La memoria

IMG_3664La memoria.

La tan recurrida memoria.

Recuerdos del pasado.

Tantos horrores justificados por la memoria.

Un lastre que soltamos por fortuna,

justo con el último suspiro.

 

Volvemos a nacer sin memoria.

Una bendición que nos permite

seguir adelante.

Una maldición que nos enreda

en un bucle sin fin.

 

Recuperamos parte de la memoria,

como un deseo inalcanzable

del olvido de la memoria.

 

Con el deseo inconsciente

de alcanzar el olvido de la memoria,

abandonamos fugazmente dicha memoria,

en la medida insuficiente

de una vida solitaria.

 

Todas las memorias.

Todas la vidas.

Acumulando olvidos de la memoria.

Cuantas son suficientes,

es el gran misterio

para alcanzar el Gran Presente.

 

El retorno a la memoria,

una caída al olvido.

Renacimiento al presente.

Un regalo

por el olvido de la memoria.

 

Camino hacia el Gran Presente.

 

Renacido

Un ovillo de lana negro escuchó un susurro en el aire que parecía una caricia. Asomó la punta más superficial para afinar el oído. Se alzó todo lo que pudo y justo entonces el peso de la vida lo tumbó y todo volvió a ser negro y recogido en un ovillo.

Volvió a asomarse. Esta vez con un poco de cautela, dejando que el viento peinara su gracioso flequillo.

entonces un pájaro lo atrapó y quiso llevárselo volando. Fue un instante, un vuelo hacía el cielo, hasta que el ovillo se trabó y el peso de la vida hizo que el pájaro lo soltara.

El ovillo, ya no era solo un ovillo. (El aventurero flequillo en el…) El recorrido de su viaje se movía por el suelo, de un lado a otro, hasta que notaba el tirón de su aterrado núcleo ovilloso sin destrabalazar apegado a su forma y lugar.

Por suerte, pasó por allí la madre vida y tanto le gustó aquel cabo escurridizo, ondulante y  pidiendo libertad, que se puso a tejer y y tejer. Hermanó y entremezcló a otros ovillos y cuando el ovillo negro recorrió como un río, todo lo largo de su vida, pensó que había llegado su final. Ya no reconocía su forma de ser, su ovillo.

El dolor comenzó ha hacerle sentirse culpable, por haber asomado su flequillo, hasta que la madre vida se puso frente al espejo y vio como el ovillo que ya no era ovillo, había renacido.

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Sentado bajo el viejo roble de la colina he pasado la noche conversando con él. Calentando mi cuerpo con el calor acumulado en sus raíces durante el día y que durante la noche ascienden hacia el basto cielo. Hemos hablado de la oscuridad y de la luz. Ha pasado ya la noche y siento la tibieza de los primeros rayos de luz.

Incontables días has vivido viejo roble tras incontables noches. Incontables primaveras has vivido también tras los duros inviernos de hielo, viento y penumbra.

¿Como se vive una vida de oscuridad y de luz y se llega a tu edad? le he preguntado.

Si he vivido una vida larga es porque cada día he renacido con el sol. Cada primavera he renacido con la estación. Porque para un roble no existe el pasado que es una carga, no existe el futuro que es un misterio. Por eso, cada primavera renazco, cada día renazco, cada respiración renazco.

Cada momento es un regalo de la vida y por eso los grandes sabios le llamaron presente.

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En el silencio, adormecida y acunada por el mecer de un mar que me cobija, escucho, al viento de mi respiración, expandir mis pulmones. Expandir mi vientre. Expandir mi piel como un globo que quiere salir a la superficie desde el oscuro abismo hacia la luz del sol.

La dulce caricia de los primeros rayos en el horizonte calientan mi recién renacido cuerpo pez que comienza a caminar hacia la orilla volviendo a renacer en un cuerpo caminado.

He subido a la montaña y extiendo mis brazos como alas de pájaro en mi renacido cuerpo danzado que desafía a la gravedad, con la levedad de mis pasos, saltos y ondulantes manifestaciones de la vida que muere y renace con cada inspiración y exhalación.

Patriarcado

 

PATRIARCADO

Hubo un tiempo habitado por mujeres árbol, que hacían posible la vida  en el planeta tierra, donde guiaban y cuidaban a todos sus seres. Sus copas formaban una cubierta vegetal capaz de nutrirse de la energía y la fuerza  del sol a través de sus cabellos como hojas al viento.

IMG_3574Eran capaces de transformar el aire y hacerlo respirable para los demás seres que cohabitaban el planeta. Capaces de atraer la lluvia y recogerla para crear un lecho húmedo y fértil de tierra, donde poder dar a luz a todos los seres. Un lecho de tierra, donde plantar sus raíces y desde donde comunicarse con el resto de las plantas, mediante sus redes subterráneas de hongos y líquenes. Un universo subterráneo de vidas futuras posibles.

