El cielo que nos une

EL CIELO QUE NOS UNE

 

El silencio. El día se apaga. Parece que se retiran ya las pequeñas almas. Todavía se siente a lo lejos a quien quiere exprimir el día: un motor en la lejanía.

Los ponis  siguen su ritmo, parece que para ellos no existe ni el día ni la noche. Su cencerro es música perenne como las hojas de los pinos.

Yo, sí cierro el ciclo y en el sentir de mi cuerpo recostado en la acogedora hamaca que cuelga de este porche heredado de la vida que me regala recuerdos y esperanzas; trato de descubrir o quizás de conectarme con la calma de la tierra.

Mi cuerpo parece en calma también, mas los recuerdos de su otra hora fuerza, hace un momento se le antojaban alcanzables y ayudado por la caprichosa mente, cierta ansia de poder invaden este espacio-tiempo.

Que absurdo desperdicio.

Miro las rosas, veo los lirios y siento más allá del bosque, el oscuro lado salvaje de la montaña. Se acerca la noche y ella permanece recostada. Se deleita con los últimos rayos que acarician sus picos y esos luceros los hago míos. Son esas luces de las almas que me acompañan y que ahora recorren sus propios caminos.

Dulces sueños nos cobijan.

Desde la tierra, para la tierra y al cielo que nos une: GRACIAS.

 

Extracto de “Encuentros” . Bakthe.

Los otros

Un portal en el camino, allá donde se juntan los destinos.

Una acción. Un valor. La magia de la expresión. Una puerta abierta a la creación. Un movimiento, una expresión. Un encuentro de puertas que se abren.

Vuestra presencia unida al espíritu de la creación ha llegado y ha creado una semilla y esa semilla no es diferente aquí que allá. No es más fuerte aquí que allá.

Esa semilla no pertenece a un lugar de fantasía o deseo.

Esa semilla es el sustento de una actitud, de un valor. Abrirse.

Aquí nos hemos reunido, sí. Una puerta se ha abierto en el camino. Cuando llegues a tu casa, encontrarás otra puerta. Infinitas puertas que se juntan en una sola puerta. Tu eres la puerta, tu eres el camino. El camino es la creación, el camino es el movimiento.

Incluso aunque permanezcas inmóvil no dejarás de ser una columna, un tendón, un músculo, una vibración que nos permite caminar a los demás, que permite expresarse al universo.

Cada una de tus acciones te llevan a un encuentro con el camino y no olvides que el camino eres tu, soy yo, es el universo.

Tu trabajo es el camino, tu familia es el camino, la naturaleza es el camino.

Todos somos uno. Siendo todos uno , somos iguales. Siendo todos únicos, somos todos diferentes.

Todos podemos abrir y cerrar una puerta. Que no es lo mismo que derribarla.

Abrir una puerta es la creación, es la ilusión, es el compartir, es el respeto hacia uno mismo, al otro y al universo.

Cerrar la puerta, es la calma, la espera, la paciencia hasta sentirse preparado.

Una expiración cierra la puerta.

Una inspiración abre la puerta.

Dudar es cerrar la puerta. Cuando dudes, inspira y escucha. Expira y toca la puerta suavemente.

Si decides abrir la puerta , recuerda que la puerta eres tu, que al otro lado estás tu. No hace falta que hagas nada extraordinario. Sólo respira y deja que tus pies caminen hacia el encuentro o hacia el desencuentro.

No dejes por ello de seguir abriendo puertas.

¿De que estoy hablando?

Sencillamente del agradecimiento a cada inspiración, a cada expiración.

Mi acción posible gracias  al panadero, al informático, al oficinista, al cuentista…, sea hombre o mujer, es lo mismo.

Es el consejo egoísta de este libro de encuentros que agradece la acción de aquellos que creen no hacer nada digno de valor cuando su valor más grande, es ser el sustento del ser humano y sus sociedades.

