos le trataban de viejo supersticioso que todavía creía en cuento

s mitológicos.

Una vez un joven le acompaño hasta el viejo roble de 400 años donde habita basajaun y pasaron un semana entera a su alrededor con sus ovejas, mientras hubo pasto. Txomin por las noches trataba de e

xplicar al joven los mensajes que Basajaun le daba durante el día pero el joven era incapaz de ver o de sentir el espíritu del viejo roble. El último Basajaun del valle.

Txomin, apoyada su espalda contra el roble, recibía con claridad sus mensajes sobre lo que es justo y lo que es desproporcionado.

El invierno llegaba con retraso. El viejo Basajaun era el único que lo sabía y por ello mantenía sus hojas verdes mientras los de

más árboles hacia tiempo que se habían desprendido de ellas.

Algo va mal, le dijo Txomin al joven. Basajaun nunca antes había estado tan cargado de bellotas. Muchos van a morir. Creo que es viene una guerra.

El joven después de  unos días volvió al valle, pensando que Txomin se hacía mayor y que estaba cada vez peor.

Y Txomin anduvo preocupado durante muchos días, porque sabía que Basajaun nuca se equivocaba y la muerte acechaba.

Por suerte, fue cuando bajó al valle, a por algunos alimentos, cuando entendió. No era una guerra de hombres lo que se avecinaba sino el genocidio de una especie. Los árboles muertos apilados en los bordes de las carreteras. Cementerios de almas, Los madereros estaban talando sin medida e indiscriminadamente. Vaciando el valle de su mayor preciado tesoro. El pulmón y el agua del valle camino de convertirs

e en un desierto de zarzas y espinos.

Por eso, estaba Txomin esa mañana sobre el mar de nubes dejando su oficio de pastor para plantar todas las bellotas que había podido atesorar.

Había tratado de explicar a

los demás el mensaje de Basajaun pero nadie le había querido hacer caso. Nadie entendía que para que el último de los ancestros no abandonara el valle, la reforestación era imprescindible.

Que para que la abundancia de la vida siguiera habitando el valle, la regeneración de lo perdido era el único camino.

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De seguir así, en dos generaciones más, todo podría estar perdido, le había dicho Basajaun y Basajaun nunca, desde el inicio de los tiempos se ha equivocado.

Elur ttanttak

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Era un invierno que no era invierno. Había llegado diciembre y aún no había nevado.

La luna estaba preocupada y por eso preguntó al sol:

-       ¿Por qué calientas tanto este invierno?

-       Por qué la tierra me ha dicho que los hombres  le están haciendo mucho daño y tiene frio.

-       Sin nieve no podré enviar los buenos deseos de año nuevo a mis amigos, los niños que sueñan.

-       No te preocupes, para cuando estés en luna nueva, viene una tormenta y podrás enviar los deseos.

Llegó la tormenta y la luna envió en lagrimas de plata los deseos para que pudieran bajar a la tierra sobre estrellados copos de nieve.

Pero sucedió que ese mismo día llegó un viento malhumorado y gruñón y comenzó a discutir con la tormenta.

Truenos, relámpagos, ráfagas de viento y torbellinos por el cielo arrastraban y subían y bajaban a los copos de nieve, que no podían volar hacia la dirección que ellos querían.

La luna pidió ayuda al sol. Sus deseos se iban a perder en la tormenta.

El sol que siempre tenía ideas brillantes, le dijo que no se preocupara. Que se diera la vuelta para que la luna nueva se convirtiera en luna llena. Una luna de plata que reflejara el sol y con su fuerza pudiera traspasar las nubes.

Se hizo un claro de nubes y la tormenta se suavizó. Los rayos del sol pudieron llegar hasta las lagrimas de plata que viajaban en los copos de nieve y estos pudieron volar hacia sus destinos cayendo suavemente en el silencio de la noche para que por la mañana los niños pudieran encontrar y jugar con sus deseos entre muñecos , trineos y bolas de nieve.

