Ciudad Danzante

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CIUDAD DANZANTE

 

En la Ciudad Danzante  vivía Pedro Zapatodeclaque. Era huérfano y sobrevivía como podía sin su hermano gemelo izquierdo. Porque en esta ciudad todos los zapatos eran gemelos izquierdos y derechos.

Era una ciudad de bailarines y nadie contrataba a un zapato sin su gemelo aunque fuera el mejor claquetista de la historia.

Así se solía soñar Pedro, actuando en el Gran Teatrodanzate, bailando sin parar, repiqueteando en los adoquines… y bancos… y charcos y todo tipo de ecos como lo hacia por las calles cuando nadie le veía.

El “Gran Teatrodanzante” era el fundador de la “Ciudad Danzante”, de ahí su nombre.

El gran teatro no necesitaba de telones para empezar y terminar una función. Durante las 24 horas del día había siempre un espectáculo.

Durante el día no faltaban los ensayos o coreografistas preparando las funciones nocturnas con lo más selecto de la ciudad, que comenzaban al caer el sol, iluminadas por las vidrieras de colores arcoíris.

El “Gran Teatrodanzante” que también era bailarín, era el movimiento infinito. Era el camaleón de millones de disfraces.

Un día se vestía de los amarillos y ocres del desierto y se convertía en un anfiteatro griego con columnas de piedra, altas como árboles milenarios.

Al día siguiente se coloreaba de rojos, azules, amarillos y verdes y se transformaba en una esbelta catedral gótica de vidrieras, arcos apuntados y esculturas de diablos y dragones.

Un mes más tarde pasabas por allí y el “Gran Teatrodanzante” ya no estaba. Se había trasladado a otro barrio.

Su movimiento era continuo. Y como él bien explicaba, él era la ciudad, la ciudad era el teatro y el teatro: su danza de calles, casas, plazas… de movimiento sin fin.

Sin embargo, la capacidad de bailar y el humor cambiante del “Gran Teatrodanzante” no siempre era fácil de seguir.

Un día el extraordinario bailarín Iban Saltoalcielo no pudo asistir al ensayo durante el día y no se enteró de que el “Gran Teatrodanzante” se encontraba algo resfriado y cuando en la actuación de la noche, dió su gran salto para tocar la luna, el “Gran Teatrodanzante” estornudó y todo el escenario bajo los pies de Iban se movió desapareciendo.

Por suerte, la diva Margarita Bailadepuntillas, había pedido que le llenasen la bañera con agua y pompas de jabón y justo allí, cayó el bailarín.

De no ser así, habría terminado en el hospital.

Zapatodeclaque conocía muy bien todas las calles de la ciudad y sus rumores, por eso siempre conseguía el mejor sitio pirata para ver gratis todos los espectáculos.

Se maravillaba de los equilibrios que conseguían los tacones de aguja, sin perder el ritmo. Sus mujeres los adoraban. Algunos conseguían sumar hasta 20 centímetros aunque no todos sobrevivían a los frenéticos bailes de sus mujeres.

A las que más envidiaba era a las clásicas zapatillas de ballet porque siempre iban con la familia al completo. Cada una con su par gemelo izquierdo o derecho, su hermano el Tutu y sus primas las mallas. Se unían a una chica y muchas veces para toda la vida, incluso aunque las zapatillas se jubilaran antes.

Además Zapatodeclaque le había echado el ojo a un par de zapatillas en concreto. Bueno más que echado el ojo, había vibrado con el sordo deslizar de aquel par de chicas.

Su corazón se aceleraba cada vez que las veía en el escenario y a la vez se entristecía por que sin un hermano gemelo nunca tendría la oportunidad de conocerlas.

Por lo menos, gracias a su facilidad para esconderse entre todos los pares de zapatos del “Gran Teatrodanzante” pudo escuchar su nombre: Susurrosdelvientodeloeste.

Era un nombre largo pero él las llamaba Susu y cuando tenía pesadillas con el Zorro Deaudífonofino persiguiéndole recordaba su nombre entre susurros de sueños, para espantar todos sus temores.

De todos era conocido que el Zorro Deaudífonofino era la mano derecha del “Gran Teatrodanzante” que compraba a los zapateros esclavistas todos los zapatos que no servían para bailar.

Los zapateros esclavistas eran los que no sabían dar vida a los zapatos y los vendían a los extranjeros que llegaban de fuera. no sabían bailar y esclavizaban a sus zapatos hasta desgastarlos.

Los extranjeros no duraban mucho porque no tenían ritmo en el cuerpo y no podían caminar por las calles que siseaban y cantaban en escalas y armónicos. A ritmo de rap, de vals, de tango y rock and roll.

Por eso cuando Pedro vió a Madera Dedosligeros dirigirse hacia él, no pudo escaparse de la sorpresa.

Soy Madera Dedosligeros de la familia 88 teclas tiene un piano le dijo. Estaba buscando al “Gran Teatrodanzante” ya que no estaba donde se encontró con él la última vez y cuando pregunto a un pentagrama que colgaba en un balcón, este le recomendó que hablara con él.

Pedro zapatodeclaque estaba asombradísimo, era al primer extranjero que veía bailar por los cruces de calles, baldosas deslizantes y adoquines de tropezones sin caerse y además no sabía lo que era un pentagrama. ¿Cómo era posible que un pentagrama supiera que él conocía al dedillo los movimientos del Gran teatro?

Dedosligeros le explicó que los pentagramas sabían mucho de música y que lo observaban porque les gustaba mucho los ritmos de claqueteo. Muchas veces recogían sus notas y las colgaban en sus balcones.

También le contó  que venía de ciudad conservatoria y traía una obra maestra para el Gran teatrodanzante, por eso quería verlo. Los pentagramas le habían contado como había perdido a su hermano gemelo. Si el le ayudaba a encontrase con el gran Teatro, él le presentaría al mejor zapatero remendón de la historia, capaz de darle vida a los mejores bailadores.

