Aitona

Mi abuelo decía que él no era vegetariano. Que no comía carne porque  su edad y la sociedad en la que vivía le permitían el lujo de poder vivir sin necesdad de comer carne.

Después comenzaba con sus historias.

¿A que no sabes cuantos años tengo? Me decía. La última vez tenía 109, pero el hacia como que se enfadaba y respondía: tengo20.109. Por eso puedo hablar con las plantas. Míralas con atención y tu también podrás. Su olor, su tacto, su color, su sabor y sobre todo como vibran. Vibran contigo, por debajo o por encima. Cuidado con las que vibran por encima, no abuses de ellas o te pasaran factura. Aliméntate de las más bajas ya que muestran humildad para ofrecerte su amor. Si algún día te sientes mal busca a las que vibren contigo.

Aaah! Qué buenos tiempos cuando  éramos sólo recolectores y la naturaleza nos ofrecía todo lo necesario.

¿A qué no sabes cuantos años tengo?  -¿105? – Que va 15.105

Fue cuando los lobos nos enseñaron a cazar. Los inviernos empezaron a ser cada vez más duros y largos. Al principio los osos nos aconsejaron hibernar como ellos pero nosotros no comíamos de vez en cuando pescado o algo de carne que nos permitiera tener reservas.

Cuando las nieves perpetuas impidieron que nos alimentáramos de ningún tipo de planta tuvimos que convertirnos en cazadores de cazadores.

Los lobos, hoy en día llamáis a vuestros salvadores, perros y ni siquiera sabéis hablar con ellos. Les decís palabras como si ellos pudieran entender y ellos sólo entienden vuestro cuerpo, vuestro tono, vuestro aullido, incluso pueden percibir el pulso de vuestra mente.

Aaah! Qué buenos tiempos cuando éramos cazadores –recolectores. Qué emocionante lucha por sobrevivir.

¿A qué no sabes cuantos años tengo? – ¿106? Nada de eso. Tengo 10:106

Ser cazadores nos permitió tener reservas y con las reservas llegó el tiempo extra. Ya no hacia falta andar sin parar. Tuvimos tiempo para saber quienes eran los padres de las plantas. El sol, la luna, la tierra y sus ciclos. Matamos a aquellas plantas que vibraban por encima y cedimos sus tierras a las que vibraban por debajo o con nosotros. Conseguimos dominar los ciclos y nos convertimos en agricultores. Durante un tiempo incluso seguimos hablando con las plantas y sólo sembrábamos lo justo para vivir cómodamente.  Hoy ya no sabemos de su lenguaje y explotamos la tierra para negociar con sus semillas y sus retoños aniquilando indiscriminadamente al reino vegetal.

Qué tristeza  cuando nos convertimos en agricultores.

¿A qué no sabes cuantos años tengo?  ¿108? Puede que yo tenga 108 pero en mis genes corre la información de todos mis ancestros y lo último que recuerdo se remonta a miles de años. Nada a cambiado en mi ADN.

Recolectores, Cazadores, Agricultores. Cada tiempo ha tenido su realidad. Tengo la esperanza de que pronto llegará un cambio, con mayor claridad y podremos volver a ser recolectores o quizás vayamos más allá y podamos llegar a ser bioreceptores, músicos de luz, bailarines de aire.

Aun creo que la luz está por llegar.

Los tiempos de mi abuelo, eran otros tiempos. Al igual que él, busco en mis genes y la esperanza camina con paso fuerte.

2 pensamientos en “Aitona

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