BAILANDO

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“Ella era el silencio del aire en una habitación llena de extraños. Viajaba por cada arruga de la tierra, por cada poro de la existencia. Se dejaba balancear, y de vez en cuando posaba su quietud en otro mundo, brevemente, con cuidado, de nuevo dando pequeñas pinceladas a una realidad que era irreal porque solo existÍa fuera. Ella decía que se llamaba observar, tocar, cantar, oler.

Era niña, era anciana.

Era que era una PERA.”

“El aire recorre mi piel, salvo el aire de mis ojos. A través de mis ojos lo de fuera esta dentro pero no a la inversa. Dos huecos llenos del todo que esta fuera. El aire hace ser pájaro a mi voz, colarse por todo, para otra vez volver a mi, a través de mis ojos. Reconozco, me reconozco y por eso me nombro como Patricia. Puedo mirar con cuidado. Doy pinceladas a ese cuadro que estoy viviendo”

 

12 días de poesía cuasitaoista.

 

 

 

12 DIAS

 

1

En el tiempo de la espera,

renace el recuerdo del tiempo de la esperanza.

Con el tiempo de los recuerdos,

se unen los hilos de la hebra de nuestro querer

que es ahora amor.

En el tiempo compartido de tornados y brisas,

de caricias que han sido sonrisas

se ha forjado la invisibilidad de la distancia

que nos mantiene en el mismo espacio,

en el mismo palpitar de la existencia.

Donde a pesar del tiempo,

uno más uno, es uno.

Somos uno.

—————————

2

MEJOR DOS

En la espera, el tiempo se detiene.

La unidad. La quietud. El todo.

Sin embargo,

en el movimiento está el misterio.

En el movimiento está el gozo del descubrimiento.

Solo sentir,

solo amar,

solo estar.

Solo, es demasiado.

Mejor dos, que es menos.

Mejor dos que te permite sentir,

que te permite amar,

que te permite estar para el dos,

incluso, quizás para el tres,

o para el cuatro,

o finalmente también,

para el todo.

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3

Es la magia del destino, la espera.

En el tiempo de los susurros y las caricias,

un destello de vida

se abre paso en el laberinto de los deseos.

El espacio que los separa

es eterno, es presente,

anula el tiempo,

es ausente.

 

No queda tiempo entre tu piel y mi piel:

TRES

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4

Lau haizetara dice la canción.

Nace una mirada que grita ese sentimiento.

El calor desborda el palpitar de mi alegría cuando me toca,

Inhalo un suspiro de aliento de vida que lo alimenta.

Escucho su música en el tintineo de la lluvia cuando paseo por las sombras.

En silencio, en el espacio vacío, en mi centro oigo el susurro de las cuatro paredes que alimenta el secreto de nuestra unión:

 

Ese sentimiento

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5

El sabor de la tierra que desprendes al caminar,

se hace tacto en el aire al bailar

y fluyen los ríos de tu cintura,

que ondulan al viento el porte de tu presencia.

 

Es la luz de tu esencia la que llena tu ausencia.

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6

MÍSTIKA

Viajo en el tiempo de tu ausencia,

acumulando espacios vacíos

que pesan en mi memoria

para deleitarme en los detalles

de tu fragancia,

como sutiles imágenes que cautivan

la mística percepción

de un sexto sentido

que me deleita

con el gozo de tu llegada,

más allá,

del tiempo de tu ausencia.

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7

Es la alquimia que surge del caldero,

quien me sostiene.

En el filo del camino recorro

los cañones que conducen los ríos

de mis sentimientos.

La luz de sus cielos, me mantiene

despierto en los atardeceres,

sacándome de las tinieblas

cuando llego a la bifurcación de los siete caminos:

 

alegría, Ira, Preocupación, Tristeza, Pensamiento, Miedo, Conmoción.

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8

Infinito no es un número.

Es la realidad última de su movimiento.

Ondulante, desde el suelo al

salto fuera de la gravedad.

Rodando, deslizándose.

Equilibrios de pasos, giros y caídas premeditadas.