Y así fue como Pedro zapatodeclaque volvió a tener un hermano gemelo izquierdo.

Cuando Pedro fue a agradecer al zapatero remendón aquella nueva oportunidad no pudo creer lo que le dijo.

Aquel zapatero se llamaba Zorro Deaudífonofino y desde que oyó una noche su claqueteo debajo de un puente no había parado de buscarle. Había dejado infinidad de mensajes por allí y por allá y cuando Dedosligeros le hizo el encargo no pudo ser más feliz. Estaba impaciente por presentar a Pedro y Paco Zapatodeclaque al “Gran teatrodanzante”.

Sobre el espectáculo que se hizo entre la familia susurrodelvientodeloeste, los hermanos zapatodeclaque para el concierto de ciudad conservatoria, todavía  se habla años más tarde, como la noche de la magia blanca.

 

 

 

 

BAILANDO

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“Ella era el silencio del aire en una habitación llena de extraños. Viajaba por cada arruga de la tierra, por cada poro de la existencia. Se dejaba balancear, y de vez en cuando posaba su quietud en otro mundo, brevemente, con cuidado, de nuevo dando pequeñas pinceladas a una realidad que era irreal porque solo existÍa fuera. Ella decía que se llamaba observar, tocar, cantar, oler.

Era niña, era anciana.

Era que era una PERA.”

“El aire recorre mi piel, salvo el aire de mis ojos. A través de mis ojos lo de fuera esta dentro pero no a la inversa. Dos huecos llenos del todo que esta fuera. El aire hace ser pájaro a mi voz, colarse por todo, para otra vez volver a mi, a través de mis ojos. Reconozco, me reconozco y por eso me nombro como Patricia. Puedo mirar con cuidado. Doy pinceladas a ese cuadro que estoy viviendo”

 

Ciudad Conservatoria

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Hace muchos, muchos años… Madera Dedosligeros de la familia  “88 teclas tiene un piano” era un explorador conocido en el mundo entero. Bueno, en realidad, solo en la parte del mundo que se conocía; porqué en la época del explorador Madera no todo el mundo conocía a todo el mundo y había muchos lugares y personas por descubrir.

En uno de esos viajes  Madera Dedosligeros  llegó a una ciudad amurallada con el nombre de “ciudad conservatoria” grabado en el portal de entrada.

Llamó a la puerta y menudo susto se dio cuando le abrió la señora Clave de Fa. Entro a la ciudad y sus ojos parecían dos soles menores del asombro.

La ciudad era un laberinto de ríos, canales, fuentes y cascadas que salían por aquí y por allá, entre árboles gigantes que crecían por todas partes y en todas direcciones. Algunos árboles hacían de tejados otros de ventanas y había algunos incluso que caminaban, pero tan despacio, que había que esperar un rato para darse cuenta.

Entre toda está selva de casas y aguas y árboles destacaban cuatro árboles muy ancianos y muy nobles que sujetaban un gran piano gigante. Algunos lo confundían con un órgano  de catedral pero Madera Deddosligeros, había viajado mucho y sabía que los órganos tenían grandes tubos de aire que soplaban las notas de las teclas.

¿Quién podría ser el gigante capaz de tocar aquel piano?

Por la ciudad no había gigantes. Por sus calles y ríos se paseaban todo tipo de notas, renotas, claves, escalas, armónicos, sonatas, corcheas y hasta semicorcheas. Había pentagramas que colgaban en los balcones esperando y ofreciendo te y pastas a los transeúntes: jóvenes clarinetes correteando, señoras contrabajo, señores saxofón y todo tipo de personajes musicales charlaban y musicaban sin parar.

Aunque lo que más le sorprendía a Madera Dedosligeros era que todo ese parloteo y musiqueo no era un ruido ensordecedor, sino un suave silencio que sonaba en armonía justo dentro de su corazón. Sí ponía atención podía oír el ritmo de su corazón acompasando el balanceo de la señorita viola que pasaba a su lado caminando.

En ese silencio podía oír el redoble de sus pisadas que se unían a las percusiones de un cuarteto de timbales que estaban desayunando en la terraza de un bar.

Su respiración se agitaba y brotaba un armónico cuando escucho a una trompetista que se asomó a una ventana a saludar al nuevo día.

Madera dedosligeros con sus ágiles dedos haciendo honor a su nombre, tamborileaba sin parar una canción con sabor a madera.

Estaba maravillado con aquella ciudad. No salía de su asombro, cuando se encontró con la señora Agua Pentagrama. Resultó que la señora Agua era la filósofa y maestra de aquella ciudad. Ella era esbelta y alta como un pentagrama en vertical, que cuando caminaba se movía ondulante como un río. Su cuerpo tenía un esqueleto de hielo y parecía estar cubierto de infinitas gotas de rocío transparente que cuando la mirabas bien, resulta que eran infinitas notas musicales.

La señora Agua le explicó a Madera que su función era almacenar y guardar toda la historia musical del pasado para animar a sus alumnos a buscar y crear, las infinitas nuevas posibilidades musicales del futuro.

La señora Agua era muy curiosa y le gustaba mucho hablar con los viajeros. Enseguida le llevó a la escuela que era grande como una catedral, donde los cristales de las ventanas eran gotas de agua que tintineaban y cantaban entre corcheas y claves, cayendo sin parar. El Tejado era una gran cascada que hacia de bóveda y que caía en un abismo tan profundo que no se alcanzaba a oír el agua al chocar contra la tierra. Era la primera cascada casi silenciosa que Madera había visto en su vida. Las melodías de sus aguas variaban según la fuerza del sol. El sol evaporaba el agua y hacia que ese vapor se convirtiera en susurros o en gotas que caían, repiqueteaban y tamborileaban sin parar en los teclados que abundaban por toda la escuela. Todos los pianos tocando a la vez, reproduciendo las aguas y sus escalas.

