el otro

Tengo 42. Acabo de despertar y esta no ha sido una noche cualquiera.

“Escaleras de todo tipo  que suben y bajan sorteando innumerables muros en un laberinto que conduce a una montaña que alberga una torre en el horizonte, un anciano custodia una biblioteca”.

Este ha sido el último sueño que recuerdo de esta noche. Debajo de la almohada una pregunta, en un papel escrita. En el sueño está la respuesta una vez más.

Hace ya un año que experimento con soñar para otros. Esta noche la pregunta era de la amiga de una amiga a la que yo no conocía.

La respuesta está escrita.

¿Será correcta la respuesta?

No conozco a la persona.

¿De donde me llega la respuesta?

Desde su subconsciente al mío. Del subconsciente colectivo.

Demasiadas coincidencias para ser casualidades o ambigüedades. ¿Quién ha viajado por mi mente esta noche?

No estoy sólo. En mi mente compartida se ha grabado un nuevo mensaje, una certeza inexplicable.  Todos somos parte de un todo infinito.

Acabo de descubrir al otro , a los otros. Están ahí y son yo también. Espejos de espejos que se reflejan infinito.

El encuentro con el otro en ese espacio compartido que no dejo de ser yo.

 

 

Primer encuentro

Tengo 32 años y hace 21 días que voy caminando entre 6 y 8 horas al día. Estoy rodeado de compañeros y sin embargo parece que estoy sólo.

El frío y el viento me acompañan. Al principio era más fácil seguir en el juego con los compañeros de viaje, pero la altura poco a poco nos ha ido aislando. La cabeza gacha y la vista fija en la siguiente huella en la nieve. A cada poco, una parada para descansar y levantar la  mirada. La verdad es que no me siento cansado, sin embargo me cuesta respirar .A 5.000 metros el oxigeno escasea como ya se sabe. Lo que no me explicaron era este aislamiento que te mete dentro. Hace ya algunos días que he agotado la mayoría de mis pensamientos. Ahora canto e improviso versos o algo parecido a poesías mientras camino.

Es justo en este momento cuando me encuentro con otro alpinista que baja de la cima. Parece que viene a mi encuentro. Me saluda como si me conociera de toda la vida y con esa confianza de quien sabe más de ti, que tu mismo, me dice: – ¿Qué haces aquí? La respuesta es evidente para mi: – lo que me gusta, subir esta montaña, no lo ves.

-       Ya, y que haces allí, me responde.

-       ¿Allí, donde?

-        En casa.

Me quedo mudo. Perplejo. No me gusta la respuesta. “Lo que a los demás les gusta”.

El viento amaina y la nieve en polvo que me ciega me da un respiro. Levanto la mirada con mil preguntas para el desconocido. El sol ha despejado la visión  y la niebla. No hay nadie a la vista. ¿Un delirio?  No. Mi primer encuentro conmigo mismo.

Extracto del libro “Encuentros”  de Bakthe

 

 

 

el urbanita

Hoy he visto el espíritu del viento en el remolino de las hojas caídas de otoño.

Desde la ladera de enfrente ha venido a visitarme.

Iluso de mi. Apenas me ha saludado. Ha seguido su recorrido, comunicando, recolocando, aliviando, soltando, avisando de la llegada del invierno.

Un lenguaje sutil que no he sido capaz de entender.

Es curioso el anhelo de tiempos pasados cuando el lenguaje de los espíritus era cotidiano. Era comprensible.

Me dejo acariciar por el sol ausente en los últimos días y por la aire que ahora es la estela del viento pasajero. Me dejo acariciar por el susurro de la tierra que me trae la visita del pastor y sus ovejas.

Parece que a él todavía, le llega el lenguaje y me augura buen tiempo para toda la semana.

Ahora comprendo el mensaje del viento: “ Vuelve a la Tierra

Tao

Voy vagando, voy divagando y dentro del laberinto encuentro el sutil roce de la caricia que indica el camino al centro.

Hay una atracción hacia el centro

Recorro las diversas texturas que responden al deslizarse de mi camino.

Hay calor, que enciende pequeños faros.

Hay olores, que estimulan espacios desconocidos.

Hay sabores, que entretienen deleites de memorias.

Hay tactos que estallan en volcanes  dormidos.

Y cuando llego al centro del laberinto, encuentro la radiante sonrisa de la luz que me indica un nuevo y vago camino de divagaciones, que me sumergen en el extraordinario e infinito laberinto de sensaciones que eres tu.

Extracto de “Encuentros”

Bakthe

Blues del trigrama trueno

BLUES

Llega la tormenta.

Las manos negras de la tierra.