La realidad de su movimiento en un eterno presente

que convierte el infinito caído,

en la esbelta silueta del número 8 donde

puedo asirme  a su cintura

de apoyos, caricias y abrazos eternos.

 

Es el sueño del baile eterno

donde no existe el tiempo,

solo el espacio de nuestros círculos

abrazados al infinito.

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9

En el estomago una sensación de vacío,

podría ser hambre pero no lo es.

En el pecho un pulso,

como un sutil pinchazo discontinuo.

En la cabeza una nebulosa,

como un recuerdo latente que no termina de llegar.

A ratos levanto la cabeza de golpe,

mirando a todos lados,

renazco por un destello de luz

confundido con el encuentro del tiempo.

Llego a casa, son las nueve

y sonrío con el residuo del recuerdo

que atesoro en mi cuerpo,

aunque nostálgico y resignado,

porque el silencio me recuerda

que aun estamos en el tiempo de la distancia.

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10

En el 10 se sitúan el uno y el cero.

El espacio vacío que deja tu huella en mi.

Y el tiempo completo que deja tu huella en mi.

Dos huellas, dos pasos

y el baile de la vida que nos lleva

a ser uno,

ser círculo sin fin.

Caminando sobre huellas,

caminando sobre pasos.

de pasado y el futuro.

Añoro el presente.

Aroma, tacto, música, sabor y

tu luz.

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11

Dos líneas en paralelo.

Parecerían no destinadas a juntarse.

Un giro menor a 360 grados.

El comienzo de un círculo.

Un cruce sobre ellas mismas.

Del círculo a la cuadrícula.

Otro giro seguido de infinitos giros.

Infinitos cruces de encuentros.

De uniones y conjunciones.

Enhebrando la red un camino tridimensional.

Dos líneas, dos raíles.

El sustento de una línea,

el tren de una vida.

Llega del universo de los infinitos unos indivisibles

que son uno,

al mundo de los dobles uno,

que son uno.

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12

En Primavera, el viento y la madera

consagran su unión

con el verde manto de la vida.

En Verano juegos de luz

despejan las sombras

de las dudas.

En Otoño los tintes

de la pasión

siembran los frutos

del futuro.

En invierno

el punto de la partida

acoge la llegada

del final.

Un ciclo de vida y muerte

12 meses.

12 días.

12 respiraciones.

El Uno inspira, el Dos expira.

Ahí.

Más cerca que tu respiración.

 

.

El espíritu fantasma


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Cuando lo conocí no imaginé que mi vida pudiera cambiar tanto. Es cierto que el espíritu fantasma me tenía atrapado en una espiral de dolor y sufrimiento que no me dejaba vivir y  todo a mi alrededor me pedía un cambio de costumbres.

 

Era el año 2.121. Las enfermedades del siglo XX gracias a la nanobiotecnología habían desaparecido y la única enfermedad llamada popularmente espíritu fantasma, no era reconocida por los gobiernos como enfermedad.

 

Aquellos que como yo, ocupábamos puestos de poder económicos, podíamos acceder a la tecnología más allá del paquete básico que se implantaba a toda la población al nacer.

 

Quitando las roturas y golpes que los cirujanos se dedicaban a cortar y pegar el resto de enfermedades eran reguladas por este programa básico de nanobios que podían detectar cualquier anomalía química y restaurarla en pocos minutos.

 

Los que podíamos pagar, podíamos aumentar a voluntad y sin límites nuestras capacidades olfativas, acústicas, visuales y físicas en general de manera que mientras la población trabajadora era cada vez más uniforme y sin personalidad, a la vez que eficiente, gracias al paquete básico, nosotros podíamos diseñar el cuerpo perfecto según nuestras preferencias.

 

Por supuesto había una ley que regulaba todo esto pero como bien decía Bi-Otz Sagastume, el personaje al que debo agradecer mi vida, tal cual es hoy y de quien me gustaría contar su historia: -“ todo esto dependía del grosor de tu talonario”.