La señora Agua comenzó a preguntar y preguntar sin parar y de tantas preguntas que hizo, se emocionó tanto, que ella misma  provocó un torbellino en su cuerpo de agua. Se mareo y cayó al suelo desmayada, como un charco de agua estancada.

Madera necesitó de mucha paciencia. Pidió ayuda a unos jóvenes platillos de batería para recoger todas las notas del charco. Los platillos se pusieron como si fueran una escalera y dejaron caer el agua poco apoco como si fuera una cascada. Un diyeridu sopló al agua que caía y logró enfriar los pensamientos de la señora Agua para que su esqueleto de hielo pudiera recuperar su forma vertical y volviera a ser ese pentagrama vertical y ondulante tan parlanchín y fascinante.

La señora Agua Pentagrama después de enseñarle la escuela le llevó a ver al Señor Fuego SolMayor.

El señor Fuego llevaba de sombrero un cucurucho de luz al revés porque era un mago, que con su magia dirigía los conciertos de la ciudad. A veces, de la punta de su batuta salían rayos hacia los músicos que indicaban a los percusionistas su entrada, justo en el momento de la Overtura de la tormenta. Otras veces, salían estrellas que inspiraban universos de notas a las flautas o con su batuta dibujaba olas en el aire que seguían los violinistas con sus arcos.

El señor Fuego además, recibía a los viajeros , los exploradores Escuchaba todas las nuevas noticias musicales que le contaban y gracias a su intuición veía con claridad lo que podía servir como inspiración para cada uno de los músicos y lo apuntaba todo en su atril mágico. En cuanto vio al nuevo explorador lo interrogó sin parar y Madera Dedosligeros le contó gustoso de sus viajes:

En el norte, aprendió el lenguaje de las ballenas que el señor Fuego enseguida lo vio perfecto para los gemidos y sonrisas de los jóvenes instrumentos de cuerdas.

En el Este, cantó con los pájaros el idioma perfecto para las flautas, clarinetes y demás vientos.

Al oeste, en el reino del rey Zirkus conoció al mejor bailarín del mundo al que llamaban ciempiés por su manera de zapatear. Ritmos para los percusionistas de la madera.

Y en el Sur, donde el sol más calienta, vivió en armonía con los monjes caminantes del fuego. Una tribu que para atraer la lluvia, saltaba en grupos, creando tormentas de acordes y músicas celestiales para comunicarse con los espíritus de la naturaleza.

Cuanta información. El señor Fuego SolMayor brillaba de emoción y casi se quema con tanta excitación.

Era necesario visitar a la señora Tierra Serenata. Ella siempre andaba entre fogones y se encargaba de dar de comer a toda la ciudad. Solo ella era capaz de unir a todas esas ideas locas y extravagantes del señor Fuego y convertirlas en el alimento perfecto para los músicos.

La señora Tierra Serenata era una persona calmada y centrada.

Manejaba los condimentos a la perfección y si una escala daba saltos sin ton ni son, le preparaba una tila y pisaba el pedal izquierdo de su piano para relajarse. Si una trompeta hacia pucheros de tristeza le ponía gengibre y pisaba el pedal derecho de su piano para calentar su corazón.

Era la única capaz de pacificar y unir  una tecla negra con otra tecla blanca que como estaban distanciadas en tonos y semitonos  a pesar de estar enamoradas no conseguían entenderse.

La señora Tierra vestía a la negra con melodías de la blanca y viceversa de manera que al combinarse podían encontrar esa música de enamorados que a las teclas tanto les gustaba.

La señora Tierra Serenata sonrió cuando vio llegar al señor fuego con todos aquellos jóvenes músicos  alborotados, llenos de ilusión para hacer un gran concierto pero un poco confusos porque no se entendían entre ellos.

Enseguida se puso manos a la obra, en una gran cazuela metió unas cuantas corcheas y semicorcheas de la señora Agua Pentagrama, unas cuantas ideas brillantes de colores del sombrero del señor Fuego Solmayor y después añadió todas las teclas de regaliz, de fresa, chocolate y de todos los sabores que su piano dorremifasollasido tenía.

Espero unos instantes y dio la pócima mágica a los jóvenes estudiantes, consiguiendo unificar a todos los jóvenes instrumentos en un solo lenguaje musical común. Respirando y sonando como uno solo.

Cuando terminaron de tocar, La señora Tierra Serenata les recomendó visitar al señor Metal Cuerdafina Hijo de Metal Cuerdagruesa.

Este era el alquimista de la ciudad. El señor Metal también vivía entre pucheros y sartenes además de tubos de ensayo y tenía un secreto: conocía los secretos más escondidos de todos los habitantes de la ciudad.

Cuando llegaron los jóvenes todos iguales, se puso contento porque todos hablaban el mismo lenguaje musical y enseguida supo que secreto debía susurrar en el oído de cada uno de ellos, para que todos y cada uno de ellos encontrara su propia melodía extraordinaria.

Cuando ya cada uno supo de su secreto, el señor Metal Cuerdafina llamó a los jóvenes pianos para que le acompañaran y la misma melodía que mostró a todos, sonó a fuego en el pianista que tocó desde el fuego de su corazón. Sonó a tierra en el que tocó desde la calma de su centro. Sonó a agua en el que tocó desde la danza de sus dedos. Sonó a madera  en el que tocó desde el caminar de su pisada y sonó a metal en el que escribió las ideas de su música.

Madera Dedosligeros pidió por favor, si el también podía escuchar cual era su secreto más profundo y el Señor Metal así le dijo:

Cuando quieras encontrar el sonido de tus palabras, de tu música deberás escuchar el latido de tu corazón y con ese ritmo y esa calma te convertirás en el director de la orquesta e igual que el señor Fuego, podrás dejar que salga la magia de las notas que solo tu escucharás en ese momento. En silencio y respirando suavemente solo tu serás capaz de escuchar tu corazón, cada vez que quieras que tu música sea única e infinita.