Como árboles y como mujeres, sus frutos eran abundantes, a la vez que su frondosidad. Sus retoños, las hijas árbol, nacían año tras año gracias al fértil suelo creado, y cobijadas bajo sus ramas, a salvo de los letales rayos  que surgían de la tierra en busca de su reflejo en el cielo.

Este carácter maternal de cuidar a todos los seres y de aceptar a todos los espíritus, incluido al del rayo, tenía el otro lado de la cara de la moneda. En la vida de las mujeres árbol, hasta que una madre árbol no moría,  ninguna de sus hijas a su sombra, alcanzaba la madurez para ser fértil y convertirse en mujer árbol adulta, dadora y cuidadora de vida. Podían pasar cientos de años o incluso algunos pocos miles, antes de que una madre árbol dejará paso a una hija árbol. Tal fue así, que algunas de las continuas descendientes que nacían, crecían y morían sin llegar a desarrollarse plenamente, perdieron la capacidad de dar a luz y se convirtieron en los primeros hijos árboles.

Con el tiempo, los hijos árboles que no poseían este carácter innato de las mujeres e hijas árbol, de darse a los demás, de dar a luz; no comprendían que sus madres los protegieran mientras crecían: del sol abrasador en verano y de los vientos gélidos en invierno, para luego dejarles morir sin llegar a la plenitud. El sol era la vida y los hijos árboles que no entendían la sombra protectora de sus madres, crecieron con ahínco para sobrevivir y algo más. Presintiendo primero y sintiendo después el poder que les daba la luz del sol cuanto más se acercaban a él y cuanto más lo recibían, crecieron hasta más allá de las copas de las mujeres árbol. Les hicieron sombra y así comenzaron, las primeras muertes de las mujeres árbol, causadas por sus hijos árboles al principio, aquellos que fueron hombres árbol después. Los hombres árbol buscaban la luz y creían en su propio derecho a vivir en plenitud, igual que las mujeres árbol. No entendían del sacrificio por el bien hacia los demás, a costa del provecho de uno mismo. No entendían la armonía del bien hacia uno mismo siempre y cuando fuera también provechoso para los demás.

Se extendieron tanto y fueron tantos sus ignorantes crímenes, que apunto estuvo de extinguirse la mujer árbol.

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Con el tiempo, los primeros hijos árboles que luego fueron los primeros hombres árbol, se convirtieron en abuelos árboles, que comenzaron a morir sin la capacidad de crear descendientes, y las tierras antes fértiles, comenzaron a ser desiertos.  En esos desiertos duros y crueles nacieron los primeros hombres sin la protección y la memoria de las mujeres árbol. Hombres que a falta de los abundantes frutos del bosque, para sobrevivir aprendieron a luchar, a cazar y a matar, a otros seres primero. Con el hábito de la fuerza ya en sus vidas, comenzó la lucha entre ellos, pues solo poseían la memoria de los ignorantes y codiciosos primeros hombres árbol que establecieron la ley del más fuerte, sin comprender la futilidad y decadencia de su uso.

Perdidas las raíces de la memoria echaron a andar por el mundo, dejando un rastro de esclavitud y sometimiento de los más débiles, buscando el paraíso perdido, que según las memorias parciales y desvirtuadas que poseían, las mujeres árbol habían negado a los hombres. Unas memorias que las acusaban además, de mantener egoístamente el conocimiento  de crear, para ellas solas y con ello, el acceso al paraíso. En un tiempo, hasta llegaron a considerar a las mujeres como brujas demoniacas, poseedoras de un poder antiguo para someter a los hombres y sus descendientes.

 

Alejados de estos desiertos y de estos hombres, los pocos hombres árbol que habiéndose convertido en abuelos árbol mantuvieron contacto con las casi extinguidas mujer árbol, antes de quedarse solos y aislados, pudieron acceder a la memoria de las abuelas árbol y reaccionar a tiempo para darse cuenta, que solo mediante la unión de mujeres y hombres árbol podrían sobrevivir, compartiendo el espacio y retornando a la humildad del servicio a todos los seres del planeta. Recordaron su capacidad de crear, al compartir la luz recibida del sol, una capacidad compartida con las mujeres árbol y  sin la cual, las mujeres árbol no podrían dar a luz. En estos exiguos paraísos, de fructíferos y fértiles bosques,  nacieron los primeros hombres y mujeres de largos cabellos y pies descalzos, con la percepción y la capacidad de acceder a la memoria de las abuelas árbol.