Y en palabras de Tic Nhat Hanh transcribo su cuento: “Mira y verás” que expresa el valor de cada uno en su máxima expresión.

 

 

MIRA, Y VERÁS

 

Si eres poeta, verás con claridad que hay una nube flotando en esta hoja de papel. Sin una nube, no hay lluvia; sin lluvia, los árboles no pueden crecer, y sin árboles no se puede hacer papel.

Si miramos aún más profundamente esta hoja de papel, podemos ver en ella el brillo del sol. Si la luz del sol no está ahí, el bosque no puede crecer. En realidad nada puede crecer. Ni siquiera nosotros podríamos crecer sin el sol.

Y si seguimos mirando, podemos ver al leñador que cortó el árbol y lo llevó al molino para ser transformado en papel. Y vemos el trigo. Sabemos que el leñador no puede existir sin su pan de todos los días y, por tanto, el trigo que se convirtió en su pan también está en esta hoja de papel. Y la madre y el padre del leñador también están ahí.

Dando un paso más, podemos ver que también nosotros estamos en ella. Esto no es tan difícil porque, cuando miramos la hoja de papel, ella es parte de nuestra percepción. Tu mente está en ella. Y la mía también. No hay nada que no puedas incluir: el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales del suelo, el sol, la nube, el río, el calor. Todo coexiste en esta hoja de papel: no estamos aislados. Esta hoja de papel es porque todo lo demás es. Este papel, tan finito, contiene en sí todo el universo.

Tic Nhat Hanh

 

extracto de “Encuentros”

Bakthe

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MADRE

Madre, hoy he salido a tu encuentro. Hace una hora que comencé a caminar. Recién ha desaparecido el cemento bajo mis pies y ya llega ese sosiego, esa calma. Me gustaría descalzarme pero he perdido la costumbre. Mis pies insensibles encarcelados en sus corazas de poder, son fuertes y rápidos ascendiendo entre rocas y malezas. Es un pobre consuelo , lo sé, frente a la perdida sensible de comunicarse con el resto de mi cuerpo. Mis pies han dejado de ser mis antenas, aunque siguen siendo mi vía.

Camino despacio. Deliberadamente. Esto me hace pesado. Me hace fuerte de otra manera. Más de la tierra , más de la madre naturaleza capaz de soportarlo todo, de aceptarlo todo.

En calma camino y la tierra camina a mis pies, yo me muevo y ella se mueve también. Poco le importa lo que yo haga. La piso. Me acoge y me suelta hasta el próximo paso.

Poco le importa hacia donde voy. Siempre me arropa.

A veces se duerme y se hace tan pesada que la presión de ese movimiento continuo hace que se sacuda y parezca enfadada, pero no es más que un ejemplo de vida. Esa vida que es movimiento. Y aunque la tierra en su bondad, cuna de todo ser vivo, se manifiesta en calma, también está viva, también tiene su pulso. Busco ese pulso.

Ya he llegado. A ninguna parte. Me plantó sobre mis pies y dejo de caminar.  Al igual que la tierra. Parado. Sigo en movimiento, en calma.

Más tarde volveré al asfalto, a la vorágine y buscaré más allá de mi carcelario calzado y más allá del insensible hormigón. Buscaré está calma, está tierra.

Y quizás pueda aceptarlo todo y quizás pueda no juzgarlo todo y quizás pueda adaptarme moviéndome como el agua(este es otro cantar) porque sé que si la presión es excesiva, sólo tendré que sacudirme como la tierra. Porque, que me importan a mi los demás, que me importa hacia donde van, yo preparo mi casa para poder acogerlos y alimentarlos, ya que ellos son mi alimento, ellos son quienes me moverán y en definitiva quienes me darán la vida que se encuentra en mi camino.

Me moveré y seré su alimento en un ciclo eterno de encuentros y desencuentros.

Hoy seré la tierra, mañana el aire y pasado el agua, quien sabe. ¿A quien le importa?