Todos salieron contentos y se despidieron porque tenían que prepararse para el concierto de despedida del Explorador Madera Dedosligeros que les había traído buenas nuevas que el Fuego había recogido, la Tierra había unificado, el Metal había personalizado y ahora el Agua almacenaría después del concierto, para que la Madera saliera a cantarlo por el mundo.

El concierto fue maravilloso. Cuando el Fuego y el Agua se encontraban la música se hacía vaporosa y rociaba sus pieles bañándolos  con los aromas de la Tierra que condimentaba con sus cantos que vibraban con las resonancias de los gongs que el Metal entremezclaba al son de los fuegos artificiales que salían de la batuta del señor Fuego.

Los cinco elementos bailaron y sonaron durante toda la noche y todo lo que hicieron quedó en la memoria del agua de su ciudad, con la que el señor Leño Madera siempre sueña con volver.

 

 

 

 

 

 

 

12 días de poesía cuasitaoista.

 

 

 

12 DIAS

 

1

En el tiempo de la espera,

renace el recuerdo del tiempo de la esperanza.

Con el tiempo de los recuerdos,

se unen los hilos de la hebra de nuestro querer

que es ahora amor.

En el tiempo compartido de tornados y brisas,

de caricias que han sido sonrisas

se ha forjado la invisibilidad de la distancia

que nos mantiene en el mismo espacio,

en el mismo palpitar de la existencia.

Donde a pesar del tiempo,

uno más uno, es uno.

Somos uno.

—————————

2

MEJOR DOS

En la espera, el tiempo se detiene.

La unidad. La quietud. El todo.

Sin embargo,

en el movimiento está el misterio.

En el movimiento está el gozo del descubrimiento.

Solo sentir,

solo amar,

solo estar.

Solo, es demasiado.

Mejor dos, que es menos.

Mejor dos que te permite sentir,

que te permite amar,

que te permite estar para el dos,

incluso, quizás para el tres,

o para el cuatro,

o finalmente también,

para el todo.

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3

Es la magia del destino, la espera.

En el tiempo de los susurros y las caricias,

un destello de vida

se abre paso en el laberinto de los deseos.

El espacio que los separa

es eterno, es presente,

anula el tiempo,

es ausente.

 

No queda tiempo entre tu piel y mi piel:

TRES

———————————————

4

Lau haizetara dice la canción.

Nace una mirada que grita ese sentimiento.

El calor desborda el palpitar de mi alegría cuando me toca,

Inhalo un suspiro de aliento de vida que lo alimenta.

Escucho su música en el tintineo de la lluvia cuando paseo por las sombras.

En silencio, en el espacio vacío, en mi centro oigo el susurro de las cuatro paredes que alimenta el secreto de nuestra unión:

 

Ese sentimiento

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5

El sabor de la tierra que desprendes al caminar,

se hace tacto en el aire al bailar

y fluyen los ríos de tu cintura,

que ondulan al viento el porte de tu presencia.

 

Es la luz de tu esencia la que llena tu ausencia.

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6

MÍSTIKA

Viajo en el tiempo de tu ausencia,

acumulando espacios vacíos

que pesan en mi memoria

para deleitarme en los detalles

de tu fragancia,

como sutiles imágenes que cautivan

la mística percepción

de un sexto sentido

que me deleita

con el gozo de tu llegada,

más allá,

del tiempo de tu ausencia.

—————————-

7

Es la alquimia que surge del caldero,

quien me sostiene.

En el filo del camino recorro

los cañones que conducen los ríos

de mis sentimientos.

La luz de sus cielos, me mantiene

despierto en los atardeceres,

sacándome de las tinieblas

cuando llego a la bifurcación de los siete caminos:

 

alegría, Ira, Preocupación, Tristeza, Pensamiento, Miedo, Conmoción.

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8

Infinito no es un número.

Es la realidad última de su movimiento.

Ondulante, desde el suelo al

salto fuera de la gravedad.

Rodando, deslizándose.

Equilibrios de pasos, giros y caídas premeditadas.

La realidad de su movimiento en un eterno presente

que convierte el infinito caído,

en la esbelta silueta del número 8 donde

puedo asirme  a su cintura

de apoyos, caricias y abrazos eternos.

 

Es el sueño del baile eterno

donde no existe el tiempo,

solo el espacio de nuestros círculos

abrazados al infinito.

—————————–

9

En el estomago una sensación de vacío,

podría ser hambre pero no lo es.

En el pecho un pulso,

como un sutil pinchazo discontinuo.

En la cabeza una nebulosa,

como un recuerdo latente que no termina de llegar.

A ratos levanto la cabeza de golpe,

mirando a todos lados,

renazco por un destello de luz

confundido con el encuentro del tiempo.

Llego a casa, son las nueve

y sonrío con el residuo del recuerdo

que atesoro en mi cuerpo,

aunque nostálgico y resignado,

porque el silencio me recuerda

que aun estamos en el tiempo de la distancia.

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10

En el 10 se sitúan el uno y el cero.

El espacio vacío que deja tu huella en mi.

Y el tiempo completo que deja tu huella en mi.

Dos huellas, dos pasos

y el baile de la vida que nos lleva

a ser uno,

ser círculo sin fin.

Caminando sobre huellas,

caminando sobre pasos.

de pasado y el futuro.

Añoro el presente.

Aroma, tacto, música, sabor y

tu luz.

———————————

11

Dos líneas en paralelo.

Parecerían no destinadas a juntarse.

Un giro menor a 360 grados.

El comienzo de un círculo.

Un cruce sobre ellas mismas.

Del círculo a la cuadrícula.

Otro giro seguido de infinitos giros.

Infinitos cruces de encuentros.

De uniones y conjunciones.

Enhebrando la red un camino tridimensional.