Basaandere y Basajaun se llamaron los primeros y habitaron y defendieron los bosques durante miles de años, pero la ferocidad de  aquellos primeros hombres de los desiertos, llegó al fin a todos los rincones del planeta, destruyendo a la naturaleza y sometiendo al bosque.

 

Ya solo queda la leyenda que habla de un tocón tan antiguo, que aunque  por fuera parece una roca, por dentro está conectado a las redes subterráneas de hongos y raíces. Y dicen, que guarda la memoria de las mujeres árbol. La memoria de cuando las mujeres árbol eran mujeres y hombres en un solo árbol  y cuando ellos los árboles, eran ante todo madres árbol, padres árbol, hijas árbol. Un cuerpo, una mente y un espíritu indisolubles y unidos.

Dicen que aunque nadie conoce su paradero, el tocón está escondido en el monte perdido de Ararat.

Esperando.

 

ATHENEAS

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extracto de la carta de una amiga taoísta:

 

Ainara, es una mujer como no he visto nunca. He leído y escuchado sobre mujeres valientes, decididas y maravillosas y aunque no las he conocido personalmente creo que Ainara es diferente.

No es grande, mas bien pequeña, no se la ve con mucha fuerza pues siempre es suave y no se come a las personas, blandiendo una inteligencia feroz, ni delegando en otros la violencia que somete. De hecho, ni siquiera es muy culta, en el sentido de leída e instruida, como quien lo sabe todo.

Un día me dijo: -Para mí, consumir cultura es lo mismo que consumir cualquier cosa y consumir me roba tiempo para vivir.

Ainara no trabaja o al menos eso es lo que ella afirma. Esto me desconcierta porque yo siempre la veo atareada. Cuando no está haciendo pan, está cocinando o escribiendo un cuento que luego quema para sus niños del orfanato. Su trabajo oficial es de directora en un orfanato de niños emigrantes y de acogida.

Ella,  siempre está en movimiento. Solo a veces, la veo parada cuando sale al patio y se queda absorta mirando las plantas o al cielo o a la gente. en realidad creo que su sabiduría le llega de tan observadora que es. Cuando te mira, siempre parece que sonríe y a su vez,  a falta de expresión precisa, esas cosquillas que te hace en el corazón, es como si te obligaran a contarle todo. Ella sigue sonriendo y escuchando y al rato, sin mostrar juicio alguno, se despide.

Yo no sé si a las demás personas les pasará lo mismo, pero yo creo que esa suavidad la hace más fuerte que a las heroínas, Atheneas, de estos tiempos.

En su trabajo la violencia llega un día tras otro. nadie está contento.

Hay madres que abandonan a sus hijos porque no pueden más y se odian y odian a sus parejas, e incluso algunas, a los hijos que abandonan solo por haber nacido.

Hay padres que reclaman a sus hijos que antes habían abandonado , como si fueran posesiones que pueden utilizar  a su antojo y los odian porque no son lo que ellos quisieran que fueran.

Hay hijos que odian a sus padres por abandonarlos, por no estar. Odian al mundo, a falta de un dios a quien odiar por haber nacido en sus condiciones y circunstancias.

Todo este odio hace que Ainara no tenga una vida cómoda y fácil y sin embargo, para ella, tan inculta, tan pequeña, tan simple, tan silenciosa, todo le parece sencillo.

-¿Qué haces cuando te golpean, con los puños, con sus ideas, con su odio? le pregunté un día.

-¡Ummmm! – Es sencillo – me respondió:

A veces, me aparto y lo dejo pasar hasta que se disuelve. Otras veces, cuando el odio es demasiado grande y solo consigo apartarme lo justo para que no me mate, lo agarró y lo agrando para que parezca que ya me ha matado y ya no queda ningún lugar, ninguna persona que odiar.

Cuando el odio se toma un respiro porque no tiene delante a quien odiar y comienza a bajar, sonrío con mayor suavidad, con mayor dulzura y me dispongo a escuchar.

En otras ocasiones, no hago nada, porque al igual que con la muerte, nada se puede hacer en ese tiempo y en ese espacio.

La mayoría de las veces, cuando el odio afloja, ya solo queda bailar la vida y así puedo saborear el tiempo de hacer el pan, de escribir, de cocinar y limpiar mi espacio y mi tiempo.

 

Ainara, no es guerrera, no es una heroína, no lucha incansablemente, solo se defiende de la vida, pero porque hay amor en su defensa, yo creo que es invencible.

 

CAPITULO 57 DEL TAO TE KING

 

Todo el mundo dice que mi SENTIDO es grande, 

pero que es, como si dijéramos, inútil.

Justamente por ser tan grande, es inútil.