Ya desciendo por el camino y  ahora que ya te he encontrado me despido agradecido y alimentado.

Tierra. Madre. Calma. Ejemplo de vida desapegada.

 

Extracto  de “Encuentros”

Baktha

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AL SOL

Igual que una lagartija. Al sol. Esperando la inspiración. Esperando el cambio. En la soledad. Inmerso en la naturaleza.

Flotan en el aire el reflejo de la luz, las semillas de la vida.

Soñando con lo que me gustaría ser, en lugar de vivir lo que soy. La fuerza de la contemplación indicándome el camino. El camino lleno de trampas. Trampas que son las pistas.

Los anhelos que nos motivan, son la vida que nos rodea. Cuando has tocado la paz dudas de los anhelos y ahí tiembla mi fe. Vuelvo al silencio una y otra vez y la vida vuelve a mi, llena de deseos.

Que terrible lucha, que apasionante lucha.

La maravilla de la creación. La naturaleza en todo su esplendor. Es primavera y la resurrección está ya palpitando. El viento acaricia mi piel y vuelvo a soñar. Un deseo palpita incansable en los últimos tiempos.

Ya siento la alegría paseándose serena, por estos pastos, estas piedras, estas tierras, bajo estos cielos.

Extraido del libro “Encuentros”

SOY UN…

Veo solo el caminar a media altura. Una vidriera de colores me impide ver sus rostros.

Un te y un pincho de toda la vida. Un bar de los de toda una vida. Paredes amarillas de cuando se podía fumar. La foto dice 1952. El camarero… Actual. Hindú o Pakistaní que mi ignorancia no sabe distinguir.

Ya estoy de viaje, caminando con la mente. Empiezo por el pasado como siempre. El entorno  ayuda pero no quiero entretenerme en la nostalgia de la fuerza de la juventud pasada.

El futuro pide atención hacia una reflexión de ese proyecto en ciernes.

El presente: un tiempo para el vacío superado por los estímulos que me rodean. Recuerdos y fauna urbana no habitual en mi entorno me llevan al sueño, a la posibilidad de un encuentro nuevo que me sorprenda.

Trato de no juzgar pero la sonrisa me delata. Los que me rodean van tan perdidos como yo. Nuestra ignorancia me divierte . El juego es fascinante. Cada vida creyéndose el centro. Creyendo que el universo ronda alrededor suyo.

Para todos ellos no soy nadie. No soy nada ¿quién soy? ¿qué soy’

Soy mi centro. Solo soy. ¿qué más se puede decir de uno mismo  que no sea un cuento?

 

Baktha.  Extracto de “Encuentros”.

Baserria

Un día gris , lluvioso. Odioso para muchos.

Yo también lo viví así antes. Adoraba el sol. Me alimentaba del sol. Cambie de país por seguir al sol. Era feliz- Todo en mi vida estaba iluminado, calentado, alimentado… por el sol y todo lo que ello supone: alegría, calor, confort, seguridad…

Y entonces llego la guerra. Yo estaba en uno esas visitas relámpago que hacía a mi familia en esa tierra húmeda y gris que me había invitado a nacer y a crecer.

Las primeras tierras ocupadas fueron las del sur, esas tierras que me habían acogido. No pude volver. Cuando los ejércitos llegaron al norte tuvimos que huir a las montañas y fue allí donde la tierra volvió a extenderme su invitación.

El pulso se hizo lento. La quietud en la sombra fundamental. Creí que sin sol, pronto me marchitaría y acabaría consumido por la humedad, el frío, la tristeza y la incertidumbre.

Nada más lejos de la energía de la tierra. De tierra fueron nuestras casas. En lo más profundo del bosque. Allí me explicaron el significado de la palabra baserria las casas de nuestros ancestros. Baso Herria. Bosque y pueblo.