Ya no son negras por la siembra.

la ciudad negra

recorre el asfalto

y mis manos al volante

no ven mas allá del limpia.

Los clientes al móvil

ni siquiera ven mis manos,

las manos que les guían

a su destino.

 

Llega la tormenta.

Las manos negras de la tierra

Ya no son negras por la siembra.

La ciudad blanca

me ciega de madrugada.

Antes de abrir la puerta

espero mi destino

La lluvia llega.

Limpia mi tristeza.

Aunque sé que ya no estas al otro lado.

Sé que llega la tormenta

que anuncia la salida.

 

Extracto de “encuentros” por Bakthe

 

Sabiduría sufí

SABIDURIA SUFÍ

He aquí que el Ensalzado, el sabio, el venerable sufí Sur-ed-Din Mulaftí (Allah misericordioso prolongue su santa vida) re cibió un día la visita de un mendigo.

El portero de la casa de oración le impedía la entrada pero el mendigo porfiaba para prosternarse ante Sur-d- Din. En esto llegó un venerable con un mensaje del Ensalzado para que se diera entrada al pedigüeño, pues desde su galería del jardín interior había conocido lo que sucedía en la puerta.

-       Dejad entrar a ese mendigo hasta mí – transmitió el venerable- ¿Acaso no se percibe en sus ojos la hondura de su deseo?

El portero dejó paso al mendigo inclinándose maravillado una vez más de la clarividencia con que Allah(sea siempre alabado) había gratificado al Ensalzado.

El visitante atravesó los dos primeros patios y llegó al tercero, acercándose al granado florido bajo cuya sombra meditaba el sufí. Este le impidió prosternarse y le invito a hablar. El mendigo era un hombre joven, visiblemente emocionado.

-Ensalzado, siento una fuerza interior, como un imán de Simbah, que me atrae a cultivar la sabiduría. Pero ¿a dónde me lleva? ¿Qué es la sabiduría? ¿Qué busco en verdad, qué me mueve? Dime, tu que lo eres, ¿qué es un sabio?

- El que no se asombra de nada. Absolutamente de nada.

El mendigo reflexionó y , al hablar, mostró en sus palabras una sombra de decepción.

-       ¿Eso es todo? ¿No hay nadie más sabio?

-       Sí. El que se asombra de todo. Absolutamente de todo.

El mendigo asintió con la cabeza y volvió a hablar. Pero ya sin decepción, aunque con desesperanza que no era desesperación:

-       ¿ Y ese es el más sabio? ¿No hay nadie más?

El Ensalzado ya no miró al mendigo sino a través de él. Y no habló al mendigo sino más allá y más adentro:

-       Sí el que se asombra de todo y a la vez no se asombra de nada.

El mendigo entonces sonrió. Si el portero hubiese visto antes aquella sonrisa jamás hubiera pensado en cerrarle el paso. Pero todavía habló, aunque ya confortado en su tranquila decisión:

-       Maestro, Maestro… ¿nadie hay más sabio?

El Ensalzado no respondió. Guardó un silencio tan hondo que dejó susurrar a las duras hojas del granado.

El mendigo se inclinó tres veces y se retiró con su última, definitiva respuesta. Se retiró hacia su vida, ya irrevocable.

 

JOSE LUIS SAMPEDRO ( Del libro: Mientras la tierra gira)

El centro

Diez días en pared, escalando y hoy parece un día de esos. Elucubraciones. Hablando con la montaña. Un día me dijeron que las rocas son nuestras abuelas que guardan la memoria del mundo desde que el infinito concentró parte de su ser en este insignificante punto llamado  tierra.

Siento el corazón de la roca en mis manos. Sólido, tranquilo y paciente. Se desgasta con mi sudor. La erosión lleva otro ritmo. Siento las partículas de cuarzo que impregnan el aire. Entran las partículas en mi cuerpo al respirar.

Yo también soy roca.

Me uno a la roca y busco sus fisuras donde mis dedos se empotran. Busco los apoyos para mis piernas. Siento la rugosidad de su tacto donde mis pies de gato se adhieren. Busco mi centro y voy progresando por la pared.

Llego a un desplome. Estoy en mi centro, sí. Lo desplazo y parece que la pared tiene otro ritmo. Mis antebrazos empiezan a endurecerse.  Mas bien parecen la roca misma. La gravedad me manda un mensaje. No estoy seguro. Yo estoy en mi centro pero creo que éste mi centro; el que no coincide con el de la pared y la gravedad, dura demasiado. Una inspiración para relajarme. Hace viento y el cuarzo del aire entra en mi cuerpo. Siento su peso, siento mi rigidez, siento mi cansancio. Siento la gota que si cae aliviará mi peso y podré moverme. Encontrar el centro.