Si fuera útil,

ya habría empequeñecido tiempo ha.

Yo tengo tres tesoros

que aprecio y conservo.

El primero se llama: amor,

el segundo: mesura,

el tercero: no osar encabezar el mundo.

Gracias al amor, ser puede ser valiente,

gracias a la maduración, se puede ser generoso.

Y por no osar encabezar el mundo

se puede estar a la cabeza de las personas perfectas.

pero pretender ser valiente sin amor, 

generoso sin mesura,

y avanzar sin posponerse, 

es morir.

Si luchas con amor,

sales victorioso.

Si hay amor en tu defensa, eres invencible.

El cielo protege a través del amor,

a quien quiere salvar.

 

sustrai hitzak

Imagina ezazue hizkuntzarik ez zen garai bat. Garai aproposa, inondik ere mintzairaren edo mintzatzeko eraren hastapenak, sustraiak sortzen hasteko. Hitzik gabeko garai bat, ama natura eta gure gorputzek orain hitz egiten dugun hizkuntza hau sortzen hasi ziren garaia.

Ama naturako lau elementuak, lau oinarriak, lau buruak zugan leku berezi berezia zuten garai hura.

Zure gorputza naturako elementuak sentitzeko gai da; soinuak sortuz, dardarizoak, eta doinuak…azken finean hizkuntza baten oinarri diren doinu eta soinuak sortzeko gai da gorputza. Elkarrekin komunikatzeko eta hizkuntza baten lehen hastapenak, lehen zantzuak sentitzeko gai da gorputza.

Ama naturak musika bat sortzen du, eta musika hori inguru horretan bizi diren herritarren hizkeran islatzen da.

Harri eta egurrezkoak dira ‘baso-herriak’. Mendi eta basoek zizelkatzen dute basoetako biztanleen izaera. Basajaun da basoetako jauna, baina bertako biztanleak ere basoa dira. Egurrezko izakiek osatzen dute Araizko basoa. Harriz harri eraikitako etxeetan bizi diren izakiak dira; harrizko etxez osatutako herrietan bizi direnak; basoko herrietan…baserrietan.

Basoko izakiek bi ahots entzuten dituzte euren baitan; bi hots, ama naturan burrunba egiten duten bi hots, bihotz.

Euren begietan, ikusten dutenaren isla ageri da ispilu baten gisan. Ikusten dituzten argi eta ilunak. Bi egiak, begiak. Zuen begiek, zuen begiradek ikusten duzuen eta sentitzen duzuen hori erakusten dute.

Basoko izakiak bizirik dauden izakiak dira, arnastu eta hara-hona mugimenduan dabiltzanak

Mugimenduaren eta arnasketaren arteko harremana harreman naturala da. 

Airea arra da, gorputza emea; zerua arra, lurra emea. Hartu eta eman, harreman, konbinazio naturala da. Batak ez du izaterik bestea gabe.

Zuhaitz diren izakiak, baso diren izakiak. Zuhaitza zerua eta lurraren artean. Bere sustraiekin, bere adarrekin. Argia eta ilunaren arteko harreman naturala.

Ideia eta irudi dantza dabil geure baitan, geure gogoan, eta hitzek egiten dute ikusgarri sentitu bai, baina ikusten ez den dantza hori. Naturaz beteriko hitzak dira.

Gure hitzak, gure hizkuntza, euskera, sustraiak naturan sakon erroturik dituen hizkuntza da. Ama natura horrek dar-dar egiten du gure gorputz sentiberan, gure gorputz lasaituan, goxoan, isilean….

Ttinbilin Ttanbalan

Aunque las horas del día eran más cortas en invierno, el día se le había hecho interminable. Sentado frente al fuego bajo, Asier rumiaba una y otra vez como pedir permiso a su madre.

Miraba al fuego y adelantaba las manos queriendo acelerar el efecto del calor en su corazón. Un corazón que se había encogido durante el día trabajando en el bosque, recogiendo leña.

El invierno estaba siendo especialmente largo y las reservas de leña del otoño se habían agotado.

Recoger leña se había convertido en la tarea de todos los días para Asier. Hasta que el frío no cesara y no fuera necesario recogerla, Asier no tendría permiso para cruzar el río. No había puente en invierno con las aguas bajando rápidas y frías desde las cumbres heladas de las Malloas.

Cuando el fuego le hizo recuperar el habla y el calor de los pensamientos, dirigió su mirada a las cadenas de las que colgaba la olla. Las cadenas conocían las palabras exactas para hablar. Ellas conocían todos los secretos.

Todas las palabras dichas desde la memoria de los vascos, habían sido dichas en la cocina, al calor del fuego bajo y las cadenas además de sostener el alimento las guardaban en su memoria.