Las patrullas podían pasar por encima y no encontrarnos. Una cueva de tierra, un refugio, un olor, un calor inimaginable para mi. Incluso en invierno con una piedra al rojo y un poco de agua el calor permitía desnudarse y sentir la tierra limpiar cada poro de la piel. Con esa segunda piel, antes de que se desprendiera había podido presenciar escenas de la naturaleza extraordinarias por su intimidad e intensidad. Los animales y yo aprendimos a compartir los espacios y los alimentos.

La odiosa lluvia, se convirtió en el escudo perfecto para movernos. El movimiento continuo y vigoroso convertía el agua que empapaba mi piel en una sauna y hoy es el día que cuando llueve busco el placer de salir a caminar. Es cierto que en el bosque no existe el viento y una vez más la tierra con sus pulmones ondeantes en sus copas me mostraba que no era ella, ni triste, ni fría, ni húmeda si la leía con atención.

Había días grises, donde la niebla era tan espesa que hasta el bosque desaparecía.

Aprendimos entonces gracias a un viejo pastor que la niebla era como un lienzo que hay que saber interpretar y aprendimos a escuchar los sonidos de nuestra tierra que la niebla conducía como un hilo telegráfico. Aquello que un día normal no se escuchaba era incuestionable como mensaje.

Establecimos un código de repiquetear de palos en los árboles, de caídas de piedras en el desfiladero, de cuernos imitando la berrea, de silbidos de  águilas cazando… que nos permitían caminar con libertad, sin temor a encuentros sorpresa entre las nieblas.

Un día gris, lluvioso. Que delicia, que alimento para el alma. Seguido llegará el sol un día y seguiré disfrutando como cuando vivó en el sur.

Ahora vivo en el norte y me alimento de tierra y de sol por igual.

