Ánima

El explorador Madera Dedosligeros era ya un anciano cuando llegó al lago sin nombre del planeta Olvidado.

Dedos ligeros había dedicado su vida a explorar los infinitos universos, planetas y ciudades. Primero empezó explorando el planeta donde nació y  cuando en esos viajes oyó hablar del creador de mundos su vida cambió. A partir de entonces estudió y recopiló durante años todo lo que pudo sobre el creador de mundos, hasta que un día aprendió a viajar más allá de su planeta, más allá de su universo y descubrió que allá donde fuera, el creador de mundos era conocido y ya había pasado por ahí.

El resto de su vida trató de seguir los pasos del creador de mundos y ese caminar le había llevado al planeta Olvidado, a sentarse frente al lago sin nombre.

Dedosligeros había disfrutado y experimentado la vida todo lo que pudo y mirando hacia atrás se sentía contento. Tenía la sensación de haber hecho todo lo mejor que su comprensión le había permitido.

Sentía que su fin como Dedosligeros estaba próximo y solo tenía la pena de no haber podido encontrarse con el creador de mundos, aunque fuera solo unos minutos.

Miró el reflejo de su cara en el lago y sonrió. Qué arrugado y vivido se veía. Tocó la superficie del agua con un dedo y el reflejo desapareció. Esperó a que las aguas se calmaran mientras observaba como se iba formando la imagen de su cara de nuevo.

Su sorpresa fue cuando en lugar de su cara, vio la cara de la fascinante señorita ClavedeFa Brisarefrescante sonriéndole. Dedos ligeros le sonrió recordando los grandes momentos que le brindó su amor. Tocó la superficie del agua como para acariciarla y desapareció. Al volver la imagen apareció la  maestra Iris del planeta Cromado, quien le había enseñado a viajar más allá de su cuerpo y le abrió el camino hacia los nuevos universos.

También se despidió de ella y durante un tiempo atemporal fueron desfilando en el reflejo del lago inumerables seres y personajes que le habían impactado y transformado en su vida. La señora AguaPentagrama, el señor Fuegomayor, la señora Tierraserenata y el señor Metalbrisafina le recordaron su paso por ciudad conservatoria.

Pedro zapatodeclaque y el Granteatrodanzante le provocaron ese cosquilleo de la danza en su ombligo.

Su amigo del alma Jon Clarinete de Rocagrande le sonrió desde la inocencia de la juventud, cuando salió por primera vez  de Ciudad Concierto para empezar a explorar.

A la gigante MontañaDeJade se la encontró viajando al igual que él y así su supo que uno podía estar aquí mientras está allá. Fue una gran compañera de viaje y muy divertida.

Las caras se fueron apareciendo y desapareciendo, perdiendo DedosLigeros la noción del tiempo y espacio hasta que apareció el anciano sin nombre de Ciudad Rocavientos a quien conoció en su primer viaje a otro universo a otro planeta en Kosmoforma.

Entonces Dedosligeros comprendió que todas esas caras en el lago eran él mismo, en otros espacios y otros tiempos.

Cuando Dedosligeros viajó por primera vez, un cuerpo se quedó en Musikosmos y el otro apareció en Kosmoforma. Estando en dos lugares a la vez.

Comprendió entonces que él también era Ánima, el creador de mundos. Comprendió que del infinito imposible de abarcar, el había viajado a un punto concreto y había dado nombre a quien se había cruzado en su camino y al igual que él, otros viajeros habían hecho lo mismo.

Entre todos habían creado los mundos, porque todos eran uno mismo, todos eran Ánima. Desde las plantas, a los minerales, las personas y los conceptos. No podían existir los unos sin los otros.

El sol y el aire alimentan a las plantas. Las plantas alimentan y oxigenan a los animales. Los animales fertilizan la tierra. La tierra cobija y materializa a todos los seres. Ese es el ciclo natural de la combinación de la luz y la sombra.

Todos son iguales y uno solo con infinitos nombres.Todos respiraban el mismo aire, todos reflejaban la misma luz.

¿De donde provenía esa luz? Esa es otra historia. Lo que Dedosligeros comprendió, fue que para comprender la naturaleza infinita de su alma debía abandonar su nombre Dedosligeros. Para viajar sin nombre y explorar los infinitos caminos del Creador de almas. Aquel que es infinito, que es cambio continuo, por lo que no tiene nombre y así lo abarca todo.

 

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