 

Y sin embargo, a pesar de toda la tecnología de nanobíos que podía implantarme en el cuerpo, el espíritu fantasma no hacia distinción entre ricos y pobres. El 90 % de la población lo padecía en mayor o menor intensidad y cuando te atrapaba ya no te soltaba. El gobierno que no podía admitir ante la población que su programa de salud de nanobios era un fracaso, investigaba constantemente en secreto para paliar los efectos del espíritu fantasma; que  no solo recibía dicho nombre porque no existía oficialmente, sino porque sus síntomas aparecían y desaparecían sin seguir ningún patrón, ni ciclo, ni causa reconocible. Un día no podías levantarte de la cama, otro estabas hiperactivo con todo tipo de convulsiones y tics que no podías disimular, otro con fiebres que iban y venían y que volvían locos a los nanobios encargados de mantener tu temperatura estable. Los síntomas abarcaban casi tanta variedad como personas diferentes lo tenían.

 

La primera vez qué escuche a Bi-Otz, fue en una conferencia que el título decía:  “El espíritu fantasma: el esclavismo del siglo XXII”  y sus primeras palabras después del buenas tardes de rigor, fueron: “- El espíritu fantasma no tiene cura” y los cinco minutos siguientes se quedó en silencio, sonriendo y mirándonos.

Los murmullos y comentarios fueron creciendo mientras la impaciencia hacia mella en nuestra perplejidad y sorpresa ante el silencio de un conferenciante que parecía haber acabado su conferencia con una sola frase.

Por fin, alguien se atrevió a preguntar: ¿ Es por ello, qué usted afirma que en el siglo XXI nos hemos convertido en esclavos?

Me alegro que hayas intentado hacer una pregunta inteligente pero lo que os hace esclavos es vuestra tecnología, impaciencia e incapacidad de responder a vuestras propias preguntas.

Ahí empezó la conferencia que volví a oir 6 veces más, hasta que me atreví a abordarlo para hablar con él.

Le había seguido por diferentes ciudades de Europa y decidí presentarme personalmente para poder preguntarle directamente por su sistema, sobre el que solo se dedicaba a exponerlo como una solución pero sin mostrarlo.

Me inventé una falsa personalidad de periodista para entrevistarle. Le pregunté directamente en que consistía su método y me pilló en renuncio a la primera, devolviéndome la pregunta: “después de asistir a mis últimas 7 conferencias, usted, ya conoce la respuesta ¿No?”

La gran ventaja de los nanobíos era que el ser humano había pasado a ser un superhombre gracias al desarrollo de sus sentidos exponencialmente. Podíamos oír mejor, ver mejor, éramos más rápidos, más fuertes, más flexibles, podíamos regular nuestra temperatura, el color de nuestra piel y muchas otras sofisticadas maneras de transformar el cuerpo humano.

Y su respuesta a este avance era volver a la prehistoria y eliminar toda la tecnología de nuestras vidas. Eso era un sin sentido, le contesté.

Según él, el espíritu fantasma era una enfermedad del alma y nunca podríamos eliminarla desde el tratamiento, solo del cuerpo.

Traté defenderme, argumentando que con la nanobiotecnología habíamos conseguido aumentar la esperanza de vida a los 120 años y todavía no se conocía su potencial.

Una sonora carcajada me dejó temblando y acto seguido me contestó:

-       “ ¿A lo qué usted hace, le llama vivir? “-

Viendo la palidez de mi cara y ante una inminente recaída, me puso una mano en un hombro, después suavemente me abrazó y después de un eterno minuto de visiones y sensaciones totalmente desconocidas para mi, me invitó a tomar un té.

Puedo afirmar que fue un minuto porque lo que para mi fue una eternidad el me explicó que no fue más que un minuto fuera del tiempo.

En aquel entonces, no lo entendí pero hoy es el día, que ya el tiempo fuera del tiempo forma parte de mi.