La lluvia es el puente que he aprendido a amar

Pájaro Loco

Pájaro Loco debía su nombre a las innumerables veces que le habían tratado de loco porque no entendían sus maneras de afrontar la vida y después de tratarle de loco, con una sonrisa escondida había oído otras tantas innumerables veces : “menudo pájaro estas hecho”, cuando el tiempo le daba la razón.
Sin embargo a él le gustaba mucho más su nombre. El que eligió su abuelo el día de su nacimiento: “viento sur” o “hegohaize” en el idioma original de sus ancestros.
Es evidente que nacio un día de viento sur, pero su abuelo sabía algo más y así se lo transmitió cuando tuvo su primer vuelo a la temprana edad de 5 años.
En una sociedad sedentaria por excelencia, su familia era algo inusual. No viajaban en grupo como una tribu pero todos viajaban por todo el ancho mundo y a pesar de ello se mantenían unidos. Siempre conectados. Especialmente en sus vuelos nocturnos y más formalmente escribiéndose postales.
Las postales eran un deleite pero había momentos en que la cantidad se hacia algo pesada para estos nómadas del viento.
En su carácter la idea de almacenar y acumular era bastante fastidiosa ya que importunaba bastante para los traslados.
Por otro lado la familia era consciente de lo importante de la historia, por ello mantenían en constante movimiento las 10 primeras postales de su historia, que viajaban por el mundo desde el año 1873 y a las que añadían una al año: la número 113 de cada año . Alguna postal acababa perdiéndose pero eso también es parte de la historia.
De hecho esta fue una de las veces en que a Hegohaize le llamaron loco por lo extravagante de la idea para algunos, para después llamarle pájaro.
Algo tan simple como llevarlas dibujadas en su cuaderno de viaje.
Sí, algunos reiréis porque os parece exagerado lo de loco, pero esta idea se sometió a debate durante todo un año en la familia y el volumen de postales aumento una barbaridad ese año.
Para algunos, dibujarlas era contrario a la filosofía de la familia. Por suerte para Hegohaize, era bueno en eso de la dialéctica y cuando arguyo que la filosofía de la familia no era una doctrina, ni estaba atada a ninguna ortodoxia se acabo el debate.
Años después, cuando una de las postales históricas se perdió, Hegohaize puso en circulación su dibujo y más de un “menudo pájaro estas hecho” salió de más de una lengua.
El segundo dibujo sobre el primer dibujo, ya ocupa su lugar en el cuaderno de Hegohaize y ya apuntan algunas diferencias. ¿Quién sabe en que se convertirá la imagen de este recuerdo?
A Hegohaize no le preocupa porque lo importante de esa postal es la fecha y el poder de convertirse en un recuerdo que avala la existencia de un modo de vida, aportando la alegría de la nostalgia y un ápice de orgullo por el futuro como forma de vida, por pertenecer a un linaje.
El poder justo para sólo ser un nómada y lo insuficiente para pretender ser único y extraordinario o mejor que los demás.
Pájaro Loco muchas veces insiste en sólo ser, nada más que ser pero entonces se da cuenta que entonces dejaría de ser UN nómada para ser sólo nómada y eso sólo podría suceder si renunciara a las postales. Está claro que para ser solamente nómada u hombre o pájaro o loco o viento o … ; El Pájaro Loco debe morir y eso no parece estar en sus manos mortales, las de un paso adelante que deja un paso atrás.
Cuando hablamos de familia es una manera de decir, porque hace ya muchos años que somos una gran comunidad que funciona como una gran familia.
De hecho hay muchos nómadas que a veces tienen que hacer un parón en sus vidas. La mayoría de ellos viven de trabajar con su cuerpo y muchas veces cuando llegan a un lugar y encuentran un maestro se quedan con el algún tiempo hasta aprender el oficio. Si tienen la suerte de que el maestro es un nómada no paran de viajar, pero no siempre sucede así.
La mayoría no tienen más pertenencias que las que pueden llevar encima y así es fácil no preocuparse por el futuro mientras el cuerpo responda y trabaje.
Esto no quiere decir que la familia no tenga donde caerse muerto. Existen residencias de ancianos donde se alojan los que quieren hacer el último viaje. Por lo general, duran poco ya que están impacientes por emprender este último viaje con este último cuerpo que ha hecho todo lo que ha podido hasta ese momento, aguantando todo este trajín de idas y venidas saboreando la vida mientras exprimimos nuestro cuerpo.
La mayoría se van con una sonrisa pero algunos sufren porque es un momento delicado en el que la duda puede llegar a instalarse en la mente y romper con la creencia de toda una vida.
Por suerte los que quedamos de este lado podemos ver que justo cuando se mueren dejan de sufrir y de eso nos encargamos nosotros recordándolos con cariño.
Además no en vano aprendimos a volar desde pequeños y algunos pueden no sólo recordarlos, sino acompañarlos en el comienzo del nuevo viaje.
Este tema de las residencias es otro ejemplo de la vida del Pájaro Loco. Cuando compro aquella casona lo tacharon de loco por lo destartalada y cuando acabo con ella, una vez más fue pájaro.
En los años que tardó en ponerla en marcha nadie le creyó cuando hablaba de su partida excepto otros nómadas que pasaban por allí y cuando hizo lo que antes sus ancestros hicieron, volvieron a tacharle de loco. Nadie entendía que abandonara su casa, dejando las puertas abiertas para que la ocuparan aquellos que llegaban de pasada.
Aunque su casa no se convirtió en residencia hoy es uno de los mejores centros de aprendizaje para todo aquel que quiera seguir caminando y volando.
Escribo estas líneas desde ese mismo lugar al que vuelvo de vez en cuando y donde comenzó mi andadura como errante ya que no me atrevo a llamarme nómada, pues mi sedentarismo es aún muy fuerte.
Además todavía no he aprendido a volar y por eso buscó el ejemplo de Pájaro Loco con la esperanza de que me ayude a entenderlo.
Yo soy uno de aquellos que le llamó durante mucho tiempo loco y después pájaro.
A Pájaro Loco a veces le daban vergüenza sus acciones y por eso esperaba a que todo el mundo se fuera para realizarlas. Era entonces cuando por ejemplo alguien le pillaba infraganti subido a una farola o a una mesa o a cualquier altura. Le gustaba mucho trepar y le tachaban de loco. El sonreía travieso porque luego más tarde fotografiaría a esa misma persona observando, con la cara iluminada, ese dibujo o esa fotografía que desde esa otra perspectiva se convertía en una obra de arte, colgada por él en cualquier pared, de cualquier calle, de cualquier ciudad.
Si veis una foto o un dibujo firmado con la silueta frontal de un aguila real sabréis que Hegohaize es el autor y si podéis aguantar la tentación, por favor no os la llevéis.
Una vez le hice una entrevista