¿ Cómo explicar a su madre que había conocido a los Mikele Galtzagorri? y le habían enseñado una canción para construir puentes de piedra.

Asier solo tenía 10 años. Nadie le creería capaz de construir un puente.

Todos los inviernos eran iguales para Asier. Siempre esperando que las nieves de las Malloas desaparecieran. Que la marca del roble apareciera sobre el nivel del agua.

Solo entonces su madre le daba permiso para cruzar el río e ir a visitar a su amiga Amaia.

Amaia fue la primera que le habló de Mari, de Basajaun, de los gentiles, de las Lamias y demás habitantes del bosque escondido a los ojos de los que viven con miedo.

Amaia le enseñaba a escuchar y a ver el bosque, pero Asier nunca había visto nunca a ninguno de esos habitantes invisibles sobre los que hablaban tan a menudo los adultos al calor del fuego bajo de la cocina.

Más que nunca deseaba cruzar el río para contar a Amaia su encuentro. Fue entonces cuando su madre habló antes que él. En primavera se iría a vivir con su tío el cantero a Iruña para aprender el oficio.

10 años más tarde, Asier volvió a los bosques de Araitz. Aquella primavera no pudo despedirse de  Amaia y ahora en su mente solo había dos pensamientos. ¿Todavía viviría Amaia en el valle? ¿Todavía estarían allí los Galtzagorris?

Durante años, Asier había cantado la canción de los Galtzagorris mientras tallaba la piedra y para sorpresa de su tío, lo que otros tardaban en aprender casi toda una vida, él lo había aprendido en 10 años.

Por las noches, Asier se dormía con la canción en la lengua y por la mañana las respuestas del oficio estaban claras en su mente. Por eso, cuando se puso a cantar en el bosque, no se sorprendió cuando los Galtzagorris salieron a la luz y las sombras del bosque para saludarle y cantar con él.

Con su ayuda retomaría la idea original. Construiría el primer puente de Araitz. Se dirigió hacía el río, en busca del lugar exacto y ese día se convirtió en doblemente extraordinario.

En el punto exacto donde los Galtzagorris le indicaban debía construir el puente, se encontraba una lamia peinando sus dorados cabellos con un peine de oro.

Ella le sonrió, – te esperaba – le dijo y dejó su peine de oro sobre una roca. Se sumergió en el agua y desapareció.

Ya de noche, Asier llegó a casa de sus padres. Ahora que la casa  Zubiargiña había recuperado el oficio de canteros constructores de puentes que le dio su nombre y que al morir el padre se había perdido, habló a la familia de sus intenciones y seguidamente preguntó por Amaia. No mencionó ni a los Galtzagorris, ni a la lamía.

El padre de Amaia se había convertido en el jauntxo del valle, de todo el goierri bajo las Malloas y no vería  con buenos ojos un puente que diese paso a los de Gorriti, al otro lado del río, que dispondrían de un acceso fácil a las Malloas.

Le convenían las fronteras naturales para mantener su poder frente a los otros jauntxos.

Amaia era la moza más perseguida por todos los jóvenes, pero ella apenas se dejaba ver y las malas lenguas la juzgaban de bruja. Ahora vivían a este lado del valle, pero en lo más alto de Gaintza, escondidos en el bosque.

Al día siguiente, Asier colgó todas sus herramientas de cantero en las ramas de un roble próximo al río. Comenzó a hacer la música que los Galtzagorris le indicaban. Con un martillo en cada mano iba golpeando la herramienta y sacando las notas. A lo largo del ese día y los siguientes se fueron acercando los curiosos.

Asier dejó que los curiosos eligieran sus notas y les explicó que herramienta era suya por naturaleza. Cuando hubo convencido a los necesarios, comenzó la construcción.

Asier no pidió permiso y las tareas se hicieron al ritmo del ttinbilin ttanbalan de la canción que los galtzagorris cantaban para Asier:

donde poner la primera piedra que desviara el curso. El tamaño de los cimientos, el grosor de los pilares. El ángulo de los arcos. Todo se lo cantaban los Galtzagorris durante el sueño y durante el día Asier lo organizaba todo para que los demás picaran y colocaran las piedras siguiendo sus instrucciones.

Cuando el puente ya estaba construido hasta la mitad de de su extensión, apareció el jauntxo Aitor, el padre de Amaia. Acompañado de varios hombres armados y en tono amenazante preguntó desafiando a Asier: – ¿Quién va a pagar el impuesto por la construcción de este puente?

Asier se le acercó y le extendió el peine de oro que la lamía le había dado diciéndole: – Espero que esto sea pago suficiente.