En mi primera charla con él me explicó que él no tenía ni siquiera el programa básico de nanobíos implantado y por ello podía decir lo que decía con toda certeza. Yo no lo creí, aunque no se lo dije. El programa básico era obligatorio para toda la población desde el nacimiento y además era imposible tal como yo había visto  en sus conferencias, que oyera hasta los más leves susurros de la gente que yo solo podía oír gracias a mis implantes.

Cuando asistía a sus conferencias gracias a la alta tecnología que tenía en mi cuerpo podía reconocer a los de mi mismo rango o superior, que eran casi siempre muy pocos o ninguno, quitando a los policías secretas que siempre estaban presentes en sus conferencias.

Al terminar el té, me hizo una pregunta: ¿De verdad quieres aprender?

Yo le contesté que sí, aunque no tenía claro donde me estaba metiendo y aunque seguramente él supo de mi duda, me admitió la respuesta como verdadera y ese final, dio paso a 2 años de conversaciones y practicas que me condujeron 10 años después a este lugar en que me encuentro.

En el segundo encuentro con el fin de captar mi sincera atención me explicó que el venía de la época en que el ser humano parecía que estaba evolucionando en una nueva dirección más espiritual, de mayor conciencia y comenzaron a parecer todo tipo de técnicas a cada cual más extraña, que prometían la iluminación y con ello una salud admirable y poderosa. Todos hablaban del amor, de la conciencia, del absoluto, de dios, del tao, del prana, de los ancestros, de la unidad, del vacío, del infinito, de la rendición, de la aceptación y yo que sé cuantas más palabras convertidas por el ego humano en transcendentales. Todos aprendían a sanarse y querían sanar a los demás. Todos querían ser sanadores, nadie quería vivir. Nadie quería ser panadero, agricultor, electricista. Aprendían una técnica en un fin de semana, en un mes, en un año y ya estaban dispuestos a difundir la buena nueva.

En eso estaban cuando los gobiernos y las farmaceuticas implantaron la vacuna universal. Los nanobíos. La salud y el superhombre. Todos aquellos que supuestamente tenían la solución a los problemas del hombre abandonaron su práctica y abrazaron la nueva religión: el cuerpo como alma inmortal. Todos decidieron posponer el encuentro con su alma al momento de su muerte y cuanto más tarde mejor.

-       “ Yo seguí practicando “ – me dijo.

Eso fue hace 200 años le contesté, no podría estar vivo. Se encogió de hombros y sonrió.

A pesar del desconcierto seguí viéndolo y comencé a practicar con él. Primero me hizo ver sin ver. Tuve que eliminar los nanobíos que tenía implantados para mejorar la visión. Descubrí un nuevo mundo. La textura del aire cambió y lo traslucido y lo opaco cobraron otro cariz.

Después me enseño a tocar sin tocar y las densidades se multiplicaron a pesar de haber eliminado los nanobios del tacto.

Después me enseño a sentir sin sentir. La música apareció en mi vida. Las infinitas vibraciones de todo cuanto me rodeaba me descubrieron un universo infinito que cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, cambiaba y mi atención se simplificaba a la idea de lleno y vacío, equilibrando mi percepción sobre lo relativo de lo que es bueno y lo que es malo. Lo qué ahora podía estar vacío acto seguido podía estar lleno.

Después me enseño a hablar sin hablar o más bien a escuchar y compartir el espacio que nos envuelve.

Y justo antes de irse me enseñó el camino que debía seguir para  a vivir en el tiempo fuera del tiempo.

A lo largo de esos 2 años, muchas veces, le seguí al final del día, hasta que descubrí donde vivía. Nunca me invitó a su casa y hasta que no sé fue por primera vez, creí que se debía a que vivía en una mansión destartalada por el paso del tiempo y quizás se avergonzaba de ello.  Desde fuera parecía deshabitada y de hecho un cartel de “se vende” colgaba en una ventana. Era una mansión entre mansiones en mitad de un paseo, en mitad de la ciudad, frente al río. El jardín estaba abandonado sin embargo mantenía una cierta armonía a pesar de que nunca ví a nadie cuidarlo.