Inspirado y un poco plagiado del libro “el retorno de los nomades”

Todos los caminos conducen a Roma.

Como todas las mañanas desde hacía 15 años, Rafael salió de su casa con su impecable traje gris, su camisa blanca recién planchada, la corbata perfectamente anudada, los zapatos relucientes y los rizos perfectamente engominados, para ir a trabajar.

Como todas las mañanas desde hacía 15 años, saludó al portero: “Buenos días, Sebastian”. Compró el periódico en el kiosco de Santiago, tomó café en la pastelería de Rosario y cruzó el paso de cebra hacia su coche. Se montó, arrancó y se dispuso como tooodos los días a recorrer las 10 calles que le separaban de su oficina.

Transitó la primera recta y al dar la curva vio un cartel enorme que decía: “ Roma, 1596 km”. “Uy- exclamó para sí mismo- ¿Desde cuándo está ahí ese cartel? Continuó por esa calle mirando de un lado a otro. “¿Era la misma calle de todos los días???

En la siguiente curva había otro cartel que decía: “Roma, 1595 km”. Y también en la siguiente y en la otra. ¿Desde cuándo estarían ahí esos carteles?  ¿o acaso haría mucho tiempo que no se fijaba???

En cada esquina, en cada curva, todos los caminos indicaban dirección a Roma.

Empezó a dar giros: giros de 180º, de 360º, giros sobre sí mismo. ¡¡Todos los caminos llevaban a Roma!!. Y ya no sabía en qué calle estaba. Después de un rato de dar vueltas sin sentido y aún sin despeinarse, con el traje impecable, la camisa planchada, la corbata perfectamente anudada y los zapatos relucientes, decidió seguir uno de los caminos.

Faltaban apenas 3 minutos para la hora de entrar al trabajo. En 15 años no había faltado ni un día y jamás había llegado tarde. Se aflojó un pelín el nudo de la corbata. Comenzó a circular por el camino que había escogido. Entonces vio un cambio de sentido. “Esta es la mía”. Pero ¡no! El camino seguía indicando Roma. Y así, circulando, circulando, llegó a Roma.

Ya allí dio unas cuantas vueltas… Pasó por el coliseo, por la fontana de Trevi, volvió a pasar por el coliseo, vio las catacumbas, la columna de Trajano, el coliseo, el panteón… otra vez de coliseo….. Uffff. ¡Cómo sudaba! Y apretando un poco los puños y los dientes, en volumen bajito aunque nadie le pudiera escuchar, expresó: ¿qué diantres hago yo en Roma? Si yo no quiero estar aquí”.

“Pero claro, si todos los caminos llevan a esta ciudad, ¿cómo salgo de ella?”

Pues deshaciendo el camino que ya he hecho- se dijo a sí mismo. Comenzó a hacerlo. Pero no había manera. Todos los caminos le conducían de nuevo hacia adentro.

Entonces decidió caminar hacia atrás, desandar el camino que había hecho circulando marcha hacia atrás. Así no podría ver los indicadores.  Y de repente, se chocó con una pared. Al mirar hacia atrás le pareció ver un cartel que decía: “Sal si puedes”.