Dos líneas, dos raíles.

El sustento de una línea,

el tren de una vida.

Llega del universo de los infinitos unos indivisibles

que son uno,

al mundo de los dobles uno,

que son uno.

————–

12

En Primavera, el viento y la madera

consagran su unión

con el verde manto de la vida.

En Verano juegos de luz

despejan las sombras

de las dudas.

En Otoño los tintes

de la pasión

siembran los frutos

del futuro.

En invierno

el punto de la partida

acoge la llegada

del final.

Un ciclo de vida y muerte

12 meses.

12 días.

12 respiraciones.

El Uno inspira, el Dos expira.

Ahí.

Más cerca que tu respiración.

 

.

El espíritu fantasma


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Cuando lo conocí no imaginé que mi vida pudiera cambiar tanto. Es cierto que el espíritu fantasma me tenía atrapado en una espiral de dolor y sufrimiento que no me dejaba vivir y  todo a mi alrededor me pedía un cambio de costumbres.

 

Era el año 2.121. Las enfermedades del siglo XX gracias a la nanobiotecnología habían desaparecido y la única enfermedad llamada popularmente espíritu fantasma, no era reconocida por los gobiernos como enfermedad.

 

Aquellos que como yo, ocupábamos puestos de poder económicos, podíamos acceder a la tecnología más allá del paquete básico que se implantaba a toda la población al nacer.

 

Quitando las roturas y golpes que los cirujanos se dedicaban a cortar y pegar el resto de enfermedades eran reguladas por este programa básico de nanobios que podían detectar cualquier anomalía química y restaurarla en pocos minutos.

 

Los que podíamos pagar, podíamos aumentar a voluntad y sin límites nuestras capacidades olfativas, acústicas, visuales y físicas en general de manera que mientras la población trabajadora era cada vez más uniforme y sin personalidad, a la vez que eficiente, gracias al paquete básico, nosotros podíamos diseñar el cuerpo perfecto según nuestras preferencias.

 

Por supuesto había una ley que regulaba todo esto pero como bien decía Bi-Otz Sagastume, el personaje al que debo agradecer mi vida, tal cual es hoy y de quien me gustaría contar su historia: -“ todo esto dependía del grosor de tu talonario”.

 

Y sin embargo, a pesar de toda la tecnología de nanobíos que podía implantarme en el cuerpo, el espíritu fantasma no hacia distinción entre ricos y pobres. El 90 % de la población lo padecía en mayor o menor intensidad y cuando te atrapaba ya no te soltaba. El gobierno que no podía admitir ante la población que su programa de salud de nanobios era un fracaso, investigaba constantemente en secreto para paliar los efectos del espíritu fantasma; que  no solo recibía dicho nombre porque no existía oficialmente, sino porque sus síntomas aparecían y desaparecían sin seguir ningún patrón, ni ciclo, ni causa reconocible. Un día no podías levantarte de la cama, otro estabas hiperactivo con todo tipo de convulsiones y tics que no podías disimular, otro con fiebres que iban y venían y que volvían locos a los nanobios encargados de mantener tu temperatura estable. Los síntomas abarcaban casi tanta variedad como personas diferentes lo tenían.

 

La primera vez qué escuche a Bi-Otz, fue en una conferencia que el título decía:  “El espíritu fantasma: el esclavismo del siglo XXII”  y sus primeras palabras después del buenas tardes de rigor, fueron: “- El espíritu fantasma no tiene cura” y los cinco minutos siguientes se quedó en silencio, sonriendo y mirándonos.

Los murmullos y comentarios fueron creciendo mientras la impaciencia hacia mella en nuestra perplejidad y sorpresa ante el silencio de un conferenciante que parecía haber acabado su conferencia con una sola frase.

Por fin, alguien se atrevió a preguntar: ¿ Es por ello, qué usted afirma que en el siglo XXI nos hemos convertido en esclavos?

Me alegro que hayas intentado hacer una pregunta inteligente pero lo que os hace esclavos es vuestra tecnología, impaciencia e incapacidad de responder a vuestras propias preguntas.

Ahí empezó la conferencia que volví a oir 6 veces más, hasta que me atreví a abordarlo para hablar con él.

Le había seguido por diferentes ciudades de Europa y decidí presentarme personalmente para poder preguntarle directamente por su sistema, sobre el que solo se dedicaba a exponerlo como una solución pero sin mostrarlo.

Me inventé una falsa personalidad de periodista para entrevistarle. Le pregunté directamente en que consistía su método y me pilló en renuncio a la primera, devolviéndome la pregunta: “después de asistir a mis últimas 7 conferencias, usted, ya conoce la respuesta ¿No?”

La gran ventaja de los nanobíos era que el ser humano había pasado a ser un superhombre gracias al desarrollo de sus sentidos exponencialmente. Podíamos oír mejor, ver mejor, éramos más rápidos, más fuertes, más flexibles, podíamos regular nuestra temperatura, el color de nuestra piel y muchas otras sofisticadas maneras de transformar el cuerpo humano.

Y su respuesta a este avance era volver a la prehistoria y eliminar toda la tecnología de nuestras vidas. Eso era un sin sentido, le contesté.

Según él, el espíritu fantasma era una enfermedad del alma y nunca podríamos eliminarla desde el tratamiento, solo del cuerpo.

Traté defenderme, argumentando que con la nanobiotecnología habíamos conseguido aumentar la esperanza de vida a los 120 años y todavía no se conocía su potencial.

Una sonora carcajada me dejó temblando y acto seguido me contestó:

-       “ ¿A lo qué usted hace, le llama vivir? “-

Viendo la palidez de mi cara y ante una inminente recaída, me puso una mano en un hombro, después suavemente me abrazó y después de un eterno minuto de visiones y sensaciones totalmente desconocidas para mi, me invitó a tomar un té.