Al final de esos dos años, los últimos tres meses faltó a su cita mensual y decidí ir a su casa. No pude ver ningún indicio de vida ni de movimiento y me atreví a empujar la verja de entrada. Toque en la puerta y ante la ausencia de respuesta. Empujé. Se abrió y entré.

La casa estaba vacía. Vacía en todos los sentidos. Solo quedaban en pie los cuatro muros, formando un patio interior como si fuera el claustro de un monasterio. Había vegetación desordenada pero al igual que el jardín se mantenía ordenada como si alguien la cuidara, sin embargo estaba claro que allí no se podía vivir.

A los tres meses volvió a aparecer al café para despedirse según dijo. Se le había olvidado.

 

Yo no entendía que quería decir con despedirse y si se iba qué sucedería con mi aprendizaje.

 

Según su manera de ver, no había nada que aprender. En su día me preguntó si yo de verdad quería aprender, para poder motivarme a deshacerme de toda la tecnología que tenía en el cuerpo.

 

Lo que me había mostrado no eran más que trucos y consecuencias de la práctica de ser. Para vivir, para ser no son imprescindibles y antes de despedirse me dio un último consejo:

 

Todos los días siéntate en silencio correctamente como te he mostrado. Te ayudará. Sin embargo lo más importante es que camines en silencio, que escuches en silencio, que mires en silencio, qué sientas en silencio y qué cuando tengas que hablar lo hagas en silencio.

 

No me conformé con este consejo y cuando se fue lo seguí hasta la casa y cuando él entró, también le seguí en silencio y para mi sorpresa él no estaba. No habían transcurrido más que unos segundos y entonces pensé que el truco estaría en que entraba por una puerta y salía por la otra, sin embargo solo había una entrada y una salida. Busque y rebusque por todo el interior algún tipo de salida, escondrijo o pasadizo, pero no encontré nada. Al final me senté y durante unos breves segundos sentí y supe que el estaba allí. Sonreí, salude y al día siguiente dejé mi trabajo para dar conferencias por todo el mundo sobre: :  “El espíritu fantasma: el esclavismo del siglo XXI”

 

Hoy 10 años después comienzo a comprender sus palabras, su vida en esta vida. Todos los días al anochecer entro en su casa que se ha convertido en mi casa, en el tiempo fuera del tiempo. A veces volvemos a hablar.

 

La banda del cangrejo

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La banda del cangrejo vivía en un pequeño pueblo costero de un lejano país: La india.

Eran 9 cangrejos y cangrejas: Yule, Irune, Maider,Mikel,. Ander, Irati, Maialen, Sua y Aritz.

Y vivían cada uno en sus casas de piedra y mar con todos sus parientes de padres, madres, abuelos, tíos, primos, hermanas.

A la banda del cangrejo les gustaba la música y bailar. Todos los lunes se juntaban en la playa y con la cangreja mayor convertían la música en una fiesta.

Construían túneles y toboganes y castillos y laberintos en la arena. La cangrejo mayor, a veces los dirigía con una batuta en sus pinzas, otras utilizaba su cuerpo de tambor; a veces balanceaba su cabeza y sonaba como una campana. Con sus 6 patas bailaba zapateando y con sus pinzas chasqueaba los dedos.

Si la cangreja mayor, hacía todas esas cosas y más… imaginaos lo que hacían los 10 cangrejos a la vez. Música para el mundo. ¡Claro!.

Un día llegó a Soraie, (el pueblo de los cangrejos), un circo. Qué alegría. No se lo podían creer. Estaban los trapecistas, los malabaristas, los acróbatas, los payasos y para su sorpresa, había dos tigres. Elegantes y feroces. Con  101 rayas en su piel.

Los tigres se movían en silencio, muy despacio y cuando alguien se acercaba, le miraban fijamente y le enseñaban sus afilados dientes. Si alguien se acercaba mucho, lanzaban sus garras al aire y rugían ferozmente. Daban mucho miedo.

Desde la playa se veía la jaula de los tigres en el borde del acantilado,

La banda del cangrejo no entendía porque los tigres estaban en el circo. Los tigres pertenecían a la selva y por eso decidieron ir a verlos de cerca.