Aitor con el rostro contrariado y desconcertado, cogió el peine con desaire y balbuceo un volvamos a casa que sus hombres no oyeron pero que al verle marchar, partieron con él.

Antes de desaparecer por el bosque Aitor se dio la vuelta y gritó: la mitad del puente que falta será de madera para que lo podamos destruir en caso de que nuestros enemigos quieran atacarnos. Dio media vuelta y se marchó soltando un grito de rabia.

Todo el mundo se sorprendió con la reacción de Aitor, ya que su fama de sanguinario hacia esperar lo peor cuando se le vio aparecer. Todos suspiraron aliviados cuando se fue.

Para no entrar en lucha, Asier decidió que la mitad del puente sería de madera pero no los cimientos. Ninguna corriente fuerte  de agua del invierno, destruiría el puente.

La construcción del puente siguió al ritmo del ttinbilin ttanbalan hasta su finalización.

Llegó el día de la inaguración. Asier estaba nervioso. Había grabado en una piedra el nobre de Amaia y esperaba que ella apareciera ese día, ya que en los meses durante la construcción a pesar de haber frecuentado los lugares donde jugaban de niños, no había conseguido verla y debido al carácter de su padre no se había atrevido a visitarla. No al menos hasta terminar el puente.

Se había organizado una fiesta especial pero antes un carro tirado por 6 bueyes debería confirmar la consistencia del puente.

Asier esperaba impaciente en un lado la llegada de los bueyes pero estos no se movían. había una persona que impedía el paso. Asier cruzó el puente y distinguió a la persona que cerraba el paso a los bueyes. Era la lamía del río. Parecía estar grabando algo en la roca, en un contrafuerte, al comienzo del puente. Cuando Asier llegó hasta ella, justo terminó la canción del ttinbilin ttanbalan y el grabado en la roca.

Amaia le sonrió y le dijo: – creo que esto es tuyo – y le devolvió el peine de oro que su padre había reconocido y que por no contrariar a su hija había aceptado como pago.

En la roca grabada se podía leer:

“Asiera eta Amaiera tartian zubiyak eraikitzen”

Los bueyes cruzaron el puente y una nueva comenzó en Beterri, en el valle de Araitz.

Juanagorri

 

Juanagorri sentado en el espolón del Balerdi mirando hacia los vientos que venían del mar pudo distinguir como Mari cruzaba las oscuras nubes que traían la tormenta. Sin embargo, el aire todavía no alcanzaba a oler los relámpagos de Mari surcando el cielo. Eso le daba todavía algunas horas hasta el atardecer de truenos y rayos, de pedriza y viento racheado que se avecinaba. Mari estaba enfadada y Juanagorri no sabía por qué.

Salió brincando de piedra en piedra y con su vara de avellano a modo de pértiga volaba ladera abajo desde el Artubi en dirección a Unako Putzua.

Seguro que allí se encontraba con alguno en dirección a la ermita de San Miguel y puede que ahí encontrara respuesta.

Hacia ya algunos años que había decidido vivir en el monte.

Si se escuchaba a la naturaleza y a los ancestros, no faltaba de nada. Juanagorri vivía solo en Aralar porque prefería el silencio de sus habitantes al parloteo fanfarrón e ignorante de los vecinos del valle.

Juanagorri no contaba a nadie que el podía hablar con Mari y con Basajaun; con las nubes y con la tormenta; con los animales y los árboles, porque sabía como escuchar e interpretar a la naturaleza. Cada ser vivo tiene un espíritu pensaba Juanagorri y si sabes observarlo puedes entender su lenguaje.

Y aunque el no contaba nada sobre su vida en la montaña, de vez en cuando abordaba a los caminantes para preguntarles todo lo que pudiera. Siempre era bueno saber que nueva estupidez pensaban hacer los jauntxos del valle.

Por eso, ese día se dirigía hacia la ermita, porque era día de romería para los que imponían las tradiciones.

Así fue como se encontró con Joxe Miguel Bengoetxea, el famoso cablero de Araitz. Fue el primero que instaló los endiablados cables para bajar la hierba de la montaña.

Un gran avance industrial dijeron y justo entonces fue cuando Juanagorri decidió irse al monte.

En realidad, Juanagorri no tenía nada en contra de la industria mientras fuese de provecho y ayuda, pero en sus viajes por América, bien que había visto que la industria siempre iba acompañada de la avaricia.

¿Qué hay de nuevo? Le preguntó Juanagorri.

Y Bengoetxea le contó como Antsonegoikoa había estado apunto de quemarse porque una bala de paja había cogido fuego y había provocado un incendio.