Puedo afirmar que fue un minuto porque lo que para mi fue una eternidad el me explicó que no fue más que un minuto fuera del tiempo.

En aquel entonces, no lo entendí pero hoy es el día, que ya el tiempo fuera del tiempo forma parte de mi.

En mi primera charla con él me explicó que él no tenía ni siquiera el programa básico de nanobíos implantado y por ello podía decir lo que decía con toda certeza. Yo no lo creí, aunque no se lo dije. El programa básico era obligatorio para toda la población desde el nacimiento y además era imposible tal como yo había visto  en sus conferencias, que oyera hasta los más leves susurros de la gente que yo solo podía oír gracias a mis implantes.

Cuando asistía a sus conferencias gracias a la alta tecnología que tenía en mi cuerpo podía reconocer a los de mi mismo rango o superior, que eran casi siempre muy pocos o ninguno, quitando a los policías secretas que siempre estaban presentes en sus conferencias.

Al terminar el té, me hizo una pregunta: ¿De verdad quieres aprender?

Yo le contesté que sí, aunque no tenía claro donde me estaba metiendo y aunque seguramente él supo de mi duda, me admitió la respuesta como verdadera y ese final, dio paso a 2 años de conversaciones y practicas que me condujeron 10 años después a este lugar en que me encuentro.

En el segundo encuentro con el fin de captar mi sincera atención me explicó que el venía de la época en que el ser humano parecía que estaba evolucionando en una nueva dirección más espiritual, de mayor conciencia y comenzaron a parecer todo tipo de técnicas a cada cual más extraña, que prometían la iluminación y con ello una salud admirable y poderosa. Todos hablaban del amor, de la conciencia, del absoluto, de dios, del tao, del prana, de los ancestros, de la unidad, del vacío, del infinito, de la rendición, de la aceptación y yo que sé cuantas más palabras convertidas por el ego humano en transcendentales. Todos aprendían a sanarse y querían sanar a los demás. Todos querían ser sanadores, nadie quería vivir. Nadie quería ser panadero, agricultor, electricista. Aprendían una técnica en un fin de semana, en un mes, en un año y ya estaban dispuestos a difundir la buena nueva.

En eso estaban cuando los gobiernos y las farmaceuticas implantaron la vacuna universal. Los nanobíos. La salud y el superhombre. Todos aquellos que supuestamente tenían la solución a los problemas del hombre abandonaron su práctica y abrazaron la nueva religión: el cuerpo como alma inmortal. Todos decidieron posponer el encuentro con su alma al momento de su muerte y cuanto más tarde mejor.

-       “ Yo seguí practicando “ – me dijo.

Eso fue hace 200 años le contesté, no podría estar vivo. Se encogió de hombros y sonrió.

A pesar del desconcierto seguí viéndolo y comencé a practicar con él. Primero me hizo ver sin ver. Tuve que eliminar los nanobíos que tenía implantados para mejorar la visión. Descubrí un nuevo mundo. La textura del aire cambió y lo traslucido y lo opaco cobraron otro cariz.

Después me enseño a tocar sin tocar y las densidades se multiplicaron a pesar de haber eliminado los nanobios del tacto.

Después me enseño a sentir sin sentir. La música apareció en mi vida. Las infinitas vibraciones de todo cuanto me rodeaba me descubrieron un universo infinito que cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, cambiaba y mi atención se simplificaba a la idea de lleno y vacío, equilibrando mi percepción sobre lo relativo de lo que es bueno y lo que es malo. Lo qué ahora podía estar vacío acto seguido podía estar lleno.

Después me enseño a hablar sin hablar o más bien a escuchar y compartir el espacio que nos envuelve.

Y justo antes de irse me enseñó el camino que debía seguir para  a vivir en el tiempo fuera del tiempo.

A lo largo de esos 2 años, muchas veces, le seguí al final del día, hasta que descubrí donde vivía. Nunca me invitó a su casa y hasta que no sé fue por primera vez, creí que se debía a que vivía en una mansión destartalada por el paso del tiempo y quizás se avergonzaba de ello.  Desde fuera parecía deshabitada y de hecho un cartel de “se vende” colgaba en una ventana. Era una mansión entre mansiones en mitad de un paseo, en mitad de la ciudad, frente al río. El jardín estaba abandonado sin embargo mantenía una cierta armonía a pesar de que nunca ví a nadie cuidarlo.

Al final de esos dos años, los últimos tres meses faltó a su cita mensual y decidí ir a su casa. No pude ver ningún indicio de vida ni de movimiento y me atreví a empujar la verja de entrada. Toque en la puerta y ante la ausencia de respuesta. Empujé. Se abrió y entré.

La casa estaba vacía. Vacía en todos los sentidos. Solo quedaban en pie los cuatro muros, formando un patio interior como si fuera el claustro de un monasterio. Había vegetación desordenada pero al igual que el jardín se mantenía ordenada como si alguien la cuidara, sin embargo estaba claro que allí no se podía vivir.

A los tres meses volvió a aparecer al café para despedirse según dijo. Se le había olvidado.

 

Yo no entendía que quería decir con despedirse y si se iba qué sucedería con mi aprendizaje.

 

Según su manera de ver, no había nada que aprender. En su día me preguntó si yo de verdad quería aprender, para poder motivarme a deshacerme de toda la tecnología que tenía en el cuerpo.

 

Lo que me había mostrado no eran más que trucos y consecuencias de la práctica de ser. Para vivir, para ser no son imprescindibles y antes de despedirse me dio un último consejo:

 

Todos los días siéntate en silencio correctamente como te he mostrado. Te ayudará. Sin embargo lo más importante es que camines en silencio, que escuches en silencio, que mires en silencio, qué sientas en silencio y qué cuando tengas que hablar lo hagas en silencio.