Cuando la banda del cangrejo llegó, los tigres rugieron. Los cangrejos empezaron a castañear sus pinzas  por el miedo, pero como eran grandes músicos, de sus pinzas salieron los ritmos de una canción que a los tigres les dejo primero mudos y luego sonrientes. Comenzaron a bailar como bailan los tigres cuando están contentos y cuando la música paró, pidieron más.

Así se hicieron amigos los cangrejos y los tigres y así supieron que habían sido enjaulados y obligados a trabajar en el circo.

Aprovechando la noche, los cangrejos antes de que cantara el gallo, habían abierto la cerradura.

Los tigres eran ya libres, solo tenían que saltar, pero cuando los tigres se asomaron a la puerta, vieron que tenían que saltar al mar y todo el mundo excepto los cangrejos sabía que a los tigres les da miedo el mar.

Porque en la selva no hay mar y cuando vieron tanta agua que rugía y golpeaba con sus olas las rocas, los tigres que eran los más valientes de la selva, tuvieron miedo a lo desconocido.

Los cangrejos que no se daban por vencidos, se cogieron todos de la mano y los que estaban en las esquinas pellizcaron y se agarraron a las orejas de los dos tigres. Les explicaron que el mar era blando y que para nadar en el, solo tenían que relajarse y hacer música con su cuerpo y con su boca. Ellos les ayudarían a nadar.

Y todos a una saltaron y nadaron, al ritmo de aaaaa…fuuuú, aaaaaa…fuuuú, aaaaa..fuuuú… Inspirando y expirando mientras flotaban relajados y movían sus patas hasta llegar a la orilla.

Los tigres que no sabían como dar las gracias infinitas, muy suavemente con sus afiladas uñas hicieron 101 rayas en los caparazones de los cangrejos y por eso hoy en día, todo el mundo conoce a la gran banda de música de los cangrejos tigre.

 

 

 

 

 

 

 

 

EKAITZA

 

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Sucedió una vez, en una casa que se encontraba bajo la montaña.

 

Había una niña a la que su madre le puso el nombre de Ekaitza, que significa tormenta. Ella no entendía porque le habían puesto ese nombre, ya que las tormentas le daban mucho miedo.

 

Un día mientras caminaba por el bosque escuchó a unos árboles que no sabían hablar en el idioma de los hombres pero que susurraban al viento. Sssssssiii….. Sssssssuu Ssssssaa Ssssssee…Estaban hablando allí arriba donde las hojas tocaban el sol con sus hojas más altas, ya que el viento tenía prohibida la entrada en el bosque bajo.

 

Y decían que habían oído al eco:  eco,eco,eco,cccccccooo, que venía una tormenta. Ekaitza corrió rápidamente a las afueras del bosque donde podría oír al eco frente a la montaña.

 

Al Eco que le gustaba mucho jugar, le enseño el juego de los nombres. Un sistema infalible para saber cuando llega una tormenta.

 

- Es muy sencillo, verás: solo tienes que meter la mano en el bolsillo y apretar con fuerza. Ahora sácala muy rápido y ábrela más rápido.

 

Y zásss, Zissss, Zassss… salió un rayo de su mano.

 

- Ahora corre a buscar refugio y párate cuando oigas al trueno: ratapum, ratapum, ratapum…

 

Muy bien. Ahora vuelve a soltar un rayo y mientras corres repite tu nombre como si fueras tú el Eco.

 

 

 

- Zass, Zisss, Zasss…..  Ekaitza, Ekaitza, Ekaitza, tza, tzaaa…

 

 

 

- Bien, otra vez: Preparada…! Lista… Ya…!

 

Ekaitza soltó el rayo que se escondía en su bolsillo y contó hasta 8 veces su nombre antes de oir al trueno. El Eco le explicó que eso quería decir que la tormenta estaba lejos.

 

Solo, si en el tiempo que pasaba entre ver el rayo y oir al trueno, podía decir una sola vez su nombre, quería decir que la tormenta estaba muy cerca y era peligroso.