La bala de paja debido al fuego se soltó del amarre y comenzó a descender por el cable, cayendo a mitad de recorrido en el bosque, cerca de Antsonegoikoa. Como ya estaba anocheciendo el cable no se veía claramente y solo se veía una gran bola de fuego que iba por el aire. Las personas que lo vieron dijeron que habían visto a Mari y que ella era la responsable del incendio.

Bengoetxea soltó una gran carcajada después de decir esto y añadió que le parecía increíble que alguien pudiera creer en la existencia de Mari.

Juanagorri que siempre se limitaba a escuchar no pudo aguantar la tristeza de presenciar tanta ignorancia y le contó que era verdad; que había sido Mari quien había lanzado la advertencia.

Mari no era una mujer con pies de pato. Mari era la naturaleza misma del fuego y el agua. La manifestación de estos dos espíritus transformándose y equilibrándose constantemente.

Cuando alguien deja un fardo de paja secándose al sol durante todo el día y con total inconsciencia, deja además, una botella vacía sobre ese fardo, lo natural es que la hierba prenda fuego.

Para mi, eso es claramente una advertencia de Mari mostrándonos lo peligroso de mezclar lo artificial con lo natural.

Tu puedes seguir creyendo en Papas e iglesias y dioses que por subir un crucifijo a  la ermita te van a acoger en el cielo, pero yo te digo que si escuchas a la naturaleza y sigues su camino, ya vives en el cielo.

A partir de aquel día, Bengoetxea que era muy rápido aprendiendo, siempre miró al cielo antes de salir de casa.

Basajaun

 

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Txomin cerró los ojos y disfrutó de la tibieza del sol en su cara. A sus pies un mar de nubes tan espeso que invitaba a

pasear sobre él. El sol hacia ya una hora que  se elevaba por encima y Txomin tuvo que recordarse que últimamente , a sus 92 años siempre perdía el reto que hacía al sol cuando dormía en el valle.  Los tiempos en que ganaba la carrera y  sentado sobre el mar de nubes, esperaba hasta ver salir los primeros rayos que iluminaban las Malloas, ya eran historia. Lo mismo que su oficio. Txomin era el último pastor del valle de Araitz. Ese valle que ahora seguramente despertaba inquieto allá abajo. Para Txomin despertar con el sol y subir por encima de las nubes era importa

nte. Esos días, el valle desparecía de la vista, y el silencio de las montañas de Aralar  que sobresalían sobre las nu

bes como castillos de piedra y bosque,  le transportaban al principio de los tiempos cuando todo lo que tiene nombre, existe.

Los jóvenes habían perdido el

don de ver y hablar con los ancianos.

A veces, algunos jóvenes escuchaban atentos las historias que Txomin contaba sobre Basajaun pero cuando les proponía ir a visitarlo, todos le trataban de viejo supersticioso que todavía creía en cuento

s mitológicos.

Una vez un joven le acompaño hasta el viejo roble de 400 años donde habita basajaun y pasaron un semana entera a su alrededor con sus ovejas, mientras hubo pasto. Txomin por las noches trataba de e

xplicar al joven los mensajes que Basajaun le daba durante el día pero el joven era incapaz de ver o de sentir el espíritu del viejo roble. El último Basajaun del valle.

Txomin, apoyada su espalda contra el roble, recibía con claridad sus mensajes sobre lo que es justo y lo que es desproporcionado.

El invierno llegaba con retraso. El viejo Basajaun era el único que lo sabía y por ello mantenía sus hojas verdes mientras los de

más árboles hacia tiempo que se habían desprendido de ellas.

Algo va mal, le dijo Txomin al joven. Basajaun nunca antes había estado tan cargado de bellotas. Muchos van a morir. Creo que es viene una guerra.

El joven después de  unos días volvió al valle, pensando que Txomin se hacía mayor y que estaba cada vez peor.

Y Txomin anduvo preocupado durante muchos días, porque sabía que Basajaun nuca se equivocaba y la muerte acechaba.

Por suerte, fue cuando bajó al valle, a por algunos alimentos, cuando entendió. No era una guerra de hombres lo que se avecinaba sino el genocidio de una especie. Los árboles muertos apilados en los bordes de las carreteras. Cementerios de almas, Los madereros estaban talando sin medida e indiscriminadamente. Vaciando el valle de su mayor preciado tesoro. El pulmón y el agua del valle camino de convertirs

e en un desierto de zarzas y espinos.

Por eso, estaba Txomin esa mañana sobre el mar de nubes dejando su oficio de pastor para plantar todas las bellotas que había podido atesorar.

Había tratado de explicar a

los demás el mensaje de Basajaun pero nadie le había querido hacer caso. Nadie entendía que para que el último de los ancestros no abandonara el valle, la reforestación era imprescindible.