-       ¡Uaaaaaaaaaaaaaaaaa…!

El último seguro ha saltado. Caída de 20 metros. Colgado de la cuerda a 700 metros del suelo. El corazón desbocado. Mi compañero me sonríe. He quedado a su altura. Casi.

-       Se veía venir. Estabas descentrado.

-       Ya. Y ¿Cuál es el centro de la gravedad? ¿Dónde está el centro del infinito? Listillo.

-       El centro del infinito eres tu. Está en todas partes.

-       Siempre tienes respuesta para todo. Si está en todas partes, como sé cuando estoy en el centro.

-       Atendiendo a tus límites.

-       Y ¿cuáles son mis límites?

-       ¡Ah! No. No voy a decirte como vivir tu vida. Tu debes descubrir cuales son tus límites. Yo tengo los míos propios.

-       Por fin, una respuesta que no sabes. Venga, te toca. A escalar que yo no puedo más.

-       Voy…

-       ¡Oye!  ¿Cómo haces tu para saber donde están tus límites?

-       Prueba con el respeto. Amigo.

-       Amigo. Amigo. Una última pregunta ¿Por qué si somos gemelos, tu sabes más que yo?

-       ¿Quién de los dos es mejor escalador y quién me ha enseñado a escalar?

-       Yo. Bueno…a veces tu. Hemos aprendido juntos ¿No?

-       Pues eso… Dame cuerda, compa, dame cuerda.

BUENOS DIAS

BUENOS DIAS

 

Clareando los verdes, apuntando los cobrizos. He despertado esta mañana y el otoño ya está en mi ventana.

El ajetreo del quehacer ha colapsado mis sentidos y por unos días el nuevo curso me ha desconectado de la libertad que la tierra me brinda cuando paseo con ella.

La preocupación, la ansiedad y los deseos brincando y saltando por mi mente. Tengo que, tengo que, tengo que…

Un futuro incierto que amenaza con tormenta, el cielo gris cenizo que en sus lomos de algodón disfruta del calor del sol que yo ya no recuerdo, inmerso en mis laberínticos pensamientos.

Un suspiro como el relámpago que precede al trueno, desahoga esta congoja y vuelvo a mirar por la ventana. Las ovejas ya han bajado de los altos pastos. En el cielo un águila ceniza planea contra la corriente cálida que remolonea en ascenso. Una ardilla saltea los avellanos, recogiendo sus frutos. Ella sabe de la riqueza del otoño. Alimento de la tierra cuando recogemos los frutos del verano.

Recuerdo el verano y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Un saltamontes en el alfeizar me mira sin mirar y con otro salto desaparece.

Salto yo también, del pasado al futuro, un salto y otro salto. Estoy saltando, estoy bailando, mi cuerpo se sacude y despierta. ¡Ay! Ya me pesan los años y rompo a sudar. Sigo saltando un poco más en el otoño de mi vida y comienzo a reír sin parar. Del pasado al futuro. Cada vez salto más alto o cada vez me cuesta más saltar, no sé. Mi atención ya sólo esta en el salto no vaya a ser que me caiga. Cómo despego, cómo aterrizo. Estoy volando aunque mis pies no se eleven más que unos centímetros. Recorro la casa saltando. Un salto, otro salto, ya casi estoy. No sé donde, pero ya casi estoy. Un último salto. ¡Txaa, txannnn!

Me quedo quieto, jadeando, sintiendo, palpitando. Se abre una puerta y asoma un rostro, curioso. Sonríe. – Buenos días. – Buenos días respondo.

El presente luce radiante y a pesar de las nubes todavía siento el calor del sol en este otoño en ciernes.

Otoño para recoger lo útil y ceder a la madre tierra, a la calma, la carga que no podré acarrear en invierno.

 

Extracto de “Encuentros”

Bakthe

CREACION

El día iba declinándose hacia el horizonte. El sol con la tarea cumplida iba retirándose poco a poco, arropando a sus retoños, envolviéndolos en una última caricia.

Todos en la playa aprovechaban la dulzura del sol antes de traspasar el horizonte y lo miraban directamente. En sus pupilas dos soles alimentando cada célula de vida.

Siendo un niño la curiosidad me pudo y al girarme hacia atrás vi a un hombre más allá de las dunas que miraba en dirección contraria a todos los demás.

Me acerque, vi que no miraba nada y no pude más que preguntar:

- Señor. ¿Qué hace? –

Se giro. Me miro suavemente. En sus ojos se reflejaron los dos soles y me contesto:

-       No hago nada.