 

No me conformé con este consejo y cuando se fue lo seguí hasta la casa y cuando él entró, también le seguí en silencio y para mi sorpresa él no estaba. No habían transcurrido más que unos segundos y entonces pensé que el truco estaría en que entraba por una puerta y salía por la otra, sin embargo solo había una entrada y una salida. Busque y rebusque por todo el interior algún tipo de salida, escondrijo o pasadizo, pero no encontré nada. Al final me senté y durante unos breves segundos sentí y supe que el estaba allí. Sonreí, salude y al día siguiente dejé mi trabajo para dar conferencias por todo el mundo sobre: :  “El espíritu fantasma: el esclavismo del siglo XXI”

 

Hoy 10 años después comienzo a comprender sus palabras, su vida en esta vida. Todos los días al anochecer entro en su casa que se ha convertido en mi casa, en el tiempo fuera del tiempo. A veces volvemos a hablar.

 

La banda del cangrejo

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La banda del cangrejo vivía en un pequeño pueblo costero de un lejano país: La india.

Eran 9 cangrejos y cangrejas: Yule, Irune, Maider,Mikel,. Ander, Irati, Maialen, Sua y Aritz.

Y vivían cada uno en sus casas de piedra y mar con todos sus parientes de padres, madres, abuelos, tíos, primos, hermanas.

A la banda del cangrejo les gustaba la música y bailar. Todos los lunes se juntaban en la playa y con la cangreja mayor convertían la música en una fiesta.

Construían túneles y toboganes y castillos y laberintos en la arena. La cangrejo mayor, a veces los dirigía con una batuta en sus pinzas, otras utilizaba su cuerpo de tambor; a veces balanceaba su cabeza y sonaba como una campana. Con sus 6 patas bailaba zapateando y con sus pinzas chasqueaba los dedos.

Si la cangreja mayor, hacía todas esas cosas y más… imaginaos lo que hacían los 10 cangrejos a la vez. Música para el mundo. ¡Claro!.

Un día llegó a Soraie, (el pueblo de los cangrejos), un circo. Qué alegría. No se lo podían creer. Estaban los trapecistas, los malabaristas, los acróbatas, los payasos y para su sorpresa, había dos tigres. Elegantes y feroces. Con  101 rayas en su piel.

Los tigres se movían en silencio, muy despacio y cuando alguien se acercaba, le miraban fijamente y le enseñaban sus afilados dientes. Si alguien se acercaba mucho, lanzaban sus garras al aire y rugían ferozmente. Daban mucho miedo.

Desde la playa se veía la jaula de los tigres en el borde del acantilado,

La banda del cangrejo no entendía porque los tigres estaban en el circo. Los tigres pertenecían a la selva y por eso decidieron ir a verlos de cerca.

Cuando la banda del cangrejo llegó, los tigres rugieron. Los cangrejos empezaron a castañear sus pinzas  por el miedo, pero como eran grandes músicos, de sus pinzas salieron los ritmos de una canción que a los tigres les dejo primero mudos y luego sonrientes. Comenzaron a bailar como bailan los tigres cuando están contentos y cuando la música paró, pidieron más.

Así se hicieron amigos los cangrejos y los tigres y así supieron que habían sido enjaulados y obligados a trabajar en el circo.

Aprovechando la noche, los cangrejos antes de que cantara el gallo, habían abierto la cerradura.

Los tigres eran ya libres, solo tenían que saltar, pero cuando los tigres se asomaron a la puerta, vieron que tenían que saltar al mar y todo el mundo excepto los cangrejos sabía que a los tigres les da miedo el mar.

Porque en la selva no hay mar y cuando vieron tanta agua que rugía y golpeaba con sus olas las rocas, los tigres que eran los más valientes de la selva, tuvieron miedo a lo desconocido.

Los cangrejos que no se daban por vencidos, se cogieron todos de la mano y los que estaban en las esquinas pellizcaron y se agarraron a las orejas de los dos tigres. Les explicaron que el mar era blando y que para nadar en el, solo tenían que relajarse y hacer música con su cuerpo y con su boca. Ellos les ayudarían a nadar.

Y todos a una saltaron y nadaron, al ritmo de aaaaa…fuuuú, aaaaaa…fuuuú, aaaaa..fuuuú… Inspirando y expirando mientras flotaban relajados y movían sus patas hasta llegar a la orilla.

Los tigres que no sabían como dar las gracias infinitas, muy suavemente con sus afiladas uñas hicieron 101 rayas en los caparazones de los cangrejos y por eso hoy en día, todo el mundo conoce a la gran banda de música de los cangrejos tigre.

 

 

 

 

 

 

 

 

EKAITZA

 

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Sucedió una vez, en una casa que se encontraba bajo la montaña.

 

Había una niña a la que su madre le puso el nombre de Ekaitza, que significa tormenta. Ella no entendía porque le habían puesto ese nombre, ya que las tormentas le daban mucho miedo.

 

Un día mientras caminaba por el bosque escuchó a unos árboles que no sabían hablar en el idioma de los hombres pero que susurraban al viento. Sssssssiii….. Sssssssuu Ssssssaa Ssssssee…Estaban hablando allí arriba donde las hojas tocaban el sol con sus hojas más altas, ya que el viento tenía prohibida la entrada en el bosque bajo.

 

Y decían que habían oído al eco:  eco,eco,eco,cccccccooo, que venía una tormenta. Ekaitza corrió rápidamente a las afueras del bosque donde podría oír al eco frente a la montaña.

 

Al Eco que le gustaba mucho jugar, le enseño el juego de los nombres. Un sistema infalible para saber cuando llega una tormenta.

 

- Es muy sencillo, verás: solo tienes que meter la mano en el bolsillo y apretar con fuerza. Ahora sácala muy rápido y ábrela más rápido.

 

Y zásss, Zissss, Zassss… salió un rayo de su mano.

 

- Ahora corre a buscar refugio y párate cuando oigas al trueno: ratapum, ratapum, ratapum…

 

Muy bien. Ahora vuelve a soltar un rayo y mientras corres repite tu nombre como si fueras tú el Eco.