Que para que la abundancia de la vida siguiera habitando el valle, la regeneración de lo perdido era el único camino.

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De seguir así, en dos generaciones más, todo podría estar perdido, le había dicho Basajaun y Basajaun nunca, desde el inicio de los tiempos se ha equivocado.

Elur ttanttak

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Era un invierno que no era invierno. Había llegado diciembre y aún no había nevado.

La luna estaba preocupada y por eso preguntó al sol:

-       ¿Por qué calientas tanto este invierno?

-       Por qué la tierra me ha dicho que los hombres  le están haciendo mucho daño y tiene frio.

-       Sin nieve no podré enviar los buenos deseos de año nuevo a mis amigos, los niños que sueñan.

-       No te preocupes, para cuando estés en luna nueva, viene una tormenta y podrás enviar los deseos.

Llegó la tormenta y la luna envió en lagrimas de plata los deseos para que pudieran bajar a la tierra sobre estrellados copos de nieve.

Pero sucedió que ese mismo día llegó un viento malhumorado y gruñón y comenzó a discutir con la tormenta.

Truenos, relámpagos, ráfagas de viento y torbellinos por el cielo arrastraban y subían y bajaban a los copos de nieve, que no podían volar hacia la dirección que ellos querían.

La luna pidió ayuda al sol. Sus deseos se iban a perder en la tormenta.

El sol que siempre tenía ideas brillantes, le dijo que no se preocupara. Que se diera la vuelta para que la luna nueva se convirtiera en luna llena. Una luna de plata que reflejara el sol y con su fuerza pudiera traspasar las nubes.

Se hizo un claro de nubes y la tormenta se suavizó. Los rayos del sol pudieron llegar hasta las lagrimas de plata que viajaban en los copos de nieve y estos pudieron volar hacia sus destinos cayendo suavemente en el silencio de la noche para que por la mañana los niños pudieran encontrar y jugar con sus deseos entre muñecos , trineos y bolas de nieve.

Meditación y escritura creativa

Diapositiva1Diapositiva2   MEDITACION Y ESCRITURA CREATIVA

¿De qué trata el taller?

Es una exploración del subconsciente con claves de humor y amor.

¿Amor?

Porque a través de la meditación y unas pautas de reflexión haremos una regresión (opcional), donde el perdón y la gratitud conformarán una guía de aprendizaje para sacar a la superficie y limpiar obstáculos y anclas del pasado.

Con la comprensión es posible la aceptación y con ésta es posible el amor incondicional.

En caso de no sentir la necesidad de hacer una regresión, la conexión del silencio en la meditación también nos acerca al amor incondicional desde la comprensión de que todos somos uno.

¿Humor?

Porque aprovecharemos las reflexiones y la escritura espontánea para escribir en clave de humor nuestra vida, como un cuento desde que nacimos hasta el presente.  Usaremos la cualidad del elemento fuego que en medicina china se asocia con la alegría, la dirección y la claridad, por un lado y con la idea de adherirse a lo positivo, por otro.

No como bueno o malo, sino en el sentido, de qué de toda experiencia se puede aprender algo. Hay mucha claridad en el relativizar la importancia que nos damos y reírse de uno mismo.

¿QUÉ HAREMOS?

Lo que salga de nuestro interior. Desde esta idea original de escribir nuestra vida en clave de humor y amor, tendremos la libertad de la escritura creativa espontánea.

Cada uno decidirá si quiere seguir ese guión o no.

Podemos escribir sin guión y dejar que salga la expresión del laberinto de nuestras ideas.

Podemos querer vivir una aventura épica, una historia de amor…

Podemos trabajar con los sueños futuros o pasados y cambiarles el final o escribir uno nuevo.

En el transcurso del fin de semana propondremos practicas  que nos ayuden a dejar salir el subconsciente a la superficie. para ello:

ADEMÁS

- Las disciplinas que nos acompañaran en este viaje serán fundamentalmente la meditación y la escritura pero para fortalecer nuestro espíritu, también practicaremos algo de Chi kung, Clow, un danzar con la energía y consignas para la interpretación de sueños.

DATOS PRACTICOS

Empezaremos el sábado 21 a las 9:30 y terminaremos el domingo 22 a las 14:00, para despedirnos con la comida.

El coste del taller será de 80 € más la pensión completa de sabado y domingo de 50 €. En total  130 €.

En caso de que alguién quiera llegar el día antes (viernes). Dormir y desyunar serán 15 € más.

La inscripción se formalizará al ingresar 30 € 10 días antes. En caso de apuntarse más tarde si quedan plazas el taller costará 50 € más.

Para realizar el ingreso ponerse en contacto con Juanjo:

jjelola@hotmail.com    ó    T:  677 08 62 68