-       Y ¿Por qué no hace nada?  Podría mirar el sol. Todo el mundo lo hace.

-       Sí, podría, pero ahora estoy creando.

-       Pero si no hace nada, no puede crear algo.

-       Si estoy mirando algo no puedo crear nada que exista ya. No hacer nada es un regalo a la creatividad más sincera. A mi entender, hay dos maneras de crear. Desde el exterior y desde el interior. Siendo como soy escritor. Aquí y ahora desde la nada, desde la no acción, la curiosidad de un niño ha creado estas líneas, esta historia sobre una máxima taoísta: la grandeza de “la acción en la no acción”. La belleza de la espontaneidad, la infinitud de la creación. La vida en constante movimiento, en constante cambio.

Me alejé. Sin hacer nada vi a mis padres acercarse, sonriendo, repletos de luz, de sol. Eran mis particulares guardianes de la noche que relevaban al sol, en mi camino.

Hacia casa, experimenté en todo momento la curiosidad de no hacer nada en constante creación. Que emoción cuando cerré los ojos para dormir.

Extracto de “Encuentros”

Bakthe

Aitona

Mi abuelo decía que él no era vegetariano. Que no comía carne porque  su edad y la sociedad en la que vivía le permitían el lujo de poder vivir sin necesdad de comer carne.

Después comenzaba con sus historias.

¿A que no sabes cuantos años tengo? Me decía. La última vez tenía 109, pero el hacia como que se enfadaba y respondía: tengo20.109. Por eso puedo hablar con las plantas. Míralas con atención y tu también podrás. Su olor, su tacto, su color, su sabor y sobre todo como vibran. Vibran contigo, por debajo o por encima. Cuidado con las que vibran por encima, no abuses de ellas o te pasaran factura. Aliméntate de las más bajas ya que muestran humildad para ofrecerte su amor. Si algún día te sientes mal busca a las que vibren contigo.

Aaah! Qué buenos tiempos cuando  éramos sólo recolectores y la naturaleza nos ofrecía todo lo necesario.

¿A qué no sabes cuantos años tengo?  -¿105? – Que va 15.105

Fue cuando los lobos nos enseñaron a cazar. Los inviernos empezaron a ser cada vez más duros y largos. Al principio los osos nos aconsejaron hibernar como ellos pero nosotros no comíamos de vez en cuando pescado o algo de carne que nos permitiera tener reservas.

Cuando las nieves perpetuas impidieron que nos alimentáramos de ningún tipo de planta tuvimos que convertirnos en cazadores de cazadores.

Los lobos, hoy en día llamáis a vuestros salvadores, perros y ni siquiera sabéis hablar con ellos. Les decís palabras como si ellos pudieran entender y ellos sólo entienden vuestro cuerpo, vuestro tono, vuestro aullido, incluso pueden percibir el pulso de vuestra mente.

Aaah! Qué buenos tiempos cuando éramos cazadores –recolectores. Qué emocionante lucha por sobrevivir.

¿A qué no sabes cuantos años tengo? – ¿106? Nada de eso. Tengo 10:106

Ser cazadores nos permitió tener reservas y con las reservas llegó el tiempo extra. Ya no hacia falta andar sin parar. Tuvimos tiempo para saber quienes eran los padres de las plantas. El sol, la luna, la tierra y sus ciclos. Matamos a aquellas plantas que vibraban por encima y cedimos sus tierras a las que vibraban por debajo o con nosotros. Conseguimos dominar los ciclos y nos convertimos en agricultores. Durante un tiempo incluso seguimos hablando con las plantas y sólo sembrábamos lo justo para vivir cómodamente.  Hoy ya no sabemos de su lenguaje y explotamos la tierra para negociar con sus semillas y sus retoños aniquilando indiscriminadamente al reino vegetal.

Qué tristeza  cuando nos convertimos en agricultores.

¿A qué no sabes cuantos años tengo?  ¿108? Puede que yo tenga 108 pero en mis genes corre la información de todos mis ancestros y lo último que recuerdo se remonta a miles de años. Nada a cambiado en mi ADN.

Recolectores, Cazadores, Agricultores. Cada tiempo ha tenido su realidad. Tengo la esperanza de que pronto llegará un cambio, con mayor claridad y podremos volver a ser recolectores o quizás vayamos más allá y podamos llegar a ser bioreceptores, músicos de luz, bailarines de aire.

Aun creo que la luz está por llegar.

Los tiempos de mi abuelo, eran otros tiempos. Al igual que él, busco en mis genes y la esperanza camina con paso fuerte.