 

 

 

- Zass, Zisss, Zasss…..  Ekaitza, Ekaitza, Ekaitza, tza, tzaaa…

 

 

 

- Bien, otra vez: Preparada…! Lista… Ya…!

 

Ekaitza soltó el rayo que se escondía en su bolsillo y contó hasta 8 veces su nombre antes de oir al trueno. El Eco le explicó que eso quería decir que la tormenta estaba lejos.

 

Solo, si en el tiempo que pasaba entre ver el rayo y oir al trueno, podía decir una sola vez su nombre, quería decir que la tormenta estaba muy cerca y era peligroso.

 

Ekaitza se fue muy contenta a su casa porque ahora sabía cuando tenía que buscar refugio en una tormenta y cuanto tiempo tenía, aunque todavía le preocupaba que en su bolsillo se escondieran tantos rayos y tormentas.

 

 

 

Menos mal que su madre le explicó después, que  los rayos no siempre se esconden en los bolsillos y salen por las manos.  Muchas veces, cuando las gotas de la lluvia tin, tintin, tintinean canciones, las nubes se ponen tan contentas que sonríen y se les escapan los rayos escondidos y luego los truenos tienen que ir a buscar a sus hermanos para que vuelvan al cielo. Por eso sabemos que después de un rayo siempre viene un trueno a buscarle. Si vemos caer un rayo podemos correr en dirección contraria y podremos encontrarnos con un trueno  que redobla en la tierra saliendo a buscar a su hermano.

 

CHAMAN

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Cuando escucho los latidos de mi corazón retorna el ritmo de los tambores y cascabeles  de los músicos danzando antes de partir a este encuentro. Mi caminar por el bosque se vuelve ligero y dibuja las runas de mi piel volando y danzando por el aire, pisando entre la tierra dulce, alfombrada de musgos en esta sombría cara norte de la montaña y saltando entre los troncos de estos gigantes,  testigos de un tiempo, madre y semilla de otros tiempos.

Llego a lo alto y el sol en el horizonte de otras montañas, abuelas de ese otro tiempo de los árboles, me muestra la densidad etérea de sus cuerpos fundiéndose en el espacio.

Miro más cerca y los árboles recortados contra el cielo también me muestran el esplendor de su espíritu. Una bruma que dibuja sus contornos, casi estática, hasta que comienza el diálogo de los destellos sutiles acompasados por el viento. Me doy cuenta de ello cuando veo a los pájaros envueltos en sus pequeños soles que irradian destellos de unos a otros. Los árboles como uno solo apenas se esfuerzan en comunicarse en la distancia; prefieren el claro vibrar de la tierra en sus raíces.

Adelanto mi mano para acariciar la fragancia de las hojas más cercanas y veo con claridad el contorno que también acompaña a mi mano y soy consciente de que la visión ha comenzado. Puedo sentir el tono vibrante de mi cuerpo y puedo percibir la tristeza del final del día. La perdida del sol y su calor en el horizonte. Puedo sentir la ansiedad por despertar un nuevo día. La oscuridad y el temor se aferran a mi. Cierro los ojos y puedo ver todavía la luz en los árboles, en las plantas, en los animales del bosque. El ulular de un búho me hace abrir los ojos y la luz blanca y tenue de los espíritus que me rodean siguen ahí. Todo en este bosque luce a la luz de la luna y las estrellas aun sin ser noche cerrada todavía. Todos los seres resplandecen desde su interior como esqueletos etéreos de urdimbres entretejidas entre sí, charlando y compartiendo su luz como sentados al borde de una hoguera, donde los Cuentacuentos hablan del tiempo que les ha tocado vivir.

De mis manos salen radiantes haces de luz pálida que semejan plumas que acarician mi piel. Golpeo suavemente este otro cuerpo que me envuelve, queriendo sentir estas plumas y este retumba más allá de mis oídos. Tamborileo por todo mi cuerpo y la danza vuelve a mi. La luz de mi cuerpo más allá de mi cuerpo que antes era opaca y que albergaba tristezas, iras, ansiedades y preocupaciones comienza a brillar al sentir la alegría, la serenidad, la calma y la claridad que siento en los seres que alberga el bosque.

La oscuridad se transforma en la luz que sana mi cuerpo, mi mente, mi espíritu.

Desde la cima de esta montaña me giro otra vez para ver más allá del bosque y miro hacia las montañas. El sol está saliendo y el tiempo de la visión se ha acabado. Llega el tiempo de bajar al valle con la certeza de la luz, del tiempo y el espacio.

EL TIEMPO

Corre el tiempo indeciso. No sabe bien por que. Algo le ronda sobre una búsqueda, mas la palabra en sí, no tiene mucho sentido para el espíritu del tiempo. También en su día con Lao Tze, la palabra sentido coqueteo con el tiempo, sin embargo buda insistió en esa otra que se pronuncia como rendición.

Pero el tiempo también conoce a la aceptación y al cambio y al infinito y al vacío y a tantas otras que al final decide quedarse con su amiga respeto. Sabe que va acompañada de respeto a los demás, incluso en íntima unión con el  universo, sin embargo  como maestro del tiempo, ha aprendido que todo empieza con el respeto a uno mismo, por lo que en coherencia, decide tomarse su tiempo para charlar con su amiga respeto, quizás sobre otras palabras hace tiempo olvidadas y ahora esclavizadas por la omnipresente YO y solamente YO.

El tiempo habla con Respeto y no le queda otra que hablar con Tu, que cuando se dirige a Ellos, se encuentra con Vosotros y al incluirse a si mismo, con Nosotros y en un momento de comunión, esta reunión va camino hacia el infinito que somos todos; liberando así la palabra más esclava, prostituida  y olvidada en su verdadero sentido que es AMOR cuando era hermano del Altruismo y la Compasión.