En ese momento se quedó completamente quieto. Sin caminar por ningún camino. Aún dentro del coche, lloró y pataleó durante un buen rato. Se arrancó la corbata y la tiró al suelo. Se quitó la chaqueta y la lanzó al aire. Se desprendió de la camisa blanca impoluta. Se metió las manos entre el pelo y dejó que los indomables rizos se volvieran locos. Tiró los zapatos y salió del coche. Comenzó a correr hacia ningún lado, mientras gritaba y se carcajeaba…hasta que se topó con el mar y se lanzó al agua. ¡Qué sensación de libertad! Por primera vez en mucho tiempo estaba dispuesto para crear su propio camino. Rafael había descubierto que uno no puede salir de Roma pero Roma si puede salir de uno.

 

KRIS

 

 

RESPETO Y HUMILDAD

 

- Buen día maestro, mi nombre es Jenli  y vengo de un monasterio del otro lado del país,

soy un seguidor del Tao y me gustaría estudiar aquí.

-Vaya y ¿qué te gustaría estudiar?

- En mi humilde opinión no es a mi a quien corresponde decidir eso. Creo que sería una falta de respeto hacia vuestra persona.

- Bien. Entonces insúltame.

- No puedo hacer eso.

- Acabas de decir que no quieres faltarme al respeto y sin embargo después de pedirme consejo, no aceptas mi palabras como buenas y no sigues mis indicaciones. Ahora es cuando realmente me faltas al respeto… Está bien ¿Por qué quieres estudiar aquí?

- Cuando llegue a este valle, encontré que todo el mundo me recibía con una sonrisa, escuchaban mis enseñanzas con atención y al finalizar seguían con sus labores como si mis palabras ya las hubieran escuchado antes. Por todas partes recibía una cordial bienvenida y un sincero agradecimiento por mis palabras. No había sorpresa, ni curiosidad por saber si había algo más. Como si todos ellos fueran ya sabios antes de mi llegada. Después oí grandes alabanzas sobre este monasterio y sus enseñanzas y supuse que esa era la razón de gente tan extraordinaria.

Mi maestro me dijo que debía salir a recorrer el mundo para transmitir las enseñanzas del Tao que el me transmitió y algo de lo que he vivido en este valle se me hace incomprensible y extraordinario, por eso quiero aprender.

-      Bien, por lo que dices, si he entendido bien vienes a estudiar sobre el respeto y la humildad. Una sabia decisión. Puedes empezar cuando quieras.

Humildad y respeto son dos palabras sobre las que todo el  mundo debería reflexionar.

-      No veo cuando he escogido yo esas nobles palabras, sólo dije que quería estudiar.

-      Hablas de respeto pero no asumes sus consecuencias y te has negado a insultarme como te lo he pedido. Cuando sepas porque el negarte a insultarme ciertamente no es una falta de respeto comenzarás a comprender que es el respeto.

Por otro lado hablas de humilde opinión pero quieres imponer tus enseñanzas a los demás. Yo empezaría por preguntarme si mi humilde opinión es humilde desde mi verdadera naturaleza o sólo repito una actitud aprendida de otros que considero más sabios que yo. ¿Reprimes tu soberbia o eres realmente humilde?

Como ves, si quieres estudiar, tu mismo has elegido y no necesitas quedarte con nosotros a estudiar, puedes ir a cultivar los campos, amasar la harina o lo que tengas por gusto hacer y practicarlos con respeto y humildad.

-      Antes de partir, podríais maestro, darme vuestra respuesta a porque al negarme a insultaros contraviniendo vuestra voluntad, no es una falta de respeto.

-      Si decidieras insultarme en contra de lo que consideras correcto estarías faltándote al respeto a ti mismo. ¿Cómo podrías respetar a otra persona si ni siquiera te respetas a ti mismo?

Con humildad cultiva la sinceridad porque la mentira es el mayor enemigo del respeto y

la ignorancia es el mayor enemigo de la mentira.

Haz caso a tu maestro y conócete a ti mismo.