 

Ekaitza se fue muy contenta a su casa porque ahora sabía cuando tenía que buscar refugio en una tormenta y cuanto tiempo tenía, aunque todavía le preocupaba que en su bolsillo se escondieran tantos rayos y tormentas.

 

 

 

Menos mal que su madre le explicó después, que  los rayos no siempre se esconden en los bolsillos y salen por las manos.  Muchas veces, cuando las gotas de la lluvia tin, tintin, tintinean canciones, las nubes se ponen tan contentas que sonríen y se les escapan los rayos escondidos y luego los truenos tienen que ir a buscar a sus hermanos para que vuelvan al cielo. Por eso sabemos que después de un rayo siempre viene un trueno a buscarle. Si vemos caer un rayo podemos correr en dirección contraria y podremos encontrarnos con un trueno  que redobla en la tierra saliendo a buscar a su hermano.

 

CHAMAN

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Cuando escucho los latidos de mi corazón retorna el ritmo de los tambores y cascabeles  de los músicos danzando antes de partir a este encuentro. Mi caminar por el bosque se vuelve ligero y dibuja las runas de mi piel volando y danzando por el aire, pisando entre la tierra dulce, alfombrada de musgos en esta sombría cara norte de la montaña y saltando entre los troncos de estos gigantes,  testigos de un tiempo, madre y semilla de otros tiempos.

Llego a lo alto y el sol en el horizonte de otras montañas, abuelas de ese otro tiempo de los árboles, me muestra la densidad etérea de sus cuerpos fundiéndose en el espacio.

Miro más cerca y los árboles recortados contra el cielo también me muestran el esplendor de su espíritu. Una bruma que dibuja sus contornos, casi estática, hasta que comienza el diálogo de los destellos sutiles acompasados por el viento. Me doy cuenta de ello cuando veo a los pájaros envueltos en sus pequeños soles que irradian destellos de unos a otros. Los árboles como uno solo apenas se esfuerzan en comunicarse en la distancia; prefieren el claro vibrar de la tierra en sus raíces.

Adelanto mi mano para acariciar la fragancia de las hojas más cercanas y veo con claridad el contorno que también acompaña a mi mano y soy consciente de que la visión ha comenzado. Puedo sentir el tono vibrante de mi cuerpo y puedo percibir la tristeza del final del día. La perdida del sol y su calor en el horizonte. Puedo sentir la ansiedad por despertar un nuevo día. La oscuridad y el temor se aferran a mi. Cierro los ojos y puedo ver todavía la luz en los árboles, en las plantas, en los animales del bosque. El ulular de un búho me hace abrir los ojos y la luz blanca y tenue de los espíritus que me rodean siguen ahí. Todo en este bosque luce a la luz de la luna y las estrellas aun sin ser noche cerrada todavía. Todos los seres resplandecen desde su interior como esqueletos etéreos de urdimbres entretejidas entre sí, charlando y compartiendo su luz como sentados al borde de una hoguera, donde los Cuentacuentos hablan del tiempo que les ha tocado vivir.

De mis manos salen radiantes haces de luz pálida que semejan plumas que acarician mi piel. Golpeo suavemente este otro cuerpo que me envuelve, queriendo sentir estas plumas y este retumba más allá de mis oídos. Tamborileo por todo mi cuerpo y la danza vuelve a mi. La luz de mi cuerpo más allá de mi cuerpo que antes era opaca y que albergaba tristezas, iras, ansiedades y preocupaciones comienza a brillar al sentir la alegría, la serenidad, la calma y la claridad que siento en los seres que alberga el bosque.

La oscuridad se transforma en la luz que sana mi cuerpo, mi mente, mi espíritu.

Desde la cima de esta montaña me giro otra vez para ver más allá del bosque y miro hacia las montañas. El sol está saliendo y el tiempo de la visión se ha acabado. Llega el tiempo de bajar al valle con la certeza de la luz, del tiempo